martes, 31 de octubre de 2017

31 de Octubre 2016


En un principio quise eso, lo tuve, me aburrí. Y ya no lo quise más.

Lo dejé entonces, pero al tiempo volví a quererlo. Quererlo un poco distinto eso sí, a ver si no me aburría esta vez. Entonces no lo tuve.

Después aprendí a no quererlo, pero lo seguía queriendo, quizás inconscientemente, y lo tuve una vez más. Ahí fue cuando me lo quitaron, no me alcancé a aburrir. Ahí dolió.

Después decidí no saber si lo quería o no, y me anclé en la evasión, en la incertidumbre.

Y así fue pasando el tiempo hasta que no me di cuenta que lo tuve nuevamente. Lo tuve. Lo tuve y se perdió. Solo se perdió.

Y después me perdí yo. Me perdí en cuantas veces pasó lo mismo, entonces dejé de tener sentido. Y quedó todo, en desorden. Y al mismo tiempo. Siempre.



jueves, 26 de octubre de 2017

25 de Octubre 2013 (Edición 2017)

Robo un espacio.

Hoy fui profesor, y alumno.
No todos los días se vive así.
A veces, sólo mandamos mails y llamamos por teléfono.
A veces sólo vendemos. O no vendemos, y es peor.

Y siento desde mi parietal alzarse las gruesas murallas
De piedra cruda, gris, pesada
Reacción elemental, al tratar de flexibilizar la experiencia
Con palabras, con brechas
Que derritan las causalidades, e intuyan un algo más

Busco disolverme,
Y desparramarme, para sobrecargar lo evidente
busco rebalsar la copa

Poco a poco voy entrando en el armario de lo que no es incertidumbre
Pero tampoco certeza
Y los objetivos concretos se transfiguran, metamorfosean

Y los aprendizajes se hacen polillas, que se hacen pelusas, que se hacen esporas, que se hacen algo así como pétalos que nadan en el aire

Y ya estoy más allá.

Me perdí, y por fin me siento en casa

Ya no hay muralla, ya no hay cadenas, ya no hay armario
Solo están en su ausencia
Tranquilizadora ausencia

Me rasco, vuelvo al presente. O algo así.

Intentémoslo de nuevo.

Hoy exploté un poco, en direcciones amables.
Pero es recurrente recular,
Y quedar nuevamente bajo el techo,
Que se encoje en mi cabeza

Respiro

Vuelvo a abandonarme al río
Tibio, un poco más helado que cálido
Los árboles se mecen, con suave viento
Todo volverá atrás desde el atardecer
Hasta que la noche crea que es prudente llegar
Cuando estemos secos
Cuando estemos listos

A veces me saco una sonrisa solo
Sé que puedo vivir, por eso.

Hasta que me pille el olvido en un mal momento
No quiero pensar mal

Sólo abrazaré la sencilla amistad de los universos que se enraízan en las venas
De mis brazos, de los tuyos

Y confiaré en que alguna vez nos encontraremos, paseando, desde nuestras capsulas
A ratos libertarias, 
Que entienden que solo pueden amar su fin

Pero, por ahora, no quiero decir nada más
Egoísmo sensato
Estoy feliz no estando ahí
Descansando
Dónde me ven

lunes, 16 de octubre de 2017

16 de Octubre 2017

Me molesta en exceso la inequidad, en su amplio y extendido sentido, ¿será el T.O.C.?

Quién sabe.

Me he ganado el apelativo de defensor de causas perdidas como eufemismo de otros epítetos que se dicen cuando no estoy.

He desesperado a muchos, aburrido a otros. Pero no puedo evitar la pasión que impulsa a tratar de darle una mano a algo hundido.

A veces no tengo razón, me equivoqué en la evaluación. A veces no consigo mover un milímetro la percepción. A veces se mezcla el ego y lo enloda todo.

Pero una y otra vez salgo a ese lugar. Más allá de lo políticamente correcto, más allá de lo sensato. Y cuando presiento que nada evitará la caída libre a la desgracia le rezo a Nina Simone, y pido no ser malentendido.

No siempre me escucha.

La empatía me parece un arma ciertos días. Una navaja de doble filo enfundada en el cinismo.

Lo complejo en sí, su totalidad, es ornamental. ¿Qué más podríamos esperar de afrentas de lo individual? Y las capas las mismas de siempre: cercanía, rabia, impotencia, ceguera. El lugar común.

Las capas que cubren la posibilidad de entenderse.

Quizás soy el pecado de ὕβρις, y mi naturaleza es ir contra los Dioses modernos, contra lo intocable. No dejar nada incuestionable.

Quizás mis ojos, en su enfermedad, pueden ver la desigualdad en el corazón lo furibundo. Aún envuelta entre las llamas.

Quizás no. No sería la primera vez que simplemente todo se desmorona con un simple: No.

Pero seguiré sumiso ante la conjunción de pensamiento, sentimiento y sentido. Y me obedeceré a mí mismo, soy hijo de mi triada.

Estoy y soy compelido, cándido, suicida o salvaje, a oponerme al tsunami.


A enfrentar con vehemencia los sesgos más ocultos, y silenciosos, de la injusticia. De la inequidad.

jueves, 12 de octubre de 2017

12 de Octubre 2017

Es hora.

Cada cierto tiempo es hora.

Producto del consumo irrefrenado de noticias, comentarios, hechos, historias, opiniones, ataques, gritos de ayuda, críticas, quejas. Redes.

Cada cierto tiempo, llega a ser hora.

Y me siento acá, al frente, dónde en un momento todo el caos se diluye y concentra, hasta quedar tan solo como una presión semi-inconsciente, hasta hacerse puño y roca, que cargan desde el fondo de la nuca hacia la corteza frontal.

Pero no pasan. Mantienen su distancia ante el blanco. Ante el intento exasperado de expresar. Se asustan. Yo respiro su miedo, y avanzo, decidido a despedazarlos.

Terminada la faena, miro por la ventana. Miro por la reja, miro por las ramas, miro por el tiempo.

Y ya existe la posibilidad de dejar la mente en blanco.

Es la sangre derramada de las ideas, que ya no me preocupo de formar
Es la sangre derramada de la necesidad de respuestas, que he dejado de buscar
Es la sangre derramada de la abrumadora y desesperante abundancia de lo útil y lo inútil, que he logrado callar
El bálsamo que cubre el frágil momento.

El quiebre es inminente, pero el recuerdo sirve para no perder el comienzo. Basta, para no perder el comienzo.

Y temeroso el puño se abre, la roca cae y se rompe, los dedos se expanden, y brota de la palma en el silencio uno, dos conceptos. Y soy dueño de nuevo, de mirar, de volver a ver el mundo más allá, y sin ahogar, del mundo que hay adentro, que hay acá.

Cada cierto tiempo es hora. Llega a ser hora, de volver a ser. 
De crear una, dos o una, tres o una verdad.

Cada cierto tiempo, llega a ser hora. 


Cada cierto tiempo, llegamos a ser ahora.



miércoles, 4 de octubre de 2017

4 de octubre 2017

La indiferencia se disuelve en una cadena de nociones sin forma, sin origen ni fin, eslabones incesantes de arrepentimientos del pasado, de incertidumbre, de terror ante el futuro.

Cada escenario es la esquela de una bomba de racimo que te has atado al pecho.

Entre tanto los caballos tiran de las extremidades, y su galopar desesperado retruena entre el cráneo y la cabeza. Se confunden los gritos.

Hay un costado de fría calma, falsa calma. El costado que da hacia el frente de alguien más.

Bajas la mirada, bajas por la pantalla, bajas por vidas, noticias, publicidad, miras y miras sin parar, en una línea que no acaba jamás.

La furiosa desesperanza inunda y ahoga los poros.

Una cascada. Ya es una cascada.

Buscas personas, sólo hay imágenes. Estelas fugaces de seres que alguna vez se cruzaron en tu camino. Que alguna vez fueron un día.

Y lo que llaman realidad golpea.

A veces te saca una risa. A veces pasa, en forma de lugares, acciones, deberes, responsabilidades, distracciones. Y todo parece haber sido un espectáculo para lo inconsciente, el eco de un circo cuyo único espectador era el odio, propio e íntimo.

Lo que queda decanta en movimiento, en espiral, cíclico, dónde lo fugaz llega a ser cualquiera y todas las opciones. Quien decide. Quien mira. O la palabra misma.

Se expande, y así lo devoran sus hijos.

De los restos siempre nace el vacío
El vacío que es lo más cercano a un abrazo
Vacío, que es la sangre del caos

Y ahí nos encontramos, aún en lo tranquilo, aún a la mitad de la ventana, en el punto exacto entre el adentro y afuera. Somos y estamos en el caos.

Y en la muerte 
un deseo inútil,
una redundancia cándida
descansar en paz

A la mierda

Si aún existe un epitafio
Que diga: respiró
sufrió y descansó
por los breves segundos de una vida

en el caos

lunes, 2 de octubre de 2017

2 de octubre 2017

Llegué al mismo rincón de tantos días

Ideas, sentimientos, torpes, atorados

Cada vez es más extraño tener algo claro. Salvo el odio, salvo la tristeza, con ese ácido que todo lo corroe, lo demás se acumula. Se estanca. Casi todo se obstruye a sí mismo en una canaleta demasiado delgada.

Como que a veces tienes lo que quisiste.

Te escucharon rogar un “por favor, déjame tener lo que quiero esta vez”

Y de repente lo tienes, lo tuviste. Y ya nunca podrás decir “Dios sabe que sería la primera vez”

Lo tienes, lo tuviste.

Una oportunidad, un abrazo, un camino

¿Pero y qué haces con la impermanencia?

¿Qué haces con los mundos que colapsaron en tu deseo?

¿Qué haces cuando se despide, cuando desaparece con un beso?

Es caro vivir solo, te dice el espejo.

Y abres la llave de la incertidumbre para develar los huesos de una vida que ya no te pertenece, que dejó de hacerlo tras esa misma mirada.

Te secas la cara y el pasado a veces vuelve, en su pequeño y distorsionado in vitro, para recordarte que simplemente no puede dejar de ser pasado.

Vas a la ventana, a ver tantas anécdotas, tantas ramas, tantas esperanzas, de algo que nunca se va a realizar.

Y tras darle la espalda a todo, se llega a dónde hace mucho dejó de bastar el silencio.

Donde duele la anestesia.

Tanta anestesia.

Yo quería decir algo más, hacer algo más, sentir algo más, vivir algo más

Yo quería, pero quise y tuve.

Quise y tuve

Y aun así, sigo aquí 

En el mismo rincón de tantos días