Nací en Chile, en Valparaíso, pero nunca viví ahí. No tuve el encanto regional. Me fui a Ecuador no mucho después de nacer y volví casi con los 90's, tras un viaje hijo de un divorcio, de un mal matrimonio, y no de un exilio político.
Cuando volví vivimos en algunos lugares tristes, otros no tanto, pero siempre en buenas comunas. Prácticamente nunca estuve muy lejos de Ñuñoa o Providencia. Por lo mismo fui a un colegio privado de por ahí, de monjas. Becado, pero que importa. Cuando la beca se acabó fui a uno de los colegios "emblemáticos" de los públicos, una vez más fui parte de cierta élite. Asimismo terminé en la Universidad de Chile, camino claro y manifiesto.
Nunca tuvimos mucho dinero, pero tampoco nos faltó. Tuve tíos, y amigos, que me mostraron la vida de las casas con piscina, o en la playa, incluso de las granjas y los caballos. Algarrobo por muchos años fue sinónimo de verano. Ilimay, en Las Cruces, también. Y viajé a otras ciudades más al norte, o más al sur. No siempre salía, pero si usualmente.
Hice caridad durante el colegio trabajando durante algunos años en un incipiente proyecto llamado un Techo Para Chile. Fui a la iglesia hasta que me salí del proceso de confirmación y tuve acceso a un computador desde pequeño, pues mi abuelo era profesor de computación
Nunca pertenecí a un grupo en especial. Nunca fui bueno para pertenecer. La mayoría de las personas con las que me junté las conocí por internet o por el colegio. Y a la fecha no sé de la gran mayoría. Olvidé casi todos los nombres y las historias. Cientos de días podrían ser menos que un sueño.
Me junté con algunos punks y skinheads cuando joven, pero me toleraban como se acepta a un extranjero que en el fondo no es tan pesado, que da un toque de diversidad. Y me junté con otros grupos, repitiendo la misma dinámica, pero sin el pensamiento político. Usualmente, y agrego a mi colegio de la enseñanza media en esto, con un estigma de cuico venido a menos, o abajista quizás. El apodo de aristo-hippie es de las mejores cosas que recuerdo al respecto.
Durante parte del colegio defendí la metafísica contra el materialismo, porque creía en ciertas cosas. A veces. A veces no creía y solo quería discutir. A veces solo quería paz, y no sabía cómo.
Tiempo antes, en el 98, cuando iba en octavo, pensaba que estaba bien que volviera Pinochet a Chile para que lo juzgaran acá. Quizás ni sabía bien quien era. Hasta ese entonces no había escuchado del FPMR, el MIR, ni si quiera de los lautaristas o nada por el estilo. Solo había destilado por lo que se deja ver en la historia de los libros del colegio que había sido un periodo negro. Pero no sabia argumentar contra la repetitiva propuesta de que al menos había sido bueno económicamente, así que la adopté por un buen tiempo.
Nunca fui avanzado en nada. Me gustaba irme para el lado. Por las ramas. Veía cosas. Pensaba rutinariamente por azar y las visiones, los bellos paisajes que aparecían, se acostumbraron a perderse adentro. Nunca vieron las palabras. Éstas, en su vacío, fueron abordadas sin cesar por los nervios y el miedo profundo al silencio en compañía. Porque creía que en el silencio se iba la gente, y nunca supe como afrontar el no saber si volverían.
Mi padre se fue en el silencio. Antes de que pudiera hablar. Él es marino, y hasta el día de hoy no sé que hizo para el 73.
Buena parte de mi familia es de derecha, unos pocos concertacionistas o indiferentes. Mi abuela era centrada, y como buena Libra, le gustaba mantener el punto medio, lo que la inclinaba hacia la DC-PPD. Y sí, sé de Astrología y también Tarot. De ahí viene el nombre de este blog. Me gusta la posibilidad de la magia, me gusta -por sobre todo- la posibilidad del misterio, aunque éste pueda rozar la ignorancia.
Quisiera decir que soy feminista, pero sigo hablando de si las minas están ricas o no. Les tengo miedo desde hace tiempo. Creo que tienen poderes que no puedo entender, y quizás alguna parte oscura de mi quiere encender hogueras. Las envidio profundamente también. Quizás una parte oscura de mi quiere quemarme con ellas.
Jugué cartas magic, cuando puedo juego Rol. Me apasiona cantar en un escenario, lo que me ha llevado solo hasta los karaokes. Leo, pero me distraigo fácil, y casi siempre acumulo libros en el velador. Cuando tengo uno. Ahora lo dejé todo y me fui a intentar viajar por el mundo.
Temo acostumbrarme tanto con el tiempo a esta vida que una nueva relación con el mundo se vea más lejana que el final. Por eso trato de sacudirme. Me muevo, pero caigo siempre que puedo en el sofá.
Podría decirse que soy un mal revolucionario. No tengo estampa, historia, ni proyección.
No he sembrado nada, solo observo y de vez en cuando dejo unas palabras por ahí.
Y sí, podría seguir enumerando, hilando entre el presente y el pasado, los diversos motivos que para diversas visiones me hacen un mal revolucionario, si es que acaso uno. Quizás lo haga mas adelante, pero por ahora solo quería aclarar a grosso modo que si, lo soy.
Aún estoy tan solo intentando entender que puedo hacer para mover estructuras casi a la misma velocidad con la que me resigno a entender que no puedo hacerlo. Puede que muera entretanto, en esto, sin nada romántico en ello por supuesto. Solo como eventualidad.
Ya le pediré disculpas a la vida por no haber sido mejor de lo que soy. Por ahora tan solo le pido un guiño hacia un camino, hacia un dónde, pueda ir a ser un poco mejor de lo que fui.
Por ahora, me quedan las ganas. Algunas. Las preguntas. La espera. La lucha de cada día por no dejar morir lo poco que ha crecido adentro. Y seguir así, al menos, como un mal revolucionario.
viernes, 22 de agosto de 2014
domingo, 3 de agosto de 2014
Ya fue
Estoy bien.
No necesito escribir de hecho.
Casi no lo hago.
Cierro los ojos y dejo que la música y el sueño hagan su juego.
Pero estoy bien.
Algo grita: "Dénme poesía". Algo adentro. Un animal enjaulado.
Y una parte racional-y-superficial de mi consciencia ríe en el absurdo
de querer poesía en la vigilia.
Y más
en lo propio de intentar escribirla.
Las teclas suenan muy fuerte. Retumban y rechinan, como las mandíbulas de un ratón tratando de doblegar un cable de cobre.
No recuerdo cuando aprendí a escribir sin ver.
(La gente duerme, no todos)
Y algo más aprendí a la entrada del sueño. No sé qué.
Solo espero poder cambiar esto por un plato de garbanzos.
Y dije que no iba a huir, pero huí.
Tampoco soy de los queridos, de los amados. Pero me llevo bien con algunos de ellos.
Lo veo en tercera dimensión de indiferencia.
Desde la vida hacia mi.
Podría haber estado todo bien.
Puede.
Pero,
¿Quien va a entender, si las migajas las dejo en el camino tan-solo para recordar que no me sigues; que no estás ahí?
No quiero terminar
Cerrar.
Como si algo fuese a pasar
Pero estoy bien
Estoy bien
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