martes, 22 de septiembre de 2015

Sin saber porqué

Hola, quiero escribir una poesía, pero no sé por dónde empezar. No sé si mantener la prosa o saltar al verso, si intentar el ritmo o el caos visceral. No sé cual de todos los sentimientos sacar primero y tirar a la pantalla, no sé si arrepentirme de no pensar en el papel y el lápiz, de haberme quedo en la comodidad de las teclas, no sé si ir al baño o no. Si sentarme derecho o no. Si cambiar la música o seguir con Miles, que está ahí porque sí. No, no. No. Realmente está porque no sé porqué.

Quiero escribir una poesía y no me sale.

Bah, ya no quiero. Y no sé porqué.

Pero tampoco quiero borrar todo. Quiero incrustar una gema. Un twist, hacer rodar la tuerca. Que el sol se refleje tras una coma. Dar a entender una fibra de la vida, sin explicar nada. Sin entenderla si quiera. Y no sé porqué.

¿Por qué quiero escribir una poesía?, ¿a quien le importa?, ¿a quien le sirve?, ¿que hace en esta vida una de ellas?, ¿que espacio le queda?

No este, seguro que no este.

Se perderá antes de tiempo, se sentirá violada, desnuda, desgarrada. En la intemperie, sin nada que la proteja. Ni si quiera que le haga sentir que algo vale la pena. Y no sabrá porqué.

Y yo estaré tranquilo, porque me la cagué. Y me mirará sin entender. Pero todo seguirá igual. Porque la culpa. Y ella. Ella siempre fue, y dejará de actuar, y se reirá. Y sonreirá. Y se irá. Y yo quedaré mirando esta pantalla, sin saber porqué.

martes, 1 de septiembre de 2015

Dialogos (en proceso)

- O ellos saben algo que nosotros no, o nos matamos todos. Así, tal cual, como Lemmings al acantilado. Mirá, quizás en eso pensaban mientras caían uno a uno los idiotas, que ese, el de adelante, sabía algo que ellos no. Si me preguntás, la confianza parece ser anti-evolutiva.

- No te pregunté nada, pero tienes un punto. ¿Y si todas estas estas teorías conspirativas de modé son simplemente para hacernos creer que estos putos tienen un plan de fondo?, ¿que todo no puede ser tan plano, tan lineal, que es inverosímil que no tengan un truco bajo la manga, una trampa que les de más beneficios a ellos y unos años más a nosotros?.. Creo que estoy creando una meta-conspiración.

- Me perdiste. Me quede pensando en el acantilado. ¿Te has preguntado de que se ríe la gente en las fiestas?

/Redistribucion del reconocimiento

¿Y cual es mi poesía ahora? (en proceso)

¿Y cual es mi poesía ahora?

Me quedé con un poco del Japón detrás del neón, pero no tengo haikus
Arrastré los árboles y el viento Neo Zelandes, pero no tengo mana
Rocé la sonrisa Sur Coreana, pero no tengo caparazón
Palpé la epopeya China, pero no tengo piedras
Me tendí en el desierto Mongol, pero no tengo una yassa
Y ahora que estoy en las estepas Rusas, no tengo fin.

Recuerdo

El arcoiris dibujado en la arena, flotando entre el cielo y el infinito del suelo de Gobi. Sus nubes, la lluvia, estática, desnuda, lejana. Las dunas disfrazadas de montañas, las hijas del cielo azul eterno.

La ecléctica pulsión de las aceras niponas, la torre de Tokyo imitando al monte Fuji, Los templos en islas sacadas del tiempo, las esquinas que se doblaban en si mismas, fracturando los sentidos. El deseo de la gente en silencio.

Mis manos cuando tocaron con sus palmas, ya ajenas a mi, las piedras del sueño Chino, murallas levantadas trágicamente sobre gritos y sangre, que emergen por sobre lo hermoso y lo bestial de lo humano, que se funden. Con mis manos, con mis palmas. Que se funden, con sus recuerdos cansados, como queriendo volver al útero. Que se funden, en la naturaleza.

Las carreteras, los cerros y los páramos rendidos al cielo más grande que había visto. Los árboles, la lluvia curva, el viento. El viento que tantas veces me llevó por la risa. Que jugo con mi bufanda, que me despertó del olvido. El punto dónde se unían caóticos los mares, el fin, el comienzo de las islas de Nueva Zelanda.

Un color nunca visto en las playas, en las riberas, el verde voraz que hacía de almohada. La noche, la belleza sometida a sí misma, la guerra. El conflicto que sobrevive en rostros y cuerpos, que se tratan de sacudir. Espásmos, entre risas y música. La espera de Sur Corea. La paciencia de la invasión entre granos de café.

Y Rusia, que ahora vivo. La cálida Siberia se recoge en estas horas para escuchar al lago Baikal. Todos debemos acudir a su llamado.

Pero,
Lo que he visto es más puro. Más fuerte. El mundo se ha hecho abrumadoramente inalcanzable para mis palabras.

Ya es otoño, en Moscú

Llegué a Moscú el último día de verano. Llegué con el otoño a mis espaldas, con las hojas resplandecientes, fogosas, que exhalaban con gloria sus últimos colores hacia la ventana del tren.
Y me recibió una ciudad cuya belleza calmó el dolor de la guerra, me llenó con más sonrisas de las que estaba preparado para vivir, y mi corazón se hinchó, en el último día del verano de Moscú.
Soñé despierto entonces, con historias que había visto mil veces, con el misterio de los mundos, y vi continentes uniéndose y desapareciendo lentamente tras la sombra de los árboles, pero el silencio lo habitaba todo, y me amparó la luna llena, de la última noche del verano de Moscú.
No nos dijimos adiós, en el último día del verano.
Y yo la sigo esperando.

Pero ya es otoño, 
acá en Moscú.