viernes, 18 de julio de 2014
Quizás no hay que dejar nada
Quizás no hay que dejar nada.
Tengo hambre y no me levanto, en el camino hay gente que no quiero ver. No tengo don de gente. No tengo don. Me vacié-de talento. Lento soy. Lento aprendo, si es que prendo. Los cables se funden. No creo, siento, no pienso. No, pienso. Solo pienso. No, lo demás. Noabsoluto.
Nobailo. Nocanto. Noescribo. Noquiero. Solo viento.
Y abajo, licité la paciencia. Prostituí las ganas. Hipotequé la pasión. Sobrevendí la vida.
Mi vida.
Si todo sigue así, van a cancelar la función.
¿Yo?, no. Yo no salgo en las fotos.
¿Besos?
Borro las letras que hablan de otras muertes. No hay respeto en ellas. Tengo demasiada procesión tras las uñas como para ahuyentar la simetría perfecta de la culpa. Lo quiero, lo dejo pasar. Pasa. Pasó. Pasa.
Un fracking de cristianismo maldito (en) mi alma.
Mi vocación es jugar en Facebook.
No tengo nada más.
Quizás esta bien.
Quizás, no hay que dejar nada.
Quemar todo. Salar la tierra, arrancar el pasto con el dedo gordo del pié. Solo por webiar.
Irse a dormir.
Trabajar, o no. Alargar el cuento, rellenar espacio. O no.
Irse
Y no dejar nada.
Puede ser, que me toque
No
dejar
Nada
Y arriba, solo viento.
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