miércoles, 23 de julio de 2014

Rabia podrida

Tengo rabia. Rabia podrida. Pienso mucho y no sale nada.

Soy un Chile-Cliché: Se trabaja mucho, poco se hace. Y aún así esta el cansancio, el stress y no sé a donde va a parar todo lo de entre medio, lo que debería ser algo.

Y el maraco -en el real sentido de la palabra- siempre termina con una mina. Ese es el titulo de la vida. Y yo no sé que hacer para dejar de mirar. Todos quieren un poco de atención y yo la doy. La regalo, la caficheo ad honorem.

No estoy a la moda, nunca. Y hablo de las anti-modas y las cosas que escupen a las modas, y las formas y las siluetas y las sombras que envuelven lo que esta demasiado bien como para rebajarse a asumir que es lo correcto, lo adecuado, lo esperado, lo anhelado, el puente hacia. Lo pertinente a tiempo y momentos.

No sé porqué mierda decidí tratar de no ser nada. No sé porqué la coincidencia. El milagro probabilístico - sin sentido alguno-. No sé porqué, lo que quise, calzó arbitrariamente con lo que fue. Lo que es. Porqué hay/soy/estoy nada.

Nunca continué. Siempre me moví. Tal vez sólo una vez me quedé. Tal vez solo una vez no volví a no volver.

Pero si voy a las excepciones nunca sacaré esta rabia.

Tal vez solo una vez todo. Tal vez nunca nada.

Quisiera haber parcelado mi mente en algún momento. Calmado la angustia de no abarcarlo todo y girar violentamente el timón que, en cambio, siguió su curso, hacia la ambigua incertidumbre. Más allá de las sirenas y los cíclopes. Al fondo, y a la derecha, de donde yace la honesta incertidumbre.

Debería haber terminado de estudiar en un colegio privado, y enfatizado más mi apellido extranjero. Haber entrado a una universidad bien, como la católica, o una cota mil. Salir con chicas lais y haber desechado participar de alguna juventud política, porque eso es para lateros.

Debería haber recorrido los barrios altos, aprendido a manejar, tener ropa sin hoyos.

Debería haber escogido un bando. El otro bando.

Debería haber mantenido un mismo grupo de amigos desde la infancia, con casas con piscina, con planes de vida pre-fabricados y viajes por venir. Viajes por viajar.

Debería haber ido a misa todas las semanas con una familia bien constituida, hacer Eje, confirmarme, haber entregado unas ilusiones e ido donde unas cuantas putas.

Debería haber intentado sonreír en las fotos. Y haber supuesto que todo lo que hago/digo es importante. Comunicar, mostrar, fotografiar, twitear todo. Todo. Porque en esta vida se es marca mas que persona. Y el que no lo entiende se esta devaluando.

Debería saber del mercado de acciones. De la bolsa.

Debería no interesarme lo que piensan las mujeres, pues para conseguir alguna eso no es necesario. Y hablando de eso, no debería cuestionar el tema de la propiedad bajo ningún aspecto.

Debería decir que los pobres lo son porque son flojos, que hay oportunidades en cada lugar si uno las sabe buscar. Que todo el resto son palabrerías y excusas.

Debería ir a los after office, usar terno, conocer las discos, jalar un poco más que un poco. Tomar etiquetas, negras, rojas, blancas. Tener una mano con buenos pitos, mas de alguien a quien decirle zorrón. Una colección de películas originales. Más consolas y juegos de los que puedo jugar. Un plasma.

Debería negar mi pasado, reconstruir todo.

Y es que si hubiese sido -si fuera- lo que odio, tal vez al menos tendría paz. Sería algo.

No espero que lo entiendas, son los fantasmas. Incluso lo más inverosímil cobra cierto sentido cuando estás solo, conversando con ellos. Como el que dejen un poco de perdón en las paredes cuando se van. Pero eso sí que no es común.

Mírame. Tomé tantas decisiones equivocadas, decidí que tantas decisiones estaban equivocadas, justifiqué tantas equivocaciones tan decididamente, que me mareé. Es sencillo, muy sencillo, pensar que todo está mal. Que todo fue un error.

Cuando el mundo da vueltas entre circunstancias y recuerdos.

Quizás mi alma llegó torcida.
Quizás nunca entendí lo que simple
era y significaba.

Por eso insisto, estoy podrido por una rabia que tengo. Una rabia putrefacta. Podrida. ¿Lo dije ya?, es algo un tanto recursivo esto. Puede ser a estas alturas que el cansancio sea la mejor cura. Sintomática, sí, pero todos toman paracetamol. No me vengan con paraísos.

Tengo frío.

Y quisiera ser bacán. Y no lamentar nada. Y no tener frío. Y hacer algo. Y escribir bien. Y abrazar a alguien. Y vivir.

Y no olvidar que olvido tan fácil. 
Que sonrío tan fácil.

No quiero terminar.

No debería haber empezado.

Pero ya llegué aquí.




...Puta la wea.




viernes, 18 de julio de 2014

Quizás no hay que dejar nada




Quizás no hay que dejar nada.

Tengo hambre y no me levanto, en el camino hay gente que no quiero ver. No tengo don de gente. No tengo don. Me vacié-de talento. Lento soy. Lento aprendo, si es que prendo. Los cables se funden. No creo, siento, no pienso. No, pienso. Solo pienso. No, lo demás. Noabsoluto.

Nobailo. Nocanto. Noescribo. Noquiero. Solo viento.

Y abajo, licité la paciencia. Prostituí las ganas. Hipotequé la pasión. Sobrevendí la vida.
Mi vida.
Si todo sigue así, van a cancelar la función.

¿Yo?, no. Yo no salgo en las fotos.

¿Besos?

Borro las letras que hablan de otras muertes. No hay respeto en ellas. Tengo demasiada procesión tras las uñas como para ahuyentar la simetría perfecta de la culpa. Lo quiero, lo dejo pasar. Pasa. Pasó. Pasa.
Un fracking de cristianismo maldito (en) mi alma.

Mi vocación es jugar en Facebook.

No tengo nada más.
Quizás esta bien.

Quizás, no hay que dejar nada.

Quemar todo. Salar la tierra, arrancar el pasto con el dedo gordo del pié. Solo por webiar.
Irse a dormir.
Trabajar, o no. Alargar el cuento, rellenar espacio. O no.
Irse
Y no dejar nada.

Puede ser, que me toque
No

dejar

Nada





Y arriba, solo viento.




viernes, 11 de julio de 2014

Una historia

Una historia.

Los dos caminaban por la falda del cerro, uno de esos con arbustos tirados como por un puño gigante y artrítico, con un piso pintado de verde a brocha gorda. A uno se le cayó el yogur y mancho el suelo y el sofá con la cuchara que tenía adentro. El envase al menos estaba casi vació. Cuando se movió para recoger la cuchara y el envase botó sin querer el control remoto, se cuasi agachó esta vez, pues tan solo llevaba medio camino de vuelta y agarro el control remoto entre las manos con yogur, envase y cuchara. Tras una intensa pelea con el desastre, dejo todo en algo ubicado unos buenos grados más abajo de lo que podríamos considerar orden, pero era suficiente. El movimiento final, y probablemente inducido por todo el conjunto de los previos movimientos, provocó un sonido eléctrico en el adaptador y la salida de esas temidas chispas azules. El adaptador, que estaba colgando a su lado, cayendo a la altura del segundo asiento de los tres que tiene el sofá, era antiguo. Y a veces los movimientos bruscos derivaban en un recordatorio bastante notorio de aquello.

Tardo un tiempo en darse cuenta que no era dos, sino solamente uno, y que no estaba en un cerro, aunque en realidad todavía tenía ciertas dudas razonables acerca de ello. La realidad puede ser demasiado retorcida en algunos casos, y las probabilidades dan para todo. Incluso para la posibilidad de que en el fondo de para casi todo y no todo, como una recursividad asistida. Asistida por la futilidad y el ocio. 

-¿Entonces qué?, se preguntó.

Esa costumbre de partir con preguntas. Aunque sabia que no partía, que ya había empezado esto antes y que aún así tenia razón en su alegato.

Cerró los ojos y se puso a contar. No era para saber del paso del tiempo, era simplemente la cosa que tenía más a mano. A mente. Repentinamente quebró el silencio con una risa estruendosa. Era un manco que recién descubría que no tenía manos. Las tenía. Pero así se sentía. Casi podía ver el vació después de los muñones, a la altura de los codos. Un poco más arriba. El cerro. Se miraba así mismo pensando que podría haber hecho allá.

La simbología de subir la cumbre, como el esfuerzo cotidiano de tratar de sobrepasar los obstáculos que se van haciendo más complejos por el desgaste y el camino, como dos máscaras totalmente distintas y al mismo tiempo profundamente relacionadas. Tenía que ver un poco con Sísifo, sabía, pero no era solo eso. Estaba el verde también. Es hermoso el verde, sobre todo el de un cerro.

Estaba cómodo, muy cómodo en la duda. La duda perpetuaba su existencia, y la duda podía ser eterna. No quería vivir para siempre, pero tampoco anhelaba un final temprano. Nunca se lo había cuestionado, pero ciertamente sabía que no lo quería. Quería saber hasta dónde podía llegar, en que podría terminar, quería saber, qué hay en su destino. Qué, esencialmente, está después de su destino. Quería ver exponencialmente en el futuro, sin necesidad de moverse en el tiempo. Era un aventurero, de eso se estaba dando cuenta.

La música le hacía danzar con facilidad, había percatado su existencia, repetitiva existencia. Pero al nivel de la redundancia del aire. Se creyó pájaro, y alzo sus alas para sentir el viento debajo de ellas y avanzar. Y conquistar. Volar. Nunca la palabra conquistar le había sonado más bella, que en ese momento, en que describió su relación con el aire, con el viento, con el momento, con la resistencia y lo que cede. Lo que se entrega en cada centímetro que pasa. Era profundamente dichoso, aunque la tendencia lo hiciera pensar primero en la palabra desdichado y después buscar su antónimo, como si se tratara de una traducción que hacer, pero no desde un idioma a otro, sino desde una vida a otra vida.

Sabía que ese camino era peligroso. Así que eligió otra senda, y siguió volando. Con la sutil sonrisa, que es más bien una mueca, de la satisfacción en el rostro. Un tatuaje de su voluntad dibujado con la comisura de sus labios.

Se arremangó las mangas, y se las volvió a bajar. Respiro profundo. Pensó en parar y continuar después. Creía en la reencarnación. Si, si creía. Sabía que era compleja. Una apuesta, a decir verdad. El mar, el oleaje, es muy inestable, y sus figuras son dibujadas por la cresta de las pequeñas olas que llegan a la orilla de una playa, una de arena mestiza. Había mucho que temer, pero no temía. Se entregaba, mientras seguía volando y recordaba su niñez en esa playa, en esa orilla. Su niñez que se hacía a si misma, en cada instante, mientras sostenía su sonrisa de profunda y trascendental satisfacción.

A estas alturas, a esa altura, ya podía llamarse una historia.

Y se fue volando, en dirección a algo muy parecido al horizonte, pero que no lo era como tal, abarcaba un poco menos, era más estrecho. Pero abarcaba un poco más de otra cosa también, de celeste. De profundidad. Se fue volando. Pensando suavemente en la resurrección, tal como va un suspiro acompañando un viento fresco de verano.


miércoles, 2 de julio de 2014

Un cuarto, sin boletos



Perpetrar la condena
Y amasar en el aire la voluntad
para salvar un poco
a tanta lluvia

Buscar la fuerza
de quien se deja permear,
la verdadera fuerza

¿Siempre hay una semilla a punto de explotar?

Podría pasarle un paño a las circunstancias
Por encima
o como préstamo
Y aún quedaría la pregunta

¿Siempre hay una semilla a punto de explotar?

No quisiera reagendar el destierro
Aunque no deja de ser intrigante
la copia de la arena
la imagen honesta de la tormenta
Mirar, en el espejo
las raíces del reflejo

La curiosidad apura.

Es el flujo que sigue
quien busca acomodar la forma
de la común inteligencia
la esencia de la supervivencia
a una lotería

¿Que es lo cierto?
¿Lo que logra?
¿Lo que resiste, tal vez?
cualquiera puede ser derrota o victoria
mientras haya vida
, la casualidad,
de la vida

¿De que sirve entonces?
No sirve,
diría
pero es
y lo es casi
todo

Intentar comprar todos los boletos.

El crepitar del fuego calma las aristas
las esferas se entregan
las líneas
los puntos
se ablandan
el universo se ablanda

Quizás imaginé la empatia
quizás
si hay un lugar

Compartamos un cuarto
y aprendamos a vivir
leyendo libros
escuchando música
viendo películas

contando historias
ensamblando mitos
navegando redes

fumando aire
bebiendo agua
comiendo tierra
inyectando fuego

Compartamos un cuarto
Y aprendamos a vivir
con la puerta cerrada

Compartamos un cuarto,
Y enséñame a no
ser otro

Enséñame
sin mundo

sin ti

sin mi






martes, 1 de julio de 2014

En el potro (la vigilia)



La resistencia al sueño
Subvivir
Extender la vigilia con el cuerpo sucio
Y el olor cansado
-
Porque las pesadillas
son más devastadoras
con los ojos abiertos

Soñamos
Despiertos

Nunca supe sonreír
No tengo los colores
El nacar,
el perla
Son residuos tragicómicos

Aún no aprendo a sonreír
Y las fotos se deshacen en el intento

Monstruosidad
es ver
Que es más cómoda la tristeza,
que sienta mejor
La desesperanza

Arreglaría la pesadilla para aflojar el contexto

Mas nada puedo hacer ya
es inevitable que se pudra la piel

Nunca quise tanto horror
el lamento
y el futuro,
inmerso en miseria y banalidad

Sangro vagamente

Sangra mi rostro

Son las uñas del tiempo
rasgaron mi alma
mi alma

marchita la alegría
Sigo, sobreviviendo en una torturada vigilia
extendida de brazos y piernas
En el potro
Mientras giro y giro la manivela
sus lágrimas se hacen palabras
y se derraman por esta tela
cruel
voces imploran paz
exigen
que les den paz
Las suplicas se confunden
Y lastimo -solo- la sombra de mi noche
pero en la oscuridad
Todas las desgracias son hermanas
somos
hermanas

 Desolación
es poder sonreír
en estás circunstancias

Solo desolación,
desde que perdí
Me abandono
la locura

Desde que
el amor
se convirtió en una parte más del llanto
en la tortura

Desde que yo
devine
en Su
sádico

Solo desolación

Pequeña pesadilla
terror nocturno
con la luz encendida

Ojos abiertos
machacando
los restos de la voluntad
de la vigilia