Llegué al mismo rincón de tantos días
Ideas, sentimientos, torpes, atorados
Cada vez es más extraño tener algo
claro. Salvo el odio, salvo la tristeza, con ese ácido que todo lo corroe, lo demás se acumula. Se estanca. Casi todo se obstruye a sí mismo en una
canaleta demasiado delgada.
Como que a veces tienes lo que
quisiste.
Te escucharon rogar un “por favor, déjame
tener lo que quiero esta vez”
Y de repente lo tienes, lo tuviste. Y
ya nunca podrás decir “Dios sabe que sería la primera vez”
Lo tienes, lo tuviste.
Una oportunidad, un abrazo, un camino
¿Pero y qué haces con la impermanencia?
¿Qué haces con los mundos que colapsaron
en tu deseo?
¿Qué haces cuando se despide, cuando
desaparece con un beso?
Es caro vivir solo, te dice el espejo.
Y abres la llave de la incertidumbre
para develar los huesos de una vida que ya no te pertenece, que dejó de hacerlo
tras esa misma mirada.
Te secas la cara y el pasado a veces vuelve,
en su pequeño y distorsionado in vitro, para recordarte que simplemente no
puede dejar de ser pasado.
Vas a la ventana, a ver tantas
anécdotas, tantas ramas, tantas esperanzas, de algo que nunca se va a realizar.
Y tras darle la espalda a todo, se
llega a dónde hace mucho dejó de bastar el silencio.
Donde duele la anestesia.
Tanta anestesia.
Yo quería decir algo más, hacer algo
más, sentir algo más, vivir algo más
Yo quería, pero quise y tuve.
Quise y tuve
Y aun así, sigo aquí
En el mismo rincón de tantos días
En el mismo rincón de tantos días
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