¿Y cual es mi poesía ahora?
Me quedé con un poco del Japón detrás del neón, pero no tengo haikus
Arrastré los árboles y el viento Neo Zelandes, pero no tengo mana
Rocé la sonrisa Sur Coreana, pero no tengo caparazón
Palpé la epopeya China, pero no tengo piedras
Me tendí en el desierto Mongol, pero no tengo una yassa
Y ahora que estoy en las estepas Rusas, no tengo fin.
Recuerdo
El arcoiris dibujado en la arena, flotando entre el cielo y el infinito del suelo de Gobi. Sus nubes, la lluvia, estática, desnuda, lejana. Las dunas disfrazadas de montañas, las hijas del cielo azul eterno.
La ecléctica pulsión de las aceras niponas, la torre de Tokyo imitando al monte Fuji, Los templos en islas sacadas del tiempo, las esquinas que se doblaban en si mismas, fracturando los sentidos. El deseo de la gente en silencio.
Mis manos cuando tocaron con sus palmas, ya ajenas a mi, las piedras del sueño Chino, murallas levantadas trágicamente sobre gritos y sangre, que emergen por sobre lo hermoso y lo bestial de lo humano, que se funden. Con mis manos, con mis palmas. Que se funden, con sus recuerdos cansados, como queriendo volver al útero. Que se funden, en la naturaleza.
Las carreteras, los cerros y los páramos rendidos al cielo más grande que había visto. Los árboles, la lluvia curva, el viento. El viento que tantas veces me llevó por la risa. Que jugo con mi bufanda, que me despertó del olvido. El punto dónde se unían caóticos los mares, el fin, el comienzo de las islas de Nueva Zelanda.
Un color nunca visto en las playas, en las riberas, el verde voraz que hacía de almohada. La noche, la belleza sometida a sí misma, la guerra. El conflicto que sobrevive en rostros y cuerpos, que se tratan de sacudir. Espásmos, entre risas y música. La espera de Sur Corea. La paciencia de la invasión entre granos de café.
Y Rusia, que ahora vivo. La cálida Siberia se recoge en estas horas para escuchar al lago Baikal. Todos debemos acudir a su llamado.
Pero,
Lo que he visto es más puro. Más fuerte. El mundo se ha hecho abrumadoramente inalcanzable para mis palabras.
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