viernes, 30 de diciembre de 2016

30 de diciembre 2016

Año de mierda. Partió mal, termina mal.

El año pasado me demoré un poco en recapitular, así que ahora hago todo lo contrario y me adelanto. Además que nada cambiará estructuralmente, solo podría seguir su curso natural y empeorar.

El 2015 fue muy bueno y no le pedí nada al 2016. El clásico "no esperaba nada y aún así me desilusionó". Así, he pasado gran parte del año con depresión. Sigo en eso.

Ha sido un año encerrado en un cuarto, llorando porque no entiendo la vida, porque está frío, solitario, porque todo sale mal. Podría haber muerto, cuando se incendió el cuarto en el que estaba. Y recurro ocasionalmente a la tranquilidad que da la posibilidad de que todo hubiese quedado ahí.

De hecho, si existiera una eutanasia libre, la hubiera tomado este año. Soy cobarde para morir de otra forma.

Fracasé en todo lo posible este 2016, estoy más solo que cuando estaba viajando y tengo un odio profundo a prácticamente todo, todos y todas. Porque la igualdad en el lenguaje.

Y se me pasa de repente, por segundos, cuando salgo de mi, porque así es la depresión, tiene brotes. Y me puedo reír y escuchar tu vida y decirte, mira que entretenido. Pero cuando se vuelve a uno mismo está todo desgarrado, supurante.

Definitivamente este 2016 ha sido el peor año del que tenga recuerdo, no rescato nada.

lunes, 26 de diciembre de 2016

26 de diciembre de 2014

A veces cuando no encuentro lo que estoy buscando, creo. Creo -de creer y crear-, en/una poética dialéctica. Poética por ambigua, inasible, independiente de mi. Dialéctica por algo que se enfrenta, se une y forma algo distinto.

¿Que es lo distinto?, la presencia y ausencia de la búsqueda. Por breves momentos ya no necesito nada, porque estoy en el flujo de las colisiones. Me devengo a mi mismo, me arrastro a un momento. Me canso, y olvido.

Escribir. Aunque sea así, a tirones.

Y ahora puedo ir a trabajar tranquilo.

sábado, 24 de diciembre de 2016

24 de diciembre de 2013

Al fin y al cabo, estos días son como tormentas. Como un terremoto, o un huracán, pero que nosotros inventamos. Algo que partió de acá, entre uno y otro, pero que externalizamos y se fue, que ya nos superó. Tal como si fuese realmente una inclemencia climática, como si fuera una más de las fuerzas incontrarrestables de la naturaleza.

Y así mismo me hace sentido -tal cual haría en otros casos similares-, mirar todo con impotencia, asombro, miedo y cierta alegría. Si, alegría. Esa que va ligada a un nerviosismo ansioso producto del movimiento abrupto de la realidad.

Y es que ya, inevitablemente, algo pasa. Y por rutinario que sea, y por ende, aunque no tenga la cuota de sorpresa de otros fenómenos que perturban la coreografía del día a día, igual estas fechas son nuestro propio desastre, y por ello merecen algo de contemplación morbosa.

Ahora, nuestro ficcionado acontecimiento también regenera el calor humano que es propio ante la desgracia natural, pero innegablemente con ese toque plástico, aséptico, característico de estos momentos históricos de nuestra especie, que hacen del mismo hecho algo superficial y efímero. Pero algo es algo.

Algo es algo.

¿Y quién soy para juzgar?, como no lo tengo claro, me aprovecho de las circunstancias y lo hago igual, pero con moderación.

¿Se podrá realmente ignorar este desastre artificial, y vivir al margen del mismo?, ¿o como cualquier otro cataclismo natural es extensivo -sin discriminación alguna- a todos los que lo presencian?

Quizás aún no está completo como desastre y tiene brechas desde las que desentenderse. Pero quien sabe, el mundo se hace global, el globo se hace mundial. Y a mí me gusta divagar. Me gusta divagar.

Y ya llegó la hora del amigo secreto en la oficina. Y sé que, esta vez, no seré de la excepción. Quien sabe ustedes... ¿sálvense?

Igual creo que seguiré divagando.
Me gusta divagar.

20 de diciembre de 2013

Hoy solo me consuela silbar así.

Y nada me desconsuela previamente, pero todo me abruma. Como una niebla negra que bulle entre las grietas de la acera e inunda el aire. Como un smog desde abajo, y como si ese smog fuese maligno, como si concentrara stress, indiferencia, vacío inútil, superficialidad abrupta y explosivamente excesiva. E hiciera más grave la gravedad. Y nos arrancara algunos átomos, derritiendo la bondad.

Pero entonces silbo.

Y se mueve un poquito esa bruma. Y me deja pasar. Y no hace tanto daño. Y como voy en bicicleta, se abre un poco más. Y desaparece casi por completo -excepto cuando tengo que frenar de improviso y rápidamente trata de agarrarme de nuevo-, pero entonces silbo con más fuerza.

Y silbo así..

sábado, 17 de diciembre de 2016

17 de diciembre 2014


Llueve con furia. Furia un tanto flemática, como corresponde a una ex colonia inglesa. Furia con un toque de reserva podríamos decir, es el corazón de una noche de supuesto verano, protegida tras las costillas de las 3 de la mañana. Y yo voy descargando el cuarto episodio de los 80's, ya que me rendí de tratar de verlos online.

Ésta es la última noche antes de entrar a un nuevo trabajo, a una nueva vida dentro de una nueva vida. Y en el camino al desvío me di cuenta que hace tiempo dejé de esforzarme por conocer gente nueva y me quedé con las raíces que ya habían crecido, una estrategia que terminó con los Mayas. Algo así como una tala de roza. 

Aun no sé a ciencia cierta como hacer los malabares respectivos. Tengo el mismo miedo que siempre he tenido, y no he parado de cuestionar todo, con especial ahínco en lo que pareciera inútil. En síntesis, nada ha cambiado mucho más allá del marco. Y el cuadro. Y quizás la pintura.

Estoy tranquilo. Pero dejó de llover, y la noche perdió su encanto. Ya no se pueden esconder las palabras tras el ruido de las gotas.

lunes, 12 de diciembre de 2016

12 de diciembre 2016


A veces las horas más oscuras tienen un cielo despejado
A veces en los momentos más solitarios, los vecinos se refrescan en su piscina
mientras el aire asfixia de logros ajenos

Supura la competencia, el exitismo, por las heridas del quedarse en el camino
Y tiemblas.

Miras atrás, pero no hay ni hombre ni mano con cuchillo. No hay amenaza, no hay a que temer salvo a ti mismo

Me tiro a pedazos por la ventana, sin valor de hacerlo entero
Tampoco hay altura para el pragmatismo, es un segundo piso

¿Por qué se me pasa a ratos la pena y me aferro?
¿Por qué río?

Es la conciencia del desastre.

Que patética sensación leer el pegoteado de palabras, el pastiche, desprovisto de sentimientos
Todo esto es tan divertido

El sentimiento de estos días, que ha podido más que el saber.
Empujo con mi pecho la inercia hacia el caos, y quiero arrepentirme después.
Lo espero, le tengo Fe

¿Amor dónde, para qué?

Solo el ridículo. Mientras no llega la muerte
Que a veces se ve tan bonita de perfil



miércoles, 7 de diciembre de 2016

7 de diciembre de 2010


No me malinterpreten, amo a mi patria, profundamente. Pero mi amor por América es gigantesco, tanto que borra fronteras, se me sale del cuerpo y se desborda su cause, forjando un nuevo camino, que vislumbra en el horizonte el simple y absoluto amor por la Tierra y su humanidad a cuestas.

domingo, 4 de diciembre de 2016

4 de diciembre de 2013


A veces solo soy yo cuando escribo.
A veces solo soy quien quiero ser cuando escribo.
A veces solo soy, cuando escribo.
Hay una meditación, un estado de trance, entre las letras y lo que encuentren en el momento, lo que haya, cuando canalizan aquello que la parte más vertiginosa de mi mente ha dejado escapar. Cuando agarran un poco de lo que hay al fondo.
Definitivamente esto es para mi. Pero solo puede ser compartido.
Las palabras son puentes en esencia, su uso es conexión. No hay palabra que no una.
No, porque aunque no llegue a nadie, le llegará siempre a la imaginación.
A la imaginería de otros, de un otro.
Es lo social en el individuo. Es más. Es la conexión con todo en el individuo.
El intento.
De como se diga, bailamos.
Si es certero e inflexible
Si es sinuoso, con estallidos de infinito
Pasos, movimientos y pasos.
Yo bailo y canto cuando escribo
No sé tú, pero sé que también.
Y que más da.
A veces puede que seamos todos.

sábado, 3 de diciembre de 2016

3 de diciembre 2016



Escucha canciones tristes en francés, que poco y nada entiende, mirando hacia afuera, sentado al frente de la ventana, media abierta. Empieza a correr viento.

Quería escribir algo interesante, pero ya es tarde. Su joven vecina ha cruzado el pasillo que va de la puerta de su casa hacia la reja, con dos amigas parten a la noche. No lo ven, pero hacen manifiesto en el peso de su andar que lo saben todo, de su fracaso. Él se come unas palabras.

Es claro que esta noche no logrará nada. Quería hablar de lo volátil que se hace la pena cuando se transforma en rabia, liviana. Y la rabia, tan sencilla como un cuchillo o una úlcera.

Quería hablar de las flores que flotaban en el pequeño flequillo de la reja a la entrada, rincón olvidado e inservible. Quería intensamente decir que flotaban, insistir una y otra vez en que flotaban. Y jugar con palabras con las flores con la telaraña.

Quería explicar que tan roto estaba por dentro, que era incapaz de algo normal. Algo, que siempre se iba a terminar decantando por las grietas. Algo, que era incapaz, también, de dejar de esperar.

Y el viento se recordó salvaje. Abrió la ventana de golpe, botó un vaso, cayeron las cosas, dulces, hilos, y él pensó que no debería haber escrito y lo borró todo. Creyó que el viento había hablado. Y se sintió superior. Y se vio ridículo. Y volvió a la superstición. Sintió que en el fondo, tan sólo algo malo podría pasar.

Volvió en sí. Seguía roto. Con cosas que no diría, con algo de frío. Con las manos pesadas y el cuello encorvado, caído. La mirada rendida. Cerró un poco la ventana, hasta dejarla medio abierta una vez más.

Recordó que podría haber parado, haber entrado a una oportunidad, una casa abierta, gente alegre. Pero sintió que sus huesos se habían exprimido hacía adentro, y desde la médula todo había sido succionado hasta tragarse a sí misma.Sintió que se había chupado la sustancia que pudiera sostener los átomos que conforman la dignidad.Sintió que todo había ido a parar a un vacío que se escapaba con el universo. Recordó, que necesitaba lo que no podía tolerar.

Así que siguió su camino y terminó en su presente.

Aún escucha canciones tristes en francés, que poco y nada entiende. Y mira hacia afuera de la ventana, media abierta.


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3 de diciembre de 2015


Ya no tengo tiempo para escribir algo, pienso mientras lo hago. Ahora. Y sigo.
Son 14 años, quizás más. Y actúo como si fuera nada, pienso que no es nada, y aun así escribo.

Ayer me dormí no pensando en ello.

Y hoy pasé el día, medio vivo, medio muerto; como podría ser cualquier día de cesantía, prácticamente sin pensar en ello.

¿Que hay de mi?, ¿que no quiero ver; que hay por enfrentar, que enfrentaré?. Ah, y los lugares de la culpa. Afuera o adentro. Afuera y adentro.

Sigo sin tener tiempo, cada vez menos, y sigo con cara de poker ante el día. Ante los años. Ante tantas cosas que no alcanzo a enumerar.


Me esperan los nudos, o los causes. Vaya a saber uno. Quizás solo los cruces, las paralelas líneas de los caminos distantes.


Son solo 14 años, o más. No llevo la cuenta. Y ahora no tengo tiempo porque atraso su final.

Voy allá, con el semblante irrelevante del cualquiera, la camisa azul floreada, los pantalones negros y las únicas zapatillas al borde de la extinción. Voy con algunas historias que levantan mi mirada y un par de cicatrices a las que ya tanto no temo. Voy con una vida en constante refacción, pero hecha.
Voy, y son mis decisiones las que me esperan en el aeropuerto.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Bilis - 28 de noviembre 2016

Bilis.

Busco incesantemente distractores. Demás está decir Facebook, Whatsapp, Tinder, Telegram, Instagram, busco y busco a ver si hay alguna acción nueva, algo, para evitar.

Aún así la palabra flotaba. Quería ser escrita, narrada, quería sobrevivir la ola, agarrar aire, quería vivir sin vivir, existir. Condensar todo, no. Abrir la senda. Quería decir algo, la palabra quería decir algo.

No es todo lo que tengo, pero poéticamente podría decir que es todo lo que tengo y no sería tan alejado de alguna realidad, verdades. Todo lo que tengo es bilis.

No puedo apreciar la poesía, el arte, las columnas, los éxitos de nadie. No me alegro. Por nadie. Solo me sale la empatía de la miseria, la envidia, los análisis fríos, las visiones morales. La risa inevitable. Pero la gravedad arrastra todo lo demás hasta antes de la piel. La densidad, ya casi nace el hoyo negro en el corazón.

No puedo hacer nada, estoy lisiado, de mente, de alma. Quebrado y los huesos se unieron enchuecados. Odio mi trabajo, y odiaría más no tener alguno. O tener otro. Odio mi vida, y odio más la que dejé hace unos meses atrás. Odio escribir sobre esto, y no tener una buena idea, una buena historia para contar.

Sigo buscando algo, para evitar.

Y sólo genero bilis. Siento su sabor. Y las ganas de rasgar mi rostro. Despedazar la decadencia.


No hay final.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

23 Noviembre 2016

Y quien tiene moral para pedir que controlen las emociones

Quien tiene derecho a guardarlo todo, a encerrarlo

A botar como basura en el olvido

O ahogar en agua estancada de inconsciente

Como pueden pedir que arreste, a los sentimientos

Y a un calabozo. Un calabozo. Nos vayamos carcelero y reo

No me digan más

Ya estamos todos presos, todos presos

Los sentimientos, controlados

Para la felicidad de quien ataca, desde acá

Adentro

domingo, 6 de noviembre de 2016

6 de noviembre 2014

Dejo constancia, aunque no haya podido verla directamente, de mi agradecimiento profundo a la Luna. A esta Luna.

De las dos fechas posibles en que recuerdo haberle pedido esta aventura, ésta es una. Luna llena que precede el verano en el sur, el invierno en el norte, Samhain, Ceremonia del Agua. O como quieran decirle, nombres tiene de sobra.

Decidí entonces anclar mis deseos en ella. Hoy que vuelve, veo mi ancla, reconozco la cadena que no ata, que resguarda. Y sonrío desde los abismos hasta los reflejos en las ventanas, atravesando los efímeros estruendos de fuegos artificiales, la música que acompaña una obra maestra, las historias y su memoria. 

Le abro mi corazón desbordante para inundar la atmósfera, la estratosfera, el espacio y sus mares, en agradecimiento.

Esta vez la energía va para allá.

Miro atrás y me reconozco una vez más en el cielo oscuro. Pero iluminado. En la guía y la calma fría de su cuerpo blanco. Es un portal al pasado. Al deseo. Esta luna soy yo hace un año. Esta luna es mi esperanza y mi realidad.

Y todo entremedio, aunque pueda parecer ahora un simple paréntesis, es por lo cual, una vez más y profundamente, le doy gracias.

Quizás el próximo año te pueda agradecer mirándote a los ojos. Quizás haya aún mas sorpresas. Quizás dónde nos encontremos.

Luna. Quizás..

Y una vez más, gracias, por los recuerdos.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

2 de Noviembre 2015

Puedo escuchar un número ilimitado de veces una misma canción, así que le doy al replay frecuentemente si esa canción y yo estamos sincronizados. Y no salgo de ese círculo. Muchas veces me he quedado ahí para siempre.

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Me suena el estomago de hambre, pero ya me acostumbre a que lo hiciera. Es casi una tradición a estas alturas. Creo que ambos sabemos que nuestra relación no va a durar mucho.

Voy a Londres mañana, y estoy más apesadumbrado que feliz. Puede ser la falta de vitamina D, o que se me escapa la incertidumbre y poco a poco estoy retornando al lugar de donde quería escapar. Dónde los nombres de los días tienen sentido y las horas indican y cierran posibilidades.

Estoy al final de las posesiones. Los caminos para seguir no construyen. Tengo mi cabeza llena de retazos y tengo miedo de no poder sacudirme la piel. Tengo pánico de que solo me quede la sonrisa a medias, y de no saber que hacer para seguir tranquilo en la irrelevancia.

Y no es un problema dejarme atrapar, y ser un funcionario más, un cuidador con historias oxidadas. El problema es que aún me importa. Y pareciera que nada aprendí limpiando platos y baños, restregando pisos, cuidando plantas, recolectando frutas. Aún inflo un globo que me lleva hacia abajo del mar.

No conseguí pasaporte para la locura. Solo soy un fan. Uno que escribe cosas que no parecen salvar. Y hoy si me quiero salvar. Que me perdone Benedetti, que yo me quiero agarrar de algo. Que no me quiero soltar, que las vueltas ya van tan rápido y voy a terminar, si me suelto, en dónde nada cambió.

No tengo paciencia. Ni Fe. No cultivé talentos y el esfuerzo se diluyó. Solo he cruzado el mundo. Y tan solo por eso todo podría haber sido peor. Anécdotas.
Estaba tan feliz perdido, me doy cuenta ahora que tengo destino.

Disculpen mi duelo, pero es que veo en el horizonte los escombros de los barcos que quemé.

martes, 1 de noviembre de 2016

01 de noviembre 2016

Nadie escoge quien se preocupa por ellos, por uno. A veces pasa. A veces no.

Entonces debería escribir. Pero la música hace que se encierre lo que pienso adentro de la muralla de una ciudad, en el centro de una ciudad antigua. Y afuera del muro queda lo que pensé 5 minutos atrás, lo que había ideado, lo que quería decir.

Y me gustaría no necesitarla, necesitarlas. Y me daría cuenta que no lo necesito, los necesito, tampoco. Y hablaríamos de misantropía. Pero está la música.

Nunca me gustaron los juegos en los que no se podía grabar. Toda mi vida he necesitado más de muchas oportunidades para fallar, para no fallar, para hacer lo normal, para ganar. No hay victoria, solo un paso más escalonado del tiempo. El fin es inevitable, no siempre. En la vida me tomo el tiempo y evito. Busco el botón para guardar. Espero la muerte.

El descontrol viene desde dentro, es tan obvio que no vale la pena decirlo. Me gustaría no tener que decir nada.

Debería publicarla antes de que caigan los pedazos de vidrio en los rostros. En mi rostro. No se va a entender.

No te puedo ofrecer lo que imagino que quieres. Que es lo que quisiera que quisieras. Que es lo que me gustaría poder ofrecer. Que es lo que quisiera que sucediera. No te puedo ofrecer mi mundo.

Debería apagar la luz.


domingo, 30 de octubre de 2016

31 octubre 2016

En un principio quise eso, lo tuve y me aburrí, y no lo quise más.

Lo dejé entonces, pero al tiempo volví a quererlo, un poco distinto, a ver si no me aburría esta vez, entonces no lo tuve.

Después aprendí a no quererlo de nuevo, pero lo seguía queriendo, quizás inconscientemente, y lo tuve una vez más. Pero ahí me lo quitaron, no me alcancé a aburrir. Ahí dolió.

Después decidí no saber si lo quería o no, y me anclé en la evasión en la incertidumbre. Y así no me di cuenta hasta que lo tuve nuevamente. Lo tuve y se perdió. Solo se perdió.

Y después me perdí yo. Me perdí en cuantas veces pasó lo mismo. Entonces dejé de tener sentido. Y quedó todo, en desorden. Y al mismo tiempo. Siempre.

domingo, 23 de octubre de 2016

23 de octubre de 2015

Let's say that I'm not drunk. Let's say that I can write in English now.

Let's say that I'm full, that I'm not tired, that I know where to go. Let's say that I'm happy, lets say that you're happy too.

Let's say that I said something meaningful, something that help you. Let's say that I'm good. Let's say that I have a solution, that I understand the problem, that I'm here.

Let's say.

The dick in the hand is so comfortable. Like that order that someone else told you, that future that someone else wrote, for you.

Let's say that I don't say bad words.

Let's say that I'm not human, that I don't smell like cheap falafel, that I will love you until the end of time.

Let's say that I wrote poetry.

Let's say that I need help, but I run too fast.

Let's say, hear me: Let's say, just let's say, that I'm bored. And I just wanted to throw a wall.

viernes, 21 de octubre de 2016

21 de octubre de 2014

Mi oscuridad está iluminada por mi ego.
El cuadro es psicodélico.
No resisto quedarme en la piel.
Algunos agitan sus entrañas
Botan sus desechos, sus promesas de mañana
Su intento de existir

Todo se mezcla
Y yo simplemente quiero que deje de pesar
encontrar la ausencia de gravedad
para que salga volando, flotando con el viento
lo que habita acá, lo que yace adentro
Soy palabras
Pero éstas tienen hilos
Hilos negros
Y llevan sangre, llevan venas, llevan trozos y hastío
Gelatina rugosa, pedazos de intestino
Mi estomago, ramas del pulmón
esquirlas blancas
Son hilos,
que hacen de todo intento un volantín
Y son tantos ya
que se han creído mis alas
Pero no vuelo
Aún hay demasiada gravedad
Para huir
Mi ego sigue iluminando
A ver si encuentro algo al mostrar
Pero todo esto se sostiene
en una empatía que podría no llegar
Aun hay demasiada gravedad
Para evadir
Los impactos serán siempre certeros
Mi oscuridad se acostumbró a la luz
Mi piel no me deja salir
Solo un necio intentaría seguir
No hay opción
Nací

miércoles, 19 de octubre de 2016

19 de octubre de 2014


Lo interesante es haberle doblado la mano al tiempo, carreteando los domingos en la noche, haciendo de los lunes un sábado, disfrutando igualmente los fines de semanas y viviendo.

Nunca me gustó el orden de la semana, y si bien mi vida dista de ser perfecta, es perfecta. Es venganza sin rabia. Es posibilidades que aun no concreto y aún así, posibilidades. Muchas posibilidades.

Me voy a dormir esta noche con la tibia certeza de haber ganado una guerra, aunque haya perdido cientos de batallas. Hoy, el tiempo es mio. Una vez más.

sábado, 15 de octubre de 2016

Todo partió con Noemí

Llevo poco menos de un mes cubriendo noticias de Argentina.

Todo partió con Norma Noemí Yagra, de 44 años, asesinada a tiros por su pareja el 22 de septiembre. Mi primera nota de un femicidio. Su hija, Érica Ponce de 20 salió a defenderla, fue baleada también. Recibió tres tiros. Por suerte no murió.

El día anterior, el 21, día de la primavera en Argentina, ya habían desaparecido Janet Zapata y Julieta González, yo no lo supe hasta que aparecieron sus cuerpos, primero el de Janet un lunes 26, y el de Julieta el martes 27.

El miércoles 28 mataron a Ayelén Arroyo, de 19. Fue su padre, que abusaba de ella, y de su hermana. El jueves 29 Daiana Belén Colque, también de 19, es asesinada a puñaladas en su casa de la villa 31, a todas luces por su novio.

El 4 de octubre fue Daniela Romina Barría, de 30 años, degollada y apuñalada en el corazón por su ex-pareja, que huye con la hija de ambos -de tan solo dos años- e incendia la casa, dónde aún estaba su cuerpo.

El sábado 8 de octubre desaparece Beatriz Valencia Parra, de 22 años, que es encontrada semidesnuda en una caja, ahorcada y con los tobillos atados, en un descampado. Fue asesinada por su pareja y el hermano de éste.

Ese mismo fin de semana Lucía Pérez, estudiante de 16 años, es violada, drogada y torturada. Ingresa muerta a la clínica, producto de un paro al corazón causado por la violencia de las vejaciones.

El lunes 10 en otro descampado apareció el cuerpo de Viviana Rodríguez, hace dos semanas desaparecida. Auxiliar de escuela, sus compañeras están convencidas, saben, que su pareja la mató.

El miércoles 12 desapareció Samantha Yoerg, también de 22. Su cuerpo apareció ayer, viernes 14 de octubre. En las fotos con que la buscaban aparecía con un cartel que decía #NiUnaMenos, su pareja ya confesó.

Y recién me entero, mientras escribía esto, que ayer -prácticamente en la madrugada de hoy-, asesinaron a Marilyn Méndez, de 28 años, embarazada de 3 meses. Su ex-pareja le lanzó 6 puñaladas, y al menos una, en la garganta, fue fatal. Su actual pareja también fue atacada. Afortunadamente, a diferencia de Marilyn y de quien sería su hijo, o hija, sigue vivo.

Y sé que no va a terminar, que no se va a calmar, porque aprendí la estadística. Aprendí que en Argentina muere una mujer cada 30 horas. Ya me sé la estadística, sí. Y sé que voy a tirar notas de femicidios como se tiran notas de fútbol, cotidianas. Infaltables.

Y no recordaré los nombres. Y no recordaré los casos. Y las subiré al portal rápido, porque hay otras, porque las siguen matando a raudales y entonces hay que discriminar, por el tipo de muerte, por dónde venían, por la familia, por como lucían, para hacerlas carne de noticia. Un último uso. Y con los años, ya con los años, quizás tan solo me limite a decir, a escribir, que

Todo partió con Noemí. Norma Noemí Yagra, de 44 años..

sábado, 8 de octubre de 2016

9 de octubre 2013


9 de octubre 2013

Esa pradera. Ahí es donde iré a implotar, cuando encuentre la claridad suficiente para morir de pié, y seguir vivo. Abrazado a la consciencia de lo efímero.
Será como cuando se anulan las distancias al sentir el infinito, y el viaje en el espacio se hace inmediato, porque todo da lo mismo. Y todo es un segundo, cuando todo es todo. Y sigue siendo infinito. Pero me río. O reí. Quizás reiré. Aún me pierdo, porque me persiguen las direcciones. El norte, el sur. Todavía no encuentro el centro del todo. Salvo cuando me pierdo.
Dejaré las llamas brotar, y que truene la madera de los átomos. Lanzaré palabras con más carga que el sueño de un sol moribundo. Con tanta sustancia, que parecerán gomitas. Y las tomaré entre mis dedos para aplastarlas y extenderlas, y así las dejaré ir. Aunque me comeré una. O dos.
Recuerdo ahora, que las cosas se desgastaban en mis bolsillos, pero la canción decía que todo se quebraba, se rompía. Quería mantener el detalle. Hay un cuento, una historia entre medio. Mis bolsillos tienen su mundo. Y esas eran algunas palabras a donde ir. Un puerto al fin.
Por eso lo decía. Y ya lo dije, tiendo a perder las letras. Pero los conceptos de fondo quedan penando en mi pradera, donde la locura es fiesta y nunca deja de atardecer.
Y es en esa pradera, adonde iré a implotar. O quizás a descansar. Después de la claridad.

viernes, 7 de octubre de 2016

Poesía en Facebook, poesía de hostales (7 octubre 2015)

(7 octubre 2015)
Poesía en Facebook, poesía de hostales.

Lejos de los bares de Bukowski, de las sopas de Warhol y las cruces de Parra.

Aún más lejos de los relojes de Dalí, de los ojos de Buñuel, de los urinarios de Duchamp y los manifiestos de Tzara.

Distante de las bailarinas de Degas, del mal de Baudelaire, de la flor de Novalis y la miseria de Victor Hugo; del Prometeo de Shelley, del Fausto de Goethe.

Inexpugnablemente separada de las Coplas de Manrique y las delicias del Bosco.

Sobrecogedoramente ajena al Mio Cid, a Beowulf.

Tan lejos.

Poesía que podría ser el haz azul tras la lluvia de su tiempo.

Tan lejos ya.

Que parece rídiculo.

Tanto, como haber pensado que todo fue ridículo en cierto momento, a ciertos ojos.

Y que con el tiempo se hicieron los monstruos, que aún se ven a la distancia.

martes, 4 de octubre de 2016

(5 de octubre 2014)

(5 de octubre 2014)

3 de la mañana. El viento sopla con fuerza si es que lo escucho entre los silencios de Charly, Spinetta, Pescado Rabioso, Sui Generis y Serú Girán. No son muchos esos silencios, pero son potentes. En ellos el departamento tiembla.

No llegué hace mucho, aun llevo una sonrisa. Esta es noche de domingo, mañana trabajo y no. Si lo hago y no importa.

Y recordé mitos que hace mucho no narraba. Historias.

Y miré ciertos ojos y expliqué ciertos misterios.

Y abracé algo más que las circunstancias.

Todo son burbujas de jabón. Y esta bien así. Aprendí a ser feliz con los reflejos.

Todo son burbujas de jabón. Y yo soy un niño, o un idiota. Y rio sin cause ni caudal. Rio y me desbordo.

Y quizás olvide todo.
Y ya nada será burbujas de jabón.

Pero el viento hará temblar dónde esté,
y me volveré a desbordar.

Una y otra vez
Me volveré a desbordar

viernes, 30 de septiembre de 2016

Agilmente (01/10/14)

01 de Octubre 2014


Y recién me levanté raudo de mi cama estilo japonés (aka un colchón delgado en el suelo) para ir a buscar mi botella con jugo que dejé en el refri. Abrí la puerta de la pieza, crucé el living, abrí el refri y saque el jugo, todo muy "ágilmente" mientras tarareaba al ritmo de Rocky: Ta-ta,ta,ta--Ta,ta,taaa.. ¿o era la de misión imposible?, la cosa es que saqué el jugo, tomé un poco, y miré esa habitación iluminada por las luces de un árbol navideño que reposa estático junto a un maniquí vestido estilosamente, ambos apoyados contra la pared por un lado, y del otro las pocas y tenues luces de la calle, que entraban por ese ventanal grande que apunta al Monte Victoria. Estaba rodeado por sutiles luces, amables con la oscuridad. Y estando entre la espada y la pared, me di cuenta que estaba en mi departamento en Wellington, yendo a buscar jugo a la una de la mañana, jugando feliz, y mirando una ciudad que podría ser extraña, pero no lo era. Estaba en el mundo. 
Por un momento abrí de nuevo los ojos que ya tenía abiertos. Y todo vino a mi. Confluyó, confluí, ¿confluyendo?, en entender ese segundo y su vértigo.
Así procedí a respirar profundo, como sacando una foto con el alma, tomé un poco más del jugo, volví a tararear y me devolví -ágilmente- a mi cama japonesa.

martes, 27 de septiembre de 2016

Lunes

(28 Septiembre 2015)

Lunes.
Los lunes siempre implicaron para mi lo que probablemente implican para ti. Partieron con el colegio, después en la universidad y de ahí en el trabajo. Siempre fueron el punto de partida, ese temblor en el descanso, la premonición del estrés, el miedo al fracaso. Lunes.

Por eso, cuando cambié el dinero por tiempo, cuando di vuelta mi mundo, decidí hacer algo al respecto, decidí perdonarlos, perdonarlo. Lunes.
Así fue que empecé a planificar la mayoría de mis viajes en estos días; cada vez que podía una nueva aventura, un nuevo país, una nueva ciudad aparecía con él. Lunes.

Hoy, en este día que se extingüe, visité Auschwitz. Lunes.

Y ya no lo perdono. No, ya no hay nada que perdonar. No somos amigos ni enemigos, hoy los dos lloramos. Hoy los dos recordamos, también, esa tierra que nos juntó. Y en cada atrocidad, en cada golpe directo al pecho, en los zapatitos de niños, en las toneladas de cabello humano, en los rieles del tren, en el camino hacia las camaras de gas, se resentía la herida de mi país, de sus torturas, de sus matanzas. Porque en algún punto toda la miseria del hombre se encuentra, se hace una, aprieta el corazón, estrangula el alma. Lunes.

"Arbeit Macht Frei", el trabajo te hará libre, era la irónica frase que colgaba a la entrada del campo de concentración y exterminio. Así mismo, igual de cruel, cuelga sobre este día. Lunes.

Espero. Anhelo, que pronto veremos claramente tras la superficie del horror, y entenderemos que ahí aún se esconde un fondo económico, las lógicas de eficiencia y eficacia, una razón que aún perdura, que aún sigue, que aún mata y que aún no enfrentamos. Una razón que también encadena el cuello las manos y las piernas de este día, que quiere otro color, este día que quizás se rebele, conmigo, con nosotros. Éste día que vi llorarnos. Lunes.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Aún espero el bus

24 septiembre 2014

Dos cosas sin relación aparente, que fusionadas, provoquen una explosión emocional.
Una reacción en cadena que.. ¿cree más energía?, ¿se podría?

No sé como lo sé. Pero lo viví.
Las palabras se emanciparon de la termodinámica.


Siempre quise adivinar la alquimia
Unir planetas con algodón
Y vestirme bien
Una polera blanca, unos jeans. Inercia en los bolsillos.
Antimateria en los ojos
Fuego y polvo, cenizas en los labios.
Las probabilidades descansando en la solapa
Enzimas, vulvas y axiomas en un ramillete
Para pasear sin que el amor sospechara
Una traición

Quería construir un pueblo
de microbios
y estrellas

Y esconderme allí

Pero aún espero el bus
que me llevará al tiempo
dónde todo confluye

Donde podía alzar las manos y agarrar las esencias
moldear las formas
encender los sueños
como pequeños truenos y rayos
entrelazados
brotando a raudales en las palmas
iluminando los dedos
la habitación
el mundo

Con el vértigo
amable vértigo
acariciándose a espaldas de la perspectiva
haciendo girar todo
sutilmente, con violencia
armónicamente
como el caos

Y una sonrisa
Y una sonrisa.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Como en (Like in) Wellington

21 sept 2014 - Como en (Like in) Wellington

La felicidad de dejarse llevar por el viento. Dejarse empujar y luchar también -resistir-, pero jugando, tal como se entretienen cachorros leones de una misma camada.

Y reír, y gritar. Y volar.

Buscaba hace noches palabras para ensamblar poesía, como andamios y escaleras, como recetas e ingredientes.

Jugar es poesía.

Darse cuenta que no se necesita más, que te están moviendo. Que vives y estás completo, porque te remecen y sientes todo lo que llevas dentro.

Y caminar, y mirar. Y volar.

La vida es poesía
Cuando hay viento

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(English)
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The happiness of let yourself go by the wind. Let you to be pushed and fight too -resist-, but playing, just like the young lions, of the same litter, entertain themselves.
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And laugh, and scream. And Fly.
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Nights ago I was looking words to assemble poetry, like scaffolds and ladders, like recipes and ingredients.
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To play is poetry.
.
And realize that you don’t need more, that you’re being moved. That you live and are complete, because you’re being shaken up and feel everything that you carry inside.
.
And walk, and look. And Fly.
.
Life is poetry.
When there’s wind.

jueves, 25 de agosto de 2016

En el abismo

Que bonito sería reconocer nuestras existencias en estas horas oscuras. No hablo de todas, sólo la tuya y la mía. Un cruce de palabras, algo sencillo, como dedos que pudieran tocar la profundidad del vacío.

Algunos de nuestros rostros podrían decir que esperamos para esto. Que esperamos el cobijo desinhibidor, la comodidad de la noche, tan propia para nuestras mentes tormentosas. Que esperamos, incluso, estas horas oscuras. 


Porque en el punto más agudo se haya el portal al otro mundo. Nuestros otros mundos. 

Porque en el punto más vulnerable, es dónde podríamos encontrarnos como el abismo de la caverna.

viernes, 19 de agosto de 2016

Disculpen las molestias


Disculpen las molestias, me encuentro un tanto disuelto en el cauce moderno que hace desaparecer sin la necesidad de moverse ni perder átomos.

Y a veces pido ayuda en un idioma extraño. Lo grito, sin mucho volumen en la voz, con gestos de otro planeta.

Porque no entiendo como me siguen creciendo las uñas, no entiendo de dónde sacan algo, que comen, que absorben, si no tengo nada y me da pánico que sigan creciendo. Me hace sentir tan muerto.


Una pequeña manía (19 Agosto 2015)


Tengo una pequeña manía, que es escribir poesía.

Nadie me dijo que sea poesía lo que escribo, ni que fuese un poeta al hacerlo. Tampoco sé si algo cambiaría porque alguien lo hiciese, incluso si es que muchas personas así lo consideraran.

Parte esencial de ser quien soy es no haber comprendido hasta la fecha los nombres ni los títulos; lo que no me quita el haberlos deseado mas como se desea el dejar de pensar -al menos por un momento- cuando se está a la deriva en el desenfreno, en el vértigo mental.

Quizás un poco menos de ambigüedad en mi vida estaría bien, y debería simplemente declararme poeta, violentar la inercia y pelear por un pedazo de realidad, por una definición que juegue a ser concreta.

Y me podrían preguntar entonces, con toda razón, ¿como eres poeta sin un libro, sin algo que mostrar?, pues yo hablaría de lo efímero. Y me podrían insistir, con toda legitimidad, ¿que te hace poeta, por qué eres poeta entonces?, pues por manía, tendría que decir. Porque tengo esta pequeña manía, que es escribir poesía.

viernes, 22 de julio de 2016

Fragmentos

Quizás si hubiera fumado más, sabría ir más lento. Tal vez las neuronas se hubieran relajado con los años y los músculos se quedarían en su lugar por más tiempo.

Quizás si hubiese sido más arriesgado en la química y menos en la filosofía escolar, tendría ahora un buen gorro de lana sintética, y tocaría guitarra en un columpio, junto a una flaca de larga melena negra.

Y hablaríamos de los años que se nos fueron, y de los años que tenemos por venir. Quizás estaríamos multiplicando esas mismas horas y ensanchando respiros, con un cerro precordillerano de fondo. Y la evidente luz perfecta ya nos habría transformado en una permanente foto de perfil.

Pero por gran parte del trecho traté mi cuerpo como un templo, en ruinas. Y mi mente se fue escapando sola. No fumé como podría. E intenté torpemente adelantar el paso a los quizás, hasta que le di la vuelta a un planeta que no dejó de girar. Y perdí todo el tiempo que nunca gané.

Los recuerdos aún no se gestan como para valer el estar una vez más en esta tierra. Arena movediza. Quizás el éxtasis y la felicidad de laboratorio hubiesen sido otra opción. La terapia o más alcohol. Pero allá van mis pensamientos, con su propia agenda. Con pedazos de mi vida, mi/s historia/s, mi cabeza.

Solo fragmentos. Se lleva y me deja, fragmentos.


martes, 5 de julio de 2016

Un almuerzo tal vez

Voy a compartir con ustedes un poema

El único problema
es que aún no existe

No tiene forma ni métrica
no tiene armonía, rítmica, ni pies ni cabeza
no tiene alma
no tiene tiempo, hálito

Aliento, soplo, cuerpo, sangre

Quizás lo tenga, cuando exista, si es que existe, quizás exista

Les comparto sí el envoltorio, les comparto el dolor
el pecho que se hunde
como si se avergonzara de existir
que se hunde de miseria, fracaso, de ego mal habido
se hunde y se hunde y se hunde y se hunde
y recubre en su cóncava silueta a este poema
que aún no existe

Les comparto las lágrimas que brotan solas,
el metro, el sol de invierno y el viento que se mete por la ventanilla
y reseca los rastros en las mejillas, que han quedado tras
un-los hombres no lloran

Les dejo también la angustia de fin de mes
todo el mes
meses
con las manos en los bolsillos 
en los bolsillos, en los bolsillos

La alegría de unas lucas olvidadas,
un almuerzo tal vez

El miedo de que te llamen, las zapatillas rotas
el sexo tembloroso, derrotado, 
perdido y ausente
abandonado por sí mismo

El cansancio cincelando
en la piel
hasta los músculos, hasta los huesos
cortando las fibras de las piernas flacas
como pinzas de madera entre los poros, jugando con la poca carne
dejando los hoyos, las formas, las astillas, los espacios de arcilla
que se desgastan y van cayendo, desmenuzados
en pequeñas piedras
suaves al tacto, tranquilas al tacto
que giran y giran entre los dedos

La sensación calma de irse desvaneciendo, desmembrando, desgranando
Al tacto

El poema que aún no existe, no necesita una bala

Me acompaña, me abraza, me invita
a no existir, les cuento
comparto, aunque no se pueda algo tan íntimo

Tan íntimo

Que necio he sido

lunes, 27 de junio de 2016

De Rozas


Cerré la página. Me engañé a mi mismo y puse antes la canción, esa que me transportó a un solitario Japón, uno de tantos. La puse antes de poder avanzar en la derrota, en el abandono físico, efímero y sencillo, de rozas. Donde ya no crece nada.

No es porque sea algo malo o bueno, es porque el tiempo. Porque hoy es un no-lugar en el tiempo, un mall al que siempre entro, el aeropuerto de la desazón, el supermercado del fracaso. Un no-lugar emocional. Siempre igual, siempre ahí.

Al menos me he alejado de Japón y las lágrimas. De esas noches un poco más oscuras por el sin sentido, que tanto se parecen a estas noches. Noches sin abrazos, noches sin nadie ni nada. Ni si quiera la música pertenece.

Recuerdo que antes se pensaba al lector, cuando se escribía. Había una barrera. Había una línea. Hoy ya todo da lo mismo, escribir simplemente desde adentro sin filtro da resultado, porque todos estamos pasando por lo mismo, en distintos tiempos se caen las máscaras. Pero todos estamos destruidos por la misma vara. Todos nos encontramos en la miseria, en lo perdido. Aunque sea redundante, en el sin sentido.

Podría haber mentido. Vuelvo al pasado, a las noches tristes de la época del colegio, que a poco andar se convirtieron en las miserables pero intermitentes noches de la universidad, y después del trabajo. Algunas lograron desaparecer. Algunas se escaparon de la realidad. Algunas ya no están acá, y no puedo alcanzarlas y son felices, quisiera creer. Pero está la noche aún llena de pasto y árboles de jardín y frío de otoño. Y frío de invierno. De calles, de recorridos, de madrugadas, de arrepentimientos, de desastres, de ilusiones, de puentes que quedaron ahí, sin terminar.

Quizás si apretaría un botón de reiniciar.


miércoles, 8 de junio de 2016

Bad habits

Bad habits.

It's not insomnia, no, I just don't try to sleep anymore. There is no fight, rush, pressure, nothing. Is something beyond the "want or not" to be like this. Is something in between the stages, between the ideas, between faiths.

I'm one step aside of what should it be. I'm outside the wakefulness and the sleeping. I'm at peace, thanks to a choice that is not one. I am. Just I am. Without consciousness, without the absence of it.

Bad habits.
The music took me and drove me to nowhere.

domingo, 5 de junio de 2016

Las canciones que volveré a escuchar sin fin

Escuchar sin fin las mismas canciones, escribir de madrugada para arrepentirme en la mañana, viejos hábitos.

Mientras, en mi cama, en mi pieza, bajo la luz de esa ampolleta desnuda, entre las maderas apiladas, la bicicleta sin usar, el carro de feria con solo una rueda, la basura en el suelo y los platos sin lavar, la estufa mala, la pelota desinflada, la ropa sucia, la cortina que no cubre toda la ventana, las blancas murallas y tras tantos otros pedazos de cosas que me son profundamente ajenas, se hace notorio. Hubo una prueba que no pasé.

Hubo una gran prueba. No la pasé. Y espero a que llegue el viento que arrase con los rezagados. Conmigo.

Armando Uribe decía que nació muerto y después se aburrió de estarlo. Le creo. Yo morí de aburrimiento, víctima del exitismo, víctima de mi mismo. Y aquí queda el cascarón, que espero que el viento esfume.

¿Cuánto del frío llega al corazón?

No quiero terminar, aún tengo fe en algún milagro, en cierta chispa de belleza. Soy débil ante ella. Tanto que lo puedo olvidar todo solo por la promesa de su sombra. Una sombra. Una genialidad, una sorpresa. Una explosión que cambie todos los criterios de lugar.

Pero me alcanza el sueño y vuelvo a esperar el viento que me libre del mañana, que sé vendrá, con mis resquemores, mi arrepentimiento. Y las canciones que volveré a escuchar sin fin.

miércoles, 1 de junio de 2016

Pequeñas Tormentas (01 Junio 2014)

A veces se pueden ver los relámpagos en los ojos de quienes llevamos una. A veces es la única respuesta. El sonido de algunos silencios. A veces, tres es una excusa. Y solo queda decir que no es carga, ni adorno. Es órgano, alma, mente. Somos. Una pequeña tormenta.

martes, 31 de mayo de 2016

No lo deberías olvidar

Escribir es un arte que requiere tiempo, esfuerzo. Y yo estoy cansado y soy pajero.

No trabajo todo el día, de 9 a 7 y aún así apenas me puedo el plasma. No la tele, sino el punto medio entre evitar decir de forma trillada "el alma" y de forma simple "el cuerpo". Así me imaginé a ambos en una juguera y lo que quedaba era plasma. Me pesa el plasma.

Quiero victorias simples. Rápidas, fulgurantes. Aplausos, aunque sean grabados. Un cheque de regalías a fin de mes y golpes en la espalda, para poder mandar todo a la mierda con esa seguridad que entrega el diploma de 8vo básico.

Quiero el epítome del egoísmo, mis problemas resueltos para resolver los problemas de otros, regocijarme entre un cariño que no cueste tanto y nada más la incertidumbre natural.

Y no dejo dormir a la gata entregada en mi regazo. De vez en cuando le hago cariño y se despereza, ella a su vez me impide escribir cómodamente. Nos vengamos de nuestras afrontas de la forma más sosa posible. Una analogía perfecta para algo entre medio.

¿Quien me regala un poco de éxito?, quisiera comprar algo sólo por el sabor. No por llevar la contra, únicamente por el paradigma del sabor. Porque necesito más indolencia. Algo extra y tan cotidiano, una marca de esta vida.

Les devuelvo en todos los tiempos sus filosofías, consejos de postal. Soberbia ya tengo, solo me faltan formas para justificarla, tips de maquillaje y belleza y abrazarla.

¿Y si me arrepiento de mis pecados después de tenerlo todo? ¿y si descanso en el desapego tras asegurarme un espacio?

Que vergüenza querer.

Que triste el mundo cuando no hay plata para tomar unas cervezas y así olvidar con ellas que es más triste aún y que no lo deberías olvidar.

viernes, 20 de mayo de 2016

Invitación

(20 de Mayo 2013)
Quisiera, en los últimos días,
escribir tu biografía con mis recuerdos
reconciliando errores y olvidos con un té
y tu sonrisa de atardecer.
Te invito a ver crecer el tiempo.
Te invito a pintar las corazas oxidadas
y agrietadas
con paisajes de vida
efervescente, voluptuosa. Fértil. Alocada.
Te invito a respirar calma
tranquila de miedos, amados,
acurrucados
en telarañas olvidadas,
en algún rincón luminoso
del dulce hogar
Te invito a no seguir el ritmo,
y que bailemos mucho y distinto
o igual
a eso que aún nadie ha visto
Te invito a no perder átomos en el camino
y a sembrarlos en lo incierto
construyendo verdades a pulso
doblando la realidad a fuerza de voluntad
en las calles, en una oficina, o en dónde sea que haya que luchar
Y quizás en realidad ya lo dije todo al principio
y solo me doy vueltas
sin poder parar a esperar tu respuesta
pretendiendo seguir infinitamente
hasta que tu voz me interrumpa
me desconcierte
y así, como en la fantasía inicial,
sea un sonido
-el tuyo-
el impulso de donde nazca la vida
que vendrá
Te invito, a ver crecer el tiempo.

viernes, 1 de abril de 2016

Ondas

A veces me baja una pena que no tengo.
Que tengo siempre.
Que es del mundo, del aire, como las ondas de radio.
A veces sintonizo la tristeza.
Que escucho entre música que no quería oír pero vuelvo a poner.
Que aulla su encierro entre puntos, como todas.

A veces voy cortando las frases, para podar el vahído.
Que es sólo de un sentido.
Que es la pérdida de la cáscara, de la máscara.

A veces me sorprendo al abrir el grifo y conversar con mi agua.
Que no es mía.
Que solo corre me dice, que solo corre.
Como la pena.

A veces todo debería haber terminado antes.
Como la pena,
como la pena.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La batalla

¿Que quería decir yo?, a sí. Que vale la pena pelear. Y más que contra alguien, por un lugar. Es tan deprimente leer los comentarios de ciertas noticias, ver los muros de facebook, twitter, llenos de odio, de gente que defiende la injusticia, que aplastan a otros con su visión de mundo. Y yo soy uno de ellos. Para otros. Para otros que defienden la injusticia, y que aplastan a otros otros, con su visión de mundo. Aún así, sigue siendo importante luchar. Porque el día esta gris. Disputar cada rincón, cada centímetro, porque entre los dientes y las ideas -cuando chocan los mundos-, salen los encuentros, nos damos cuenta de los errores, se fortalecen las piernas y sentimos más cierto que nunca lo que entibia el corazón. En la batalla no creo que me vean como soy, aunque no pueda evitar ser como me ven, ¿quien podría?, pero creo en mi visión de mundo, que es una visión de mundo, y en su justicia. Por eso aplastaré y seré aplastado, pero no dejaré que mi mortal enemiga, la desidia, se apodere del espacio, del silencio. Seré entonces para mis otros tan miserable como el que mas. Pelearé, pelearemos, por un lugar que solo nace desde el fragor. Y desde ese lugar alguien nuevo mirará a las verdades, burdas y ofuscadas, teñirse de sangre entre ellas. Y su visión de mundo sera otro camino, otro color para escribir. ¿Yo?, yo intentaré ganar. Ganarle terreno al odio, al desamor desde mi esquina, y los otros, mis otros, harán lo mismo desde la suya, mientras aguardamos -en absoluta confusión- a ese ser nuevo que nos deberá abandonar a nuestra suerte, para hacer de nuestros cadáveres de ideas la tierra en que germine el tiempo sin verdades, ni mala muerte.

jueves, 3 de marzo de 2016

Sólo somos un día

Era una noticia, un desalojo a una comunidad Mapuche. Una más, qué más da. Era otra noticia, unas mochileras violadas, asesinadas. Una más, qué más da. Era una crítica al clasismo chileno. Una más, qué más da. Era una ley que mantiene sometidos a los trabajadores. Una más, qué más da. Era una intentona para evitar que las mujeres decidan sobre su cuerpo. Una más, qué más da. Era una estafa millonaria. Una más, qué más da. Era una detención ciudadana. Una más, qué más da.

Una más, qué más da.

Si los de siempre van a comentar, si todos ya compartieron el link, si le puse me gusta. Si mañana será igual, si ayer fue lo mismo.

Una más, qué más da.

En el colegio lo primero que hacen es normalizarnos. Así se llama el proceso para lograr un ambiente propicio para hacer clases. Y esa palabra, ese hecho, nos persigue por toda la vida.

Seguimos normalizando y siendo normalizados constantemente, lo que queda como un piloto automático. Y salvo chispas de rebeldía, salvo contadas excepciones, solo gritamos cuando es normal hacerlo, cuando es bien visto. O cuando ya no podemos más.

Pobresito, pobresita, se rompió; se escucha decir. Pero al tiempo se normaliza lo quebrado, con pastillas, con rutina.

Y en tanto, todo lo que queda afuera, todo lo disruptivo, se pierde en la indiferencia. Y se espera, la espera, es que el silencio finalmente lo envuelva, y se desea, se anhela, -en silencio también- que nada más ocurra, que de alguna forma sea conquistado todo, que se rinda lo ajeno ante el absoluto silencio.

Al fin, que no quede nada más que lo normal.

La ausencia de todas las voces.

Porque no podemos gritar todos los días, la garganta no da. Porque no podemos vivir distinto, la imaginación no dá.

Porque ya huí a todas partes y volví. Porque vuelvo, he vuelto, a hacer lo mismo, porque mis respuestas ya no dan.

¿Qué más da?

No lo sé. Pero sigo poniendo una y otra vez la misma canción, como tratando de clavar sus palabras en dónde esté mi criterio.. podemos ser héroes, solo por un día.

Podemos ser héroes, solo por un día.

Sólo somos un día.

Y en un día la garganta si dá. La imaginación si dá.
En un día, una más si importa.
En un día no hay un qué más da.
En un día todo puede cambiar.

Y.. yo quiero ser un héroe. Aunque sea tan solo por un día.

Y si somos nosotros, podremos vencerlos, para siempre.

Hoy, hoy podemos ser héroes.

Hoy todo puede importar.
Hoy podemos luchar.

Hoy.. solo somos hoy.

Y el viento salvaje.

viernes, 1 de enero de 2016

2015/2016

Este es el momento en que aquellos que nos aguantamos hacer resumenes y similares en el horario peak del tránsito 2015/2016 lo sacamos en cara para, posterior a la culminación de nuestra vendetta moral, hacer el respectivo resumen de una forma solapada, aunque unas cuantas veces es de forma desvergonzada. Este caso es de los últimos.

El 2015 le dí la vuelta al mundo. Ese podría ser un buen resumen.

Conocí, vi y viví más de lo que mi cerebro puede -aún- procesar. Así, el gran aprendizaje ha sido lo inabarcable y sus infinitas y diminutas piezas de reloj sin tiempo.

El 2015 lo partí en Nueva Zelanda limpiando baños, literalmente. Fue mi primera noche en el turno nocturno del hostal/hotel YHA. Y ahí le di el primer abrazo a mi supervisor, y posterior amigo Craig, por lo que el añó partió con los buenos deseos entre un notable fanático del Everton de Inglaterra y un paupérrimo seguidor del Wanderers de Valparaiso.

El 2016 lo comencé viendo explosiones sobre el mar, sin cuenta regresiva ni aviso. Dándole el primer abrazo a un viejito en una azotea hecha a pulso por un vecino de mis tíos en el muelle Barón. Y vi los fuegos artificiales arrimado a la baranda, en una esquina, sin límites ante la bahía. En el otro extremo del lugar mi familia. Mi padre a quien no veía hace 16 años, mi tía y su marido, mi primo y su polola.

Entre medio de ambos comienzos pasó un baúl casi sin fondo de relatos, de recuerdos, de miedo transmutado en esperanza.

2015, fuiste difícil. Y conmovedoramente hermoso. Concretamente idílico.

2016, no te pido tanto. Te voy a dejar ser. Confío, y ya te agradezco algunas cosas -algunos gestos, algunas personas y sus llamadas-. El resto lo veremos en el camino.


¿Cábalas, buenos deseos, fiestas?, no, de verdad no los necesité, no tenía mucho por purgar. Solo saqué un buen abrigo y me fui a estar conmigo en un mirador al pacífico. 

No soy santo, aun la piel duele de los golpes, pero los huesos están bien puestos. Y en el eco no se escucharon tantas voces ajenas. Por fin, después de casi toda una vida, imperó el buen silencio.

Feliz año nuevo a todos.