jueves, 19 de enero de 2017

19 de Enero 2017

Supuestamente después de los 30 uno debería estar concretando cosas. Yo soy lento. Y recién comprendo una que otra. Recién sé. Sé.

Que no tendré una casa propia.
Que no tendré postitulo, ni Magister ni Doctorado, ni Diplomas.
Que terminaré mi crédito universitario por llegar al máximo de años pagables y no por cancelarlo completo.
Que no aprenderé a hacer aplicaciones ni páginas web.
Que no seré político, tampoco artista.
Que las amistades se pudren.
Que el alma se pudre.
Que siempre encontraré la excusa perfecta para no ser feliz.
Que la mayoría de las veces no necesitaré una.
Que ya no me enamoré y no podré amar a nadie.
Que no escribo bien y estoy lleno de clichés
Que no espero nada de mi familia, y día por medio dudo de su existencia.
Que hay cosas que no soy capaz de decir, pero si de escribir.
Que me quiero ir, a dónde sea, eventualmente siempre.
Que mi máxima aspiración es la paz.
Que no la tengo.
Que el fracaso es una constante variable.
Que no estoy hecho para la soledad, y menos para la compañía.
Que todo me parece un cortocircuito.
Y que, aún así, no logro morir.
Que no soy capaz, aún cuando no veo ningún motivo para seguir.
No soy capaz.
Que más allá del bien y el mal en todo, respiro en el fondo.

 A mis treinta y tantos, en esta época de concretar cosas, de pasos gigantes, de madurar, hacer familia o historia, de legados o aventuras, resumo todo mi éxito en esto: no soy capaz de morir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario