viernes, 1 de septiembre de 2017

1 de septiembre 2017

Es el pasado el que trato de arreglar, con un refugio. Que pase el vendaval por arriba, que el fuego me haga olvidar el exilio del calor, lo que sembró el caos de una voluntad tullida. Los trazos de un camino que no pude revertir.

El hombre fragmentado, el Frankestein que es monstruo por algo tan distinto que la tradición no alcanza a ver, y que es la misma tradición.

El quererlo todo, el soñarlo todo, el desearlo todo, el comprometerse con todo, el forzar el todo. Del colapso nacen los pedazos, de los pedazos los fragmentos que nunca alcanzan a ser un complejo, una identidad en sufrimiento, un grito constante entre la clavícula y la cavidad dónde debería yacer la razón.

Espero el refugio. Sea un nombre, sea vacío. Sea un invento, sea crisis o infierno. Sea hambre. Sea una mentira. Sea una idea, un amanecer. Sea desgarro, sea dolor.

Espero el refugio. El que lleva la tormenta espera el refugio.

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