Dos cosas sin relación aparente, que fusionadas, provoquen una explosión emocional.
Una reacción en cadena que.. ¿cree más energía?, ¿se podría?
No sé como lo sé. Pero lo viví.
Las palabras se emanciparon de la termodinámica.
Siempre quise adivinar la alquimia
Unir planetas con algodón
Y vestirme bien
Una polera blanca, unos jeans. Inercia en los bolsillos.
Anti-materia en los ojos
Fuego y polvo, cenizas en los labios.
Las probabilidades descansando en la solapa
Enzimas, vulvas y axiomas en un ramillete
Para pasear sin que el amor sospechara
Una traición
Quería construir un pueblo
de microbios
y estrellas
Y esconderme allí
Pero aún espero el bus
que me llevaría al tiempo
dónde todo confluye
Donde podía alzar las manos y agarrar las esencias
moldear las formas
encender los sueños
como pequeños truenos y rayos
entrelazados
brotando a raudales en las palmas
iluminando los dedos
la habitación
el mundo
Con el vértigo
amable vértigo
acariciándose a espaldas de la perspectiva
haciendo girar todo
sutilmente, con violencia
armónicamente
como el caos
Y una sonrisa
Y una sonrisa.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Casi cualquiera
Podrías ser uno de esos errores
que no me hacen tan mal
Una solución
a muchos problemas sin jerarquía
Ese mando medio
en la burocracia de la vida
Y yo podría ser uno más
de tus miedos
Leña en la hoguera
de tu inseguridad
Un obstáculo sonriente
Que olvidarás con amargura
Solo el deseo
creará los puentes
Tu eres casi cualquier mujer
Yo soy casi cualquier hombre
domingo, 21 de septiembre de 2014
Como en (Like in) Wellington
Buscaba hace noches palabras para ensamblar poesía, como andamios y escaleras, como recetas e ingredientes.
Jugar es poesía.
Darse cuenta que no se necesita más, que te están moviendo. Que vives y estas completo, porque te remecen y sientes todo lo que llevas dentro.
Y caminar, y mirar. Y volar.
La vida es poesía.
Cuando hay viento.
---English---
The happiness of let yourself go by the wind. Let you to be pushed and fight too, resist, but playing, just like the young lions of the same litter entertain themselves.
And laugh, and scream. And Fly.
Nights ago I was looking words to assemble poetry, like scaffolds and ladders, like recipes and ingredients.
To play is poetry.
And realize that you don’t need more, that you’re being moved. That you live and are complete, because you’re being shaken up and can feel everything that you carry inside.
And walk, and look. And Fly.
Life is poetry.
When there’s wind.
martes, 16 de septiembre de 2014
Trivialidades
¿Que es compartir mucho?, ¿que es hablar de más?
¿Y después decir algo de lo que te puedas arrepentir?, no tiene sentido.
El arrepentimiento es amplio como las posibilidades del futuro. Es cada segundo del mañana, desde cualquier época.
Pero hoy es maquillaje -para decir- que siento. En mi corazón, siento. En mi alma, siento.
Que apesto.
Que soy el fracaso de algo que no fue ni si quiera un intento.
Tengo pena. Quedé corto, le pongo color. Tengo desesperanza. Desolación.
En la banalidad aparece con fuerza la miseria interna, nada la contiene. Y sí salgo, si camino o me quedo quieto, me estrello con la misma pared.
A veces me relajo en la posibilidad de que todo se acabe de repente. Que me acabe, de repente.
No tengo mucho porque vivir.
Tampoco tengo mucho porque morir.
Así está la balanza.
Y no soy fuerte, como para cambiarla, no en una vida sin amor. No soy fuerte.
Discúlpame, si te perdí. Olvide como ser interesante. Tampoco supe ser un buen hombre. Aunque ni si quiera estoy seguro de ser uno. Nunca me gustaron las categorías.
Discúlpame.
Voy a botar lo que siento, y me sentaré esperando un milagro, no abiertamente, pero si semi-inconscientemente
Trivialidades.
Coinciden las noches y voy juntando fracasos para cargar los dedos. Disparo, coinciden las noches, se juntan, se van. El té queda en la mesa.
Ella no me quiso, o quizás si, durante breves segundos que se diluyen por espera, por-que-sí, por respeto, por prudencia, por odio, por rabia, por miedo -como boomerang que va desde el pánico hasta el otro lado donde habitan las ganas de cruzarlo, y vuelve al punto muerto-, por pensar, por fealdad, por pobreza, por torpeza, por angustia, por falta de lo que destila la experiencia, por karma, azar o destino. O quizás no. Quizás simplemente no.
Lo malo de que se me aparezcan tan fácil las historias es que tienden a hacerse parte de mi vida.
Y un intento de buen guionista sabrá que inevitablemente se ha de contar un doloroso final en estos días, porque nadie quiso creer en algo más
¿Como congelar el tiempo?, me sentía tan cómodo por unos momentos, breves momentos. Toda una vida de meditación. Es un misterio arqueológico escondido en una cocina. El trance de la vigilia, abrir y cerrar los ojos. Quedarse ahí.
¿Y después decir algo de lo que te puedas arrepentir?, no tiene sentido.
El arrepentimiento es amplio como las posibilidades del futuro. Es cada segundo del mañana, desde cualquier época.
Pero hoy es maquillaje -para decir- que siento. En mi corazón, siento. En mi alma, siento.
Que apesto.
Que soy el fracaso de algo que no fue ni si quiera un intento.
Tengo pena. Quedé corto, le pongo color. Tengo desesperanza. Desolación.
En la banalidad aparece con fuerza la miseria interna, nada la contiene. Y sí salgo, si camino o me quedo quieto, me estrello con la misma pared.
A veces me relajo en la posibilidad de que todo se acabe de repente. Que me acabe, de repente.
No tengo mucho porque vivir.
Tampoco tengo mucho porque morir.
Así está la balanza.
Y no soy fuerte, como para cambiarla, no en una vida sin amor. No soy fuerte.
Discúlpame, si te perdí. Olvide como ser interesante. Tampoco supe ser un buen hombre. Aunque ni si quiera estoy seguro de ser uno. Nunca me gustaron las categorías.
Discúlpame.
Voy a botar lo que siento, y me sentaré esperando un milagro, no abiertamente, pero si semi-inconscientemente
Trivialidades.
Coinciden las noches y voy juntando fracasos para cargar los dedos. Disparo, coinciden las noches, se juntan, se van. El té queda en la mesa.
Ella no me quiso, o quizás si, durante breves segundos que se diluyen por espera, por-que-sí, por respeto, por prudencia, por odio, por rabia, por miedo -como boomerang que va desde el pánico hasta el otro lado donde habitan las ganas de cruzarlo, y vuelve al punto muerto-, por pensar, por fealdad, por pobreza, por torpeza, por angustia, por falta de lo que destila la experiencia, por karma, azar o destino. O quizás no. Quizás simplemente no.
Lo malo de que se me aparezcan tan fácil las historias es que tienden a hacerse parte de mi vida.
Y un intento de buen guionista sabrá que inevitablemente se ha de contar un doloroso final en estos días, porque nadie quiso creer en algo más
¿Como congelar el tiempo?, me sentía tan cómodo por unos momentos, breves momentos. Toda una vida de meditación. Es un misterio arqueológico escondido en una cocina. El trance de la vigilia, abrir y cerrar los ojos. Quedarse ahí.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Determinismo
Me gustan las mujeres. No es algo obvio, no es algo que siempre haya sabido ni es algo tácito. Es una determinación impuesta por factores exógenamente internos que -como otras tantas imposiciones- he combatido porque simplemente no me gusta que me digan que hacer sin que exista la posibilidad de que me feliciten por ello. Si, o sea, igual (a veces, no siempre) me gusta que me digan que hacer si después sé que me van a decir que lo hice bien y así me siento bacán. Siempre he querido estrellitas y caritas felices en mi vida, traumas de Kinder.
Ah y bueno, me gustan las mujeres. Creo que eso fue lo único que en cierto momento me hizo creer que no soy gay. O quizás lo soy, pero como los lesbianos de Plan Z.
Como sea, me gustan las mujeres. Y lo peor, es que me gusta que me gusten. Poco a poco les pierdo el miedo cuando mi memoria, azotada por explosiones químicas, olvida todo, y cree que puedo ser feliz por primera y última vez una vez más.
Y me gustan.
Me gustan loquillas. No locas. Loquillas. Pecesillas. Risueñas, efervescentes, payasísticas y serias. Profundas. Trascendentales y depresivas por que logran ver más allá de las brechas de la vida, donde, tras ellas, todo es amargo y desolado. Me gustan comunistas y revolucionarias con calle, para hacer una dialéctica con mi anarquismo de escritorio. Me gustan mágicas, que sanen o quieran sanar, para que hagamos ritos y sahumerios, vayamos a clases ocultas y leamos de misterios.
Me gustan.
Tímidas. Y salvajes. Violentas, suaves. Inocentes, rapaces. Devoradoras insaciables. Austeras. Sabias y frívolas. Y no, no me gusta un "simplemente contradictorias". No es blanco y negro, Amalgamas. Complejidades, explosiones. Que limpian, no que destruyen. Perspectiva.
Me gustan tiernas, autosuficientes y buenas compañeras. Creativas, soñadoras. Con aguante e iniciativa. Musicales, amables. Comprensivas y apasionadas. Enojonas. Amurradas. Rasguñadoras, de piel y piedras. Sutilmente danzarinas, amigas del viento. Y que combinen con las hojas de los árboles de otoño.
Me gustan temerosas, pero tranquilas en el miedo. Sólidamente inciertas. Vivas. Y en singular.
Me gustan así, porque cuando son así, desembocamos en más, en mejor, en quizás, en poesía.
Y sé que solo hablo desde el egoísmo, con ansias de ser uno compartido. Egoísmo de a dos. O puede que no. Puede que de verdad no sea egoísmo y el deseo y la imaginería sean así parte del amor y sus alrededores. ¿Porqué no?
Lo trágico es que, dentro de la gama de condiciones propias de las imposiciones, se encuentran las paradojas. Aquellos elementos que le dan sentido a los libros, historias o chistes. Y en este caso, que aún no se descifra del todo, la paradoja es que esa mujer que me gusta posee como gran característica unificadora la capacidad de no ser atraída por personas como yo.
Y en caso contrario, si por algún defecto de la matriz llegase a estar interesada, una complicada reacción sistemática en mi organismo, posiblemente conocida en su efecto como auto-sabotaje, generaría una noción de rechazo, miedo o algún otro tipo de inoculación con capacidad evolutiva diseñada para sortear las respectivas defensas.
Me gustan.
Y me voy a dormir sin esperar una epifanía.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
No soy todo lo que escribo
No soy todo lo que escribo.
Quisiera intentar afirmar categóricamente aquello.
Puede ser como pintar un cuadro, capturar una imagen, un paisaje que observamos y no nos pertenece. Y así solo lo que filtramos -lo poco que se queda en la red-, es algo que podríamos decir propio. Y aún así, discutiblemente.
Una historia emocional, dibujar un sentimiento. Ver una posibilidad y atentar por ella.
Es como decir que aunque todos los personajes del libro hayan nacido en el autor, no lo son, no son él. Y sí. Lo son. Intento.
Quizás lo esencial está en abrir la posibilidad a las dimensiones del ser y cuestionar la pertenencia como la elástica habilidad de extrapolar una supuesta presencia a cosas y consecuencias, como lo que se crea.
Y podría verse todo mas bien como las capas de una torta. Pero más extraño, y con figuras cuánticas y cuáticas.
Otra opción, aparentemente más fácil, sería abarcar todo lo hecho y abrazarlo como una unidad. El problema ahí es lo no dicho.
Honestamente, no me gustaría que se enojara conmigo.
Y es que lo no dicho es harto, aún.
Puede ser que más fácil sea no considerarse bajo ninguna forma como alguien ni perteneciente ni propietario. Pasar como una nube que no le gusta el epíteto de neblina, flufeando por las calles.
Claro, creo que pueden haber unas opciones más, pero pronto van a cerrar la biblioteca. Y por ende se acaba el tiempo para pensar en red, el internet gratis. Y así termino con que el problema está allá, con ustedes.
Si no existieran como otros, no habría necesidad de rebanarse los sesos tratando de hilar fronteras. Si tan sólo fuésemos todas las posibilidades, esté divagar sería un poco más sencillo.
martes, 9 de septiembre de 2014
Reset
Si no es productivo, escribir, entonces por qué preferirlo a
jugar, a olvidar.
A evadir.
¿No desaparecen las angustias con el tiempo?, ¿no
desaparece todo con el tiempo?
(A veces no, signos.
A veces las preguntas se entregan a sí mismas)
Estoy haciendo esto solo para buscarte,
o para buscar
algo que seguir.
Todo se hace tan pesado, excepto dormir.
Un día que pueda ser todos los días. Eso sería un horizonte.
Un día.
Reset.
Qué me dices, ¿eres ese día?
-Algo salió mal, no funcionó
Sigo preguntándome-
¿Eres la pieza que haga parecer que todo tuvo sentido,
que todo fue por algo?
Necesito que tomes las riendas
Acá ya no encontré nada
Todo esta tan oscuro
Todo es tan denso
Todo se hace tan pesado, excepto dormir
¿Y si violas mis miedos?
Y si me abrazas y me dices que todo estará bien
Y yo te agarro del pelo
Y entierro mi cuerpo en el tuyo
Y te golpeo una y otra vez
Y me atrevo a disfrutar de tus gritos
Y decimos que todo es placer
¿Por qué confundes amor con horror?
Extrañas reacciones tiene
El ser humano,
cuando
cuando
Todo es tan cercano
Todo es tan distinto
Nunca supe de líneas
Solo acepté confusiones
Por eso tengo el alma temblando
¿Puedes sentirla?
No encuentro la llave
para esta puerta sin cerrojo
para esta puerta sin cerrojo
Y todo se hace tan pesado, excepto dormir
Solo quiero que comience de nuevo.
Una vez, que comience todo de nuevo.
Y, quizás, así deje de temblar.
Quizás,
así pueda descansar.
Dormir.
-
Reset
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