jueves, 14 de mayo de 2015

Llegar

Quiero escribir un poco, eso no más. Lo que viene es consecuencia.

Pero, ¿y qué les digo que no sepan?

¿Qué les digo que no catalice un recuerdo olvidado o un "mira tú"?

No, no. Ustedes no son un problema, y aún si así fuera, no uno mío.
El problema es como llegar a dónde reside el entendimiento.
La caverna dónde la voz se hace eco.
Esa montaña en cada pecho que hace del viento
helado
aquel vibrante y perforador recordatorio de la vida.

Llegar
y tocar cada pulsión de existencia,
la imposibilidad del mestizaje
con los átomos
esa resistencia inconsciente y voluntaria
positrónica-electrónica, antimaterialística
vanguardista, clásica
moderna, artística y billonaria.

Metálica.

Cándida.

Llegar cruzando el páramo de una cerveza, un par de buenas tetas, un programa para reprogramar tras la pantalla.

Los ojos en tinta. La sangre en tinta. La tinta en pixeles.

Yendo más allá de meterla, sacarla y repetir. De agarrar, hundir los dedos, huir y repetir.

Después de arreglar las cuerdas.
Y repetir.

Al final de esperarla.

Después de cuando todos se dan cuenta que la esperamos.

Que diga que sí, o no diga nada
y se deje besar.
Tocar.
Y sucumba, caiga. Se desvanezca.

La verdad del caos.

Que no vendrá
y nunca existió.

Porque sabía que todo era una trampa.

Todo era una trampa
Para llegar.

Para rozar
ese lugar.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Al aire libre



Preso, de la codicia.
Del deseo.
Preso de los impulsos.
Preso de las ausencias.


Preso, pero en una cárcel holandesa.

lunes, 4 de mayo de 2015

Por ahí había un río


Frente a mi hablan en chino. Literalmente.
Mientras espero el momento exacto para irme a dormir

Hoy fui a unas destilerías de sake. Probé unos cuantos. Y me tiré un rato en el pasto por ahí.

Pienso que no tengo muchas fotos con animales. No voy a los zoológicos.

También es difícil ser vegetariano en estos días. En estos lados.

Pero tengo pan.

Hoy saqué basura de un bar abandonado por más de 20 años.

Y por ahí había un río.

Canaletas



Esperaba que siguiera sacándolo de mis ojos
y llevándolo por dos canaletas con hojas rojas
perfectamente cerradas

Seguí esperando 
que el cielo
succionara lo podrido

Pero se estaba haciendo oscuro
y ya no sentía 
no había movimiento tras la mirada
no había nada
que acabara con aquello rancio 
que se asía, pesadamente
a las puntas de lo quebrado 
que se hizo, por las brechas de lo trizado
por la pérfida esencia que se instaló 
en los huesos
que entró por las rasgaduras, los desgarros

Pasar por debajo de un puente 
ya era un martirio

No ver el cielo

¿Y ahora que iba a hacer
si ya no había más ayuda
ahora que nadie, nada 
aguantaba lo putrefacto que
manaba de mis ojos?

Quizás no era la oscuridad
quizás el cielo se había llenado

Y una poderosa marea se ensañó con mi consciencia
la violencia, la pasión de la envidia
la fuerza de lo miserable
el vendaval del cansancio

Me arrastraron
fuerzas superiores

Me mecieron en su huracán
que no paraba de dar vueltas
me acunaron en su tormenta
poderosa, omnipresente 
y se encerraron con todos los silencios
en el peso de mis labios
se acuartelaron, con todos los miedos
en la sombra de mi rostro

Y seguí 
porque
No sabía como llegar
Y seguí
porque
No sabía como quedarme

Y seguí
destruyéndome
desarmándome
a cada paso