lunes, 9 de agosto de 2010

Indiferencia Nerviosa

Hace poco pensaba en que aún no se que haré mañana. Y que -por lo demás- me he transformado en alguien lo suficientemente estúpido como para no encontrar la felicidad en ello.

Aparentemente perdí la Fe en la incertidumbre.

Pero hay algo más. Eso no es todo. Tengo una sensación de indiferencia abrumadora, de apatía, pero un tanto asustada. Nerviosa.

Es un algo que reconozco, sé que esta ahí, pero con su vida aparte. Como si fuera de otra persona. Como si se pudiera escuchar, pero no ver. Es una sensación que viene de algún lugar hacia ese adentro profundo, si le sigo el rastro, pero si la toco es como una segunda piel.

No me alcanza el entendimiento, y por lo mismo la única opción restante se hace evidente.
Es como se siente la vida tras un corazón destrozado.

Sonrío, me enojo, también lloro por casualidad. Voy al cine o salgo a comer. Invento nuevas ironías, repito viejos chistes. Converso, camino, olvido, recuerdo, hiero y me callo.

Todo es normal, lo de siempre, en la calle y en vos.

Pero es el paisaje el que se ha transformado. Ha cambiado drásticamente.

Todo esta un poco más lejos, más distante. Desfasado. Escindido de la realidad.
Todo tiene su cuerpo acá, pero parte de su alma esta en otra dimensión, como una sombra de más, o una visión en el desierto, que no se decide nunca a ser mentira o verdad.
Todo tiene menos olor, menos sabor, nada se ve como debería, nada se siente en plenitud. Está todo un poco adormecido. Y yo sigo intentando volver a mi lugar.

Nunca pensé que fuera tan terrible, tan tranquilamente terrible, haberme enamorado así.
Nunca pensé que me seguirías hasta acá.

El daño es a nivel estructural.


Y la vida sigue, yo sigo. Pero, simplemente, ya nada es igual después de ti.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Una vez más

Nuevamente rondan las 3 de la mañana, y aun no es tiempo de usar viejos recursos, escritos antiguos. Algo me dice que esto debe seguir siendo sobre hoy, como ayer, como mañana. No mucho más lejos que eso.

La precaución de no alejarse mucho de la vida y su momento, como el niño que mira para atrás cuando va unos pasos adelante de su madre. Lo extraño es que -justamente- éste momento, es uno de los menos creativos que he tenido jamás.

Estoy cesante desde la semana pasada y, por mientras, espero a que me den la fecha para defender mi Tesis. O sea, no hago nada en particular. Hace días que no produzco, no leo nada interesante, no compongo canciones, no escribo, no estudio, no nada.

Por twitter leo que a esta hora ya van 3 réplicas fuertes del temblor en Concepción. La primera fue de 5.8 en la escala Richter, la segundo fue de 5.2 y la otra más débil parece, pero no dejan de asustar.

Veo como el terremoto tiene réplicas hasta el día de hoy, y siguen sin solucionarse los destrozos, en las vidas y las almas. Yo un tiempo grité, literalmente, porque había gente que no entendía que los voluntarios en el sur, a semanas después de que todo ocurriera, seguían sacando cuerpos de las playas.

No entendía como no veían que el frío venía. Las enfermedades, el desamparo. El hambre. Como no veían. Hasta que de un momento a otro, me doy cuenta con el tiempo, que mi voz se apagó. Como habiendo cruzado el umbral del dolor, nunca volví a pensar en ello, a hablar de ello, a trabajar por ello, como lo hice durante meses. Y yo también dejé de ver.

Hoy sólo pensaba en que estoy cesante, que tengo una Tesis que defender, y que tengo un bloqueo creativo.

Cuando estás perdido, cuando te sientes atrapado en ti mismo, amarrado por tus frustraciones, a veces pasa que te topas con algo que derriba las murallas que te impiden mirar hacía afuera. Y de cierta manera, se libera lo tóxico que uno encierra adentro. Te despejas.

Pero nadie quiere que le derriben las murallas tampoco, pues en el fondo son protectoras. Nos defienden de lo externo. Nos cuidan.

Y es que, aunque lo interno sea una cárcel, nunca se deja de temer el hecho de mirar tras la cerca, y sobre todo de darse cuenta, tras una simple mirada, de lo injusto que uno es con la vida.

martes, 3 de agosto de 2010

Inicios

Esto empieza nada menos que cuando tiene que empezar, 10 para las 3 de la mañana.

Y parte con una aclaración: No soy un genio. Pero quisiera serlo. Quisiera, y a veces lo intento de verdad.

Ahí está la comedia.

Hoy pensaba si acaso debería escribirles de Él, que se masturba con música romántica, y nunca deja de terminar sin pensar en Aquella. O contarles de Ella, que se da vueltas por su pieza tratando de encajar las palabras de su libro, que lleva 3 años y sin terminar. O de Ellos, que descubrieron la formula mágica para mantenerse unidos: descargarse y cagarse con/en el mundo, criticar a los demás antes que asesinarse entre Ellos. Pero no, no es tiempo aún.

Hoy empezaré por mi. Por presentarme.

Nunca me han gustado las definiciones, rehuyo de ellas, matan, limitan, encierran y encarcelan a falta de más sinónimos. Pero de que las tengo, las tengo. Otros se encargan de eso y, tras el extraño ejercicio de escuchar, he logrado descifrar algunos de los puntos comunes:

Estoy loco.

Eso.

Ahora, ¿que tipo de loco?, bueno, ese es un descubrimiento a largo plazo.

Escribiré pulsionalmente, sin y con sentido. Éste Blog no tiene futuro en particular, solo ambiciones amorfas, quiere ser leído histéricamente. Porque sí.

Y quizás también porque cree que tiene algo que decir, algo que quien sabe sí, o sea, podría ser que, tal vez, porque no, resultara en una de esas, que... valiera la pena ser leído.