Supuestamente después de los 30 uno debería estar concretando cosas. Yo soy lento. Y recién comprendo una que otra. Recién sé.
Sé.
Que no tendré una casa propia.
Que no tendré postitulo, ni Magister ni Doctorado, ni Diplomas.
Que terminaré mi crédito universitario por llegar al máximo de años pagables y no por cancelarlo completo.
Que no aprenderé a hacer aplicaciones ni páginas web.
Que no seré político, tampoco artista.
Que las amistades se pudren.
Que el alma se pudre.
Que siempre encontraré la excusa perfecta para no ser feliz.
Que la mayoría de las veces no necesitaré una.
Que ya no me enamoré y no podré amar a nadie.
Que no escribo bien y estoy lleno de clichés
Que no espero nada de mi familia, y día por medio dudo de su existencia.
Que hay cosas que no soy capaz de decir, pero si de escribir.
Que me quiero ir, a dónde sea, eventualmente siempre.
Que mi máxima aspiración es la paz.
Que no la tengo.
Que el fracaso es una constante variable.
Que no estoy hecho para la soledad, y menos para la compañía.
Que todo me parece un cortocircuito.
Y que, aún así, no logro morir.
Que no soy capaz, aún cuando no veo ningún motivo para seguir.
No soy capaz.
Que más allá del bien y el mal en todo, respiro en el fondo.
A mis treinta y tantos, en esta época de concretar cosas, de pasos gigantes, de madurar, hacer familia o historia, de legados o aventuras, resumo todo mi éxito en esto: no soy capaz de morir.
jueves, 19 de enero de 2017
sábado, 14 de enero de 2017
14 de Enero 2014
Como no encerrar en jirones
la belleza del desgaste,
del ángel caído
Los ojos inyectados de sangre en rostros pálidos
los labios rojos,
y el negro en su pureza, amarrando
entre poros, guiños
a una maldad
sutil,
que te deja vivir
la belleza del desgaste,
del ángel caído
Los ojos inyectados de sangre en rostros pálidos
los labios rojos,
y el negro en su pureza, amarrando
entre poros, guiños
a una maldad
sutil,
que te deja vivir
Jirones de una tela hecha con la seda
que gotea entre los dedos y la impotencia
que asfixia gargantas
para sacar los gritos
y a la vez, llevar aire a los pulmones,
que se entierra entre las uñas y la piel
para renacer el brillo del iris
y plantar con rabia, sonrisas
en las islas, que hace la sangre en el viento
Y reír, como oscuro rincón del pantano
que tiene más vida que sus edificios de cristal
Y explotar
Y explotar
Y explotar
No me vengas con entendimientos
Se caen las tarjetas
Esto se escapa
Y yo aun empujo la energía con las palmas
Impulsando el alma, para sacudirla de mi pegajosa piel
Bailan las manos y tirita el cráneo
Me retuercen las biologías-físicas-químicas
Se me retuercen
Y el alma no se despega
Y la empujo, yo la empujo
Como no querer destruir un poco
Mucho
-un poco más
La belleza,
llevándola allá, dónde me pueda arrastrar
Allá
Desde donde me pueda tirar
Y sonar
Como un colgador de paños que se despega
Que, por fin
Se libera de la pared
Me rehúso a creer que no hay historias para la gente feliz.
Seré un sonido seco.
En todo seré, un derivar
un reventar
un, un, sonido,
seco
y se me irá la vida en ello.
y ganaré una vida en ello.
Y por fin,
Estaré libre
de la pared
que gotea entre los dedos y la impotencia
que asfixia gargantas
para sacar los gritos
y a la vez, llevar aire a los pulmones,
que se entierra entre las uñas y la piel
para renacer el brillo del iris
y plantar con rabia, sonrisas
en las islas, que hace la sangre en el viento
Y reír, como oscuro rincón del pantano
que tiene más vida que sus edificios de cristal
Y explotar
Y explotar
Y explotar
No me vengas con entendimientos
Se caen las tarjetas
Esto se escapa
Y yo aun empujo la energía con las palmas
Impulsando el alma, para sacudirla de mi pegajosa piel
Bailan las manos y tirita el cráneo
Me retuercen las biologías-físicas-químicas
Se me retuercen
Y el alma no se despega
Y la empujo, yo la empujo
Como no querer destruir un poco
Mucho
-un poco más
La belleza,
llevándola allá, dónde me pueda arrastrar
Allá
Desde donde me pueda tirar
Y sonar
Como un colgador de paños que se despega
Que, por fin
Se libera de la pared
Me rehúso a creer que no hay historias para la gente feliz.
Seré un sonido seco.
En todo seré, un derivar
un reventar
un, un, sonido,
seco
y se me irá la vida en ello.
y ganaré una vida en ello.
Y por fin,
Estaré libre
de la pared
jueves, 12 de enero de 2017
12 de Enero 2017
Tapsin, sudor y lágrimas.
Cuando uno ya no sabe dónde termina la transpiración por la fiebre y empieza la deshidratación por el calor.
Y aún así no es lo peor en mi vida. ¿Pero cual es el sentido de decir esas cosas?, ¿qué busca uno con exponerse, siendo consciente de la mirada hostil de ajenos, personas insertas en su propia miseria, o peor aún, en su felicidad enajenante -ficticia o real-?
Escribir, cualquier cosa, es una acción -emancipada y determinada- en el mundo, y como tal, es la búsqueda de un milagro.
miércoles, 11 de enero de 2017
11 de Enero 2017
Entonces
uno se lanza al vacío. Es la esencia, y como tal hay algo de agresivo
en eso, porque el vacío está dentro de alguien también, que te dice que
sí, no o algo mucho más complejo que termina siendo sí o no.
Nunca me sentí cómodo con la violencia, la no consensuada. Podría ser cobardía, podría ser respeto. Podrían ser las dos y el deseo de que todo fuese más sencillo.
Pero a veces uno se lanza. Después viene el miedo, porque no sabes que sigue, por el que dirán, porque no quieres perderle, porque vuelves a estar solo.
Y parece que llueve, pero es solo el viento que hace tiritar las hojas al otro lado de la ventana.
Te vas haciendo viejo, se acaban las instancias. Las ventajas, si es que habían. Creces, en amargura. Vas perdiendo el cómo, asumes la esclavitud del porqué.
Y ya se está oscureciendo.
En el otro lado también me quejaría de que la gente que no quiero se me acercara, se ofreciera. De tener que rechazar, si lo que yo quiero es tranquilidad. Más aún si no paran de venir. Y alguien debe estar ahí, en el otro extremo.
Pero no soy yo.
¿Yo?, yo quiero cruzar, que se den vuelta los papeles. Pero no va a pasar, porque ningún cambio va en contra de la comodidad. Y menos, cuando lo único que resplandece -a veces-, es una limítrofe y esporádica capacidad para sobrepasar el ridículo.
Nunca me sentí cómodo con la violencia, la no consensuada. Podría ser cobardía, podría ser respeto. Podrían ser las dos y el deseo de que todo fuese más sencillo.
Pero a veces uno se lanza. Después viene el miedo, porque no sabes que sigue, por el que dirán, porque no quieres perderle, porque vuelves a estar solo.
Y parece que llueve, pero es solo el viento que hace tiritar las hojas al otro lado de la ventana.
Te vas haciendo viejo, se acaban las instancias. Las ventajas, si es que habían. Creces, en amargura. Vas perdiendo el cómo, asumes la esclavitud del porqué.
Y ya se está oscureciendo.
En el otro lado también me quejaría de que la gente que no quiero se me acercara, se ofreciera. De tener que rechazar, si lo que yo quiero es tranquilidad. Más aún si no paran de venir. Y alguien debe estar ahí, en el otro extremo.
Pero no soy yo.
¿Yo?, yo quiero cruzar, que se den vuelta los papeles. Pero no va a pasar, porque ningún cambio va en contra de la comodidad. Y menos, cuando lo único que resplandece -a veces-, es una limítrofe y esporádica capacidad para sobrepasar el ridículo.
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