Esto no es poesía.
Es mala poesía.
Lo sé, y sigo. ¿Que más puedo hacer?
Ni si quiera honestidad hay en esto
Lo crudo de mi historia
No sirve ni para envolver pescados
Es alergia envasada
Mi honestidad es de élite, sin serlo
Es blanca, sin serlo
Es americana, sin serlo
Es repetitiva.
No soy de allí, ni de allá
Y menos
de donde están los que no son de allí
ni de allá.
Me corté las uñas
Soy la antesala de la analogía
del sol de invierno
tengo más confusiones que certezas
sin el orgullo postmoderno
de estos días.
Y estoy cansado de los lamentos
pero es lo que tengo
Es lo que tengo.
Y ya abiertamente busco ojos nuevos
algunos ojos
y no hay nada
7 personas.
Quizás menos
¿Quien lee?
¿Quien vive?
¿Quien -me- vive?
Y no tengo mucha moral
para preguntar
no sé quien eres.
Solo pongo una canción
una y otra vez
Y espero ser bendecido
sin motivo alguno
porque la vida es injusta
y el sinsetido tiene mas de un camino
Y espero ser bendecido
para que todo salga fácil y bien
tras un chispazo
que lo cambie todo
Una palabra
que cambie vidas
La Vida
Pero si soy honesto,
-cosa que no soy-
diría que que el tiempo ya se perdió
que llegamos tarde
que solo queda salvar el honor,
y hacer el ultimo gol,
tras recibir una goleada
Si soy honesto,
cosa que establecimos ya
no es mi fuerte,
diría que me conformo
con un abrazo cálido cada noche
al ir a descansar
y una mirada
cómplice
porque siempre hay tiempo para algo más
y si me permiten agrandar el combo
le pondría una sonrisa
y algo de violencia animal
dulce y amargo
y un poco más
No es mucho
Es solo
-en resumen-
no tener que alojar preguntas
que solo se hacen
cuando ya se tienen las respuestas
Es solo
-sin resumen-
tener un millón de ojos
concentrados en un par
..O un millón de ojos,
-en su defecto-
para entretener
con la historia
alegre y desdichada
de lo que nunca tuve
sábado, 28 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Hay algo más
Esto de viajar, no es para ser feliz.
Así como esto de escribir.
No. No todo es llegar al otro lado
Pulsiones
Cazar sueños
Desnudar dudas
Y -por sobre todo-,
abortar arrepentimientos
Hay algo más que la felicidad
¿Quizás la paz?
Una sanidad. Pero más sucia.
Entre tanto
Las noches siguen siendo iguales
Y se hace necesario buscar
Olores para dormir
Sonidos para sentir
Imágenes para abrazar
Colores, para la cordura
Profundos e intensos, colores.
Hay algo más,
Insisto
Y menos
Que huir
Que esconderse
Que saltarse los días y esperar
Tropezar
Dile a ese algo más
Que quieres morir
y te dará una razón para vivir.
Que quieres vivir, y te dará una razón.
Dile,
Que no tengo talento
Pero tengo ganas
Dile que,
Entre tanto
Necesito pasar la noche.
Y
no hay colores.
Dile.
Hay algo más.
Un latido, más.
Es solo
un latido más.
Giros
Que alguien se alegre de, necesite tú, egoísmo.
Incluso que lo anhele.
Amor. La transmutación de un vicio en belleza.
Es enfrentar el desamparo de la muerte con la ausencia de la razón.
Una dulce ausencia.
De esas que se dan por la presencia de algo más.
Un algo demencial.
Y en la demencia lo hermoso no es más que un prisma.
La materia elemental, lo que subyace, es el horror
y lo demás solo un giro.
No.
La materia basal de todo esto, es nada. Todo. No hay predominancias.
Solo giros.
Giros y las relaciones entre los factores.
El horror es lo que fue bello alguna vez.
La belleza es lo que fue horrible alguna vez.
Y sé que no tengo razón.
Es una espiral más retorcida la realidad.
Pero no estamos para lógicas.
La razón se fue cuando empezamos a hablar de ésto.
De alguien que desee tu egoísmo, porque tiene su apellido.
Un egoísmo de a dos
esquizofrenia y/o amor.
obsesión y/o amor.
desconfianza y/o amor.
odio, y/o, amor.
Sin ensuciarse, no hay placer.
Sin abrazar lo estúpido de nuestra naturaleza,
no hay felicidad.
Hay que estar un tanto enfermos para estar sanos.
Como las bacterias en el estomago.
La flora intestinal.
Flora.
Mariposas.
Estómago.
Es
La pastilla que está bien tomar.
La trago que está bien beber.
La droga que está bien inyectar.
La muerte que está bien invocar.
El cigarro que está bien fumar.
El silencio que esta bien mantener.
El insulto que esta bien decir.
El castigo que esta bien infligir.
La puerta que esta bien cerrar.
Amor.
No puedes ser perfecto.
No puedes intentar ser perfecto.
Pero te puedes ir, con lo que está bien.
lunes, 23 de junio de 2014
Preguntas para palabras que pueden hacer seppuku
¿Porqué me van a recordar?
¿Me van a recordar?
¿A quien le importa?
¿Hueles el chocolate?
Yo, un poco.
Nadie quiere palabras deprimentes, que los apunten con el dedo o que les griten en Arial 12.
Todos buscan un poco de sabiduría, un buen consejo o una frase pegajosa. Algo que muestre ingenio.
Trabajo.
¿Todos, casi todos?
Nos metieron hasta el fondo el pico de la productividad. Y no en el ojo.
¿Ha sido una tarde productiva, una semana productiva, una etapa productiva, una vida productiva?
Y no es cierto, no. Que no tengamos nada que perder.
¿Sería fácil también un silogismo sobre ganar?
Lo que sí-no tenemos, es el juego. Un juego.
¿No será "ese" juego sobre, ante, para lo que sirve ser libres, iguales, fraternos?
¿Y de que sirve servir?
Podría deconstruir algo, y así al menos tendríamos un puzzle. Un otro juego.
Pero la mierda está tan lejos, tan cerca, una y otra vez, como una marea inyectada en esteroides.
Son disparos. Y cada culatazo es una idea. Y cada explosión una idea más. Y la pistola, es otra idea. Y los blancos, son ideas. Y las balas.
¿Cuantas balas se necesitan para cambiar una ampolleta?
Aún le tengo miedo a tantas cosas, hablando de oscuridad. Pero no al miedo.
No le tengo miedo al miedo.
Porque no me gusta que me digan lo que debo hacer. Pero pago mis impuestos. O lo haría, si tuviera que hacerlo. Porque hago lo que me dicen que tengo que hacer.
Pero no le tengo miedo al miedo.
Quizás porque no me lo han dicho con mucha fuerza. Que debería.
¿Debería?
Dejemoslo así y brindemos, en copas de narcisismo. Y cuando haya podado los árboles y abierto el camino de la selva, se les regalará algo en el hall de la entrada.
Un cuento. Un libro.
Probablemente, realmente, no sea un regalo. Pero podría serlo.
Por ahora no tengo mucho más que preguntas para respuestas que no aclaran. Que tiñen.
Para palabras que pueden hacer Seppuku.
Y dejarme como su Zeppitsu.
La última pincelada de una duda que no valga la pena.
¿Que buscas acá?
¿Me van a recordar?
¿A quien le importa?
¿Hueles el chocolate?
Yo, un poco.
Nadie quiere palabras deprimentes, que los apunten con el dedo o que les griten en Arial 12.
Todos buscan un poco de sabiduría, un buen consejo o una frase pegajosa. Algo que muestre ingenio.
Trabajo.
¿Todos, casi todos?
Nos metieron hasta el fondo el pico de la productividad. Y no en el ojo.
¿Ha sido una tarde productiva, una semana productiva, una etapa productiva, una vida productiva?
Y no es cierto, no. Que no tengamos nada que perder.
¿Sería fácil también un silogismo sobre ganar?
Lo que sí-no tenemos, es el juego. Un juego.
¿No será "ese" juego sobre, ante, para lo que sirve ser libres, iguales, fraternos?
¿Y de que sirve servir?
Podría deconstruir algo, y así al menos tendríamos un puzzle. Un otro juego.
Pero la mierda está tan lejos, tan cerca, una y otra vez, como una marea inyectada en esteroides.
Son disparos. Y cada culatazo es una idea. Y cada explosión una idea más. Y la pistola, es otra idea. Y los blancos, son ideas. Y las balas.
¿Cuantas balas se necesitan para cambiar una ampolleta?
Aún le tengo miedo a tantas cosas, hablando de oscuridad. Pero no al miedo.
No le tengo miedo al miedo.
Porque no me gusta que me digan lo que debo hacer. Pero pago mis impuestos. O lo haría, si tuviera que hacerlo. Porque hago lo que me dicen que tengo que hacer.
Pero no le tengo miedo al miedo.
Quizás porque no me lo han dicho con mucha fuerza. Que debería.
¿Debería?
Dejemoslo así y brindemos, en copas de narcisismo. Y cuando haya podado los árboles y abierto el camino de la selva, se les regalará algo en el hall de la entrada.
Un cuento. Un libro.
Probablemente, realmente, no sea un regalo. Pero podría serlo.
Por ahora no tengo mucho más que preguntas para respuestas que no aclaran. Que tiñen.
Para palabras que pueden hacer Seppuku.
Y dejarme como su Zeppitsu.
La última pincelada de una duda que no valga la pena.
¿Que buscas acá?
Ese lugar en el sofá
No es caer en la apatía. No se cae. Uno se recuesta cómodamente en medio de un lugar cálido, como un espacio del sofá que ya ha sido adoctrinado filosóficamente para recibirte.
Por lo mismo, a veces, le doy gracias al dinero. A la puta necesidad de tenerlo, de tener que moverse por él. Lo mismo con la caza, o la agricultura en otras eras, otras vidas.
Si, le doy las gracias, como se le agradece a un maestro que te enseñó a golpes una mala lección.
Es lo confuso de estar tan familiarizado con el silencio.
Tengo vocación de invernar, y desaparecer en medio de la gente. Vocación para no responder. Para no reír. Para no llamar la atención, estando en el rincón. Tengo las ganas, el anhelo, pero no el talento.
Y no necesito más que una ilusión en 5 pulgadas. Ni si quiera un plasma. Rayos ni centellas. Solo echarme a morir y vivir. Podría. Pero no tengo el talento.
Olvidar el sol, los paseos, las conversaciones. Lo que esperan de ti. Lo que no les importa. Lo que no importa. Fingir otras realidades, descuadrar las horas, mudar el cuerpo.
No quiero que me jodan, que se metan conmigo.
Quiero paz, que se lleven sus miradas, sus parámetros, su bien y mal.
Tengo sueño, siempre sueño.
Nunca dejé de aprender nuevas formas para necesitar escapar.
jueves, 19 de junio de 2014
En este nuevo adiós
En este nuevo adiós te regalo lo mejor que puedo dar de mi.
Te regalo mi silencio, tu razón.
Es tuya, la última palabra.
Colibrí
Lo que más temo, más que la muerte. Más que la rutina. Más
que el silencio. Más que el desempleo. Más que el olvido. Más que el lugar
común. Más que la calvicie.
Lo que más temo, es ser un hijo de puta.
Devenir en un infeliz, un manipulador. Que en su avidez por no hundirse en su miseria, aplasta los sentimientos de otros.
Tuyos.
Y lo temo, porque soy consciente de su realidad, de lo fácil que puedo llegar a serlo. Solo necesito distraerme un poco, no prestar atención
unos segundos, dejar que se desborde el ego.
Temo hacer daño.
Te.
Y temo que me dejes, aunque digas que el abandono no existe,
porque no somos de nadie.
Aunque ya no estemos juntos.
Temo estar encerrado, atrapado entre no sentir lo suficiente
como para hacer lo que debería hacer, y sentir lo suficiente como para hacer lo
insuficiente.
Temo ser cruel, vistiendo
de arrepentimiento y consciencia tardía las faltas, las heridas.
Pero por sobre todo temo, en esto de ser un hijo de puta,
despertar un día cualquiera, y darme cuenta
despertar un día cualquiera, y darme cuenta
que te amé.
martes, 17 de junio de 2014
Recurrente impermanencia
Ya sabes, cuando las emociones te
obligan a escribir. Cuando algo gatilla en ti una reacción inevitable, un acto
reflejo. Lo difícil es buscar la forma en que no se escapen los efectos, lo que
hay que plasmar.
Es una batalla contra los gusanos que salen desde su propio Samsara para asfixiar los ojos, apretar el pecho y lo que puedan agarrar del corazón, para
envolver las luces que habitan entre las costillas y la piel, para hacerse nudos
desde la garganta al esternón.
Y cuando los tratas de atrapar en
palabras, se escabullen. Y vuelven. Vuelven a volver.
Su impermanencia es recurrente.
Un juego.
Y yo me pregunto cuales son los
motivos, qué provoca esto. Las penas envueltas en miedos, como hojas de parra y
arroz. Y voy al árbol y voy al arrozal. Pero ahí están. Los gusanos, cálidos y
luminosos gusanos, con sus nudos que no se desatar. Y sus trampas, las trampas.
Que vienen de antes, de los lados; no sé si ya caí, si ya salí. Son capricho. Trampas hechas para tramposos.
Solo un hachazo a la realidad,
como espada de Magno al nudo Gordiano, y así explotarían las respuestas,
manchando de preguntas el cielo. La alfombra. El árbol. El arrozal.
Incurable, inquerible. Palabras que
quedarían huérfanas.
Y la intranquilidad.
Pero, de momento, mi
desesperación sigue siendo ropa para otros. Neblina que envuelve a las
personas. Bruma de deseo, donde todas las ilusiones se conjugan y día a día,
van creciendo de espinas.
La sangre que dejo en ellas es
buena señal, advertencia para el olvido. Pero la neblina es curiosa armadura, y mis trajes son harapos, trazos ajados de confianza, vergüenzas y decadencia. Debajo de ellos el pelo se cae y crece en desorden, en su orden, los dientes se
extinguen, la espalda se encorva. Y ya no necesito el paso del tiempo.
Morir, es solo cosa de no prestar
atención.
Siguen por mientras los gusanos
en su danza. Y poco a poco pierdo las esperanzas de poder decir lo que quiero.
De encontrar cura, claridad.
Invoco el soplo infinito del
viento, que arrastre todo, que se lleve a los gusanos, dejando que su seda
cubra el silencio.
Aún peleo.
Y parece que la victoria esta
tras el final de esta página. Después de estas palabras.
Un poco más cerca del sol.
Un poco más cerca del sol.
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