lunes, 25 de septiembre de 2017

25 de Septiembre 2017

Escoge tu rabia.

El racismo, la misoginia, la inequidad en cualquiera de sus formas, laboral, social, cultural o educacional. La falta de libertad, la ausencia de amor.

La rabia de otros cuando tú la recibes, o alguien que te recuerda a ti. La rabia de cuando pasa cerca y estabas tranquilo, y no la querías, pero ahí está. En tu puerta.

La soledad, el exceso de gente. La incertidumbre. La miseria, la desfachatez. Los dictadores de Mercedes-Benz, micro o metro. Séquitos.

Tú mismo, lo que no pudiste cambiar.

Un vuelto mal calculado, un producto deficiente, una burocracia más larga que la paciencia, una paciencia más corta que el tiempo que toma leer esto.

Una mentira, las ideas que nacieron de tu inseguridad. Lo que no te dijeron tus padres. Lo que no te dijeron tus profesores, lo que no te explicaron tus amistades, los guiones que escribió una sociedad antes de que nacieras. Y que ya actuaste.

Que el David contra Goliat sea en realidad una violación salvaje, indiscriminada, del vacío y el olvido.

La espera, de cosas, de tiempo. De algo.

El silencio como respuesta. El silencio de miradas calladas. El silencio hijo de una indiferencia que se ha hecho su camino hasta la genética.

Muerte, el turbio deseo, ese absurdo bañado en capas y capas de miedo, que no conoce de resignación. Muerte, y su destrucción de lo sagrado.

Lo sagrado en toda su debilidad.

Los otros. Aquellos que hayan entendido lo que quieran entender.

Escoge tu rabia.

Para mí, hoy, es esta silla eléctrica. Que perdió el barniz hecho de palabras de piedad.

Esta silla eléctrica en la que estoy sentado, esperando a que todo termine.

Esta silla eléctrica, en la que siento mi cabeza arder.

Esta silla eléctrica en la que he dicho la verdad,
y en la que podría haber dicho algo más que la verdad. 



https://www.youtube.com/watch?v=Ahr4KFl79WI


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