lunes, 2 de octubre de 2017

2 de octubre 2017

Llegué al mismo rincón de tantos días

Ideas, sentimientos, torpes, atorados

Cada vez es más extraño tener algo claro. Salvo el odio, salvo la tristeza, con ese ácido que todo lo corroe, lo demás se acumula. Se estanca. Casi todo se obstruye a sí mismo en una canaleta demasiado delgada.

Como que a veces tienes lo que quisiste.

Te escucharon rogar un “por favor, déjame tener lo que quiero esta vez”

Y de repente lo tienes, lo tuviste. Y ya nunca podrás decir “Dios sabe que sería la primera vez”

Lo tienes, lo tuviste.

Una oportunidad, un abrazo, un camino

¿Pero y qué haces con la impermanencia?

¿Qué haces con los mundos que colapsaron en tu deseo?

¿Qué haces cuando se despide, cuando desaparece con un beso?

Es caro vivir solo, te dice el espejo.

Y abres la llave de la incertidumbre para develar los huesos de una vida que ya no te pertenece, que dejó de hacerlo tras esa misma mirada.

Te secas la cara y el pasado a veces vuelve, en su pequeño y distorsionado in vitro, para recordarte que simplemente no puede dejar de ser pasado.

Vas a la ventana, a ver tantas anécdotas, tantas ramas, tantas esperanzas, de algo que nunca se va a realizar.

Y tras darle la espalda a todo, se llega a dónde hace mucho dejó de bastar el silencio.

Donde duele la anestesia.

Tanta anestesia.

Yo quería decir algo más, hacer algo más, sentir algo más, vivir algo más

Yo quería, pero quise y tuve.

Quise y tuve

Y aun así, sigo aquí 

En el mismo rincón de tantos días

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