Diría que esta noche ya no me dormí temprano. Y parece, que tampoco será pronto.
Divaguemos entonces, ¿que se pierde?, y acaso, ¿que no está perdido ya?
Si cierro los ojos y escucho -como el trabajo anda bien-, la tendencia en mi mente es descifrar lo emocional. El algoritmo que parece mezclar anhelos exagerados y quisquillosos, una esperanza vehemente y una endeble, incluso fútil, presencia, carente de mayor atractivo.
Ambos extremos romos, ya sea por exceso o por ausencia. Las sobras y las faltas.
Y desde el medio, no puedo dejar de esperar a alguien especial, a quien quiera jugar a ser piezas de un puzzle. Ni tampoco evitar tener poco para ofrecer, como esa parte de la gran imagen totalmente vacía, sin detalles ni colores.
Creo que he llegado a cierta calma eso sí. Si bien el deseo es fuerte, los rumores de la muerte son más lejanos y tranquilos.