Escoge tu rabia.
El racismo, la misoginia, la
inequidad en cualquiera de sus formas, laboral, social, cultural o educacional.
La falta de libertad, la ausencia de amor.
La rabia de otros cuando tú la
recibes, o alguien que te recuerda a ti. La rabia de cuando pasa cerca y
estabas tranquilo, y no la querías, pero ahí está. En tu puerta.
La soledad, el exceso de
gente. La incertidumbre. La miseria, la desfachatez. Los dictadores de
Mercedes-Benz, micro o metro. Séquitos.
Tú mismo, lo que no pudiste cambiar.
Tú mismo, lo que no pudiste cambiar.
Un vuelto mal calculado, un
producto deficiente, una burocracia más larga que la paciencia, una paciencia
más corta que el tiempo que toma leer esto.
Una mentira, las ideas que
nacieron de tu inseguridad. Lo que no te dijeron tus padres. Lo que no te
dijeron tus profesores, lo que no te explicaron tus amistades, los guiones que
escribió una sociedad antes de que nacieras. Y que ya actuaste.
Que el David contra Goliat sea
en realidad una violación salvaje, indiscriminada, del vacío y el olvido.
La espera, de cosas, de tiempo. De algo.
La espera, de cosas, de tiempo. De algo.
El silencio como respuesta. El
silencio de miradas calladas. El silencio hijo de una indiferencia que se ha
hecho su camino hasta la genética.
Muerte, el turbio deseo, ese
absurdo bañado en capas y capas de miedo, que no conoce de resignación. Muerte,
y su destrucción de lo sagrado.
Lo sagrado en toda su
debilidad.
Los otros. Aquellos que hayan
entendido lo que quieran entender.
Escoge tu rabia.
Para mí, hoy, es esta silla
eléctrica. Que perdió el barniz hecho de palabras de piedad.
Esta silla eléctrica en la que
estoy sentado, esperando a que todo termine.
Esta silla eléctrica, en la que
siento mi cabeza arder.
Esta silla eléctrica en la que
he dicho la verdad,
y en la que podría haber dicho
algo más que la verdad.
https://www.youtube.com/watch?v=Ahr4KFl79WI
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