jueves, 31 de diciembre de 2015

El donde, antes del mar al mar

No, no es eso.

Solo no sé donde estoy. No sé donde quedo cuando las ideas desaparecen, cuando lo que quería decir pierde su querer.

Jóvenes que tienen voz propia pero no saben escribir, un desastre. Me manda saludos Bolaño.
Gracias por lo de joven de todas formas.
-Lo era cuando él murió al menos-

En tanto me pudro a través de los restos de palabras y pedazos de intenciones que se acumulan y se quedan haciendo hongos, escondidos, entre los huesos-de-los-esqueletos de un bosque de neuronas en plena desertificación.

Y estaba la belleza violenta de los cerros, la avalancha desde el Barón, la ola gigantesca y envolvente de colores; estaba la calle Borges, una miseria de calle, y al mismo tiempo una hermosa travesura de pasto y escaleras de piedras rotas.

Y estaba la vista, que subía de los ojos a la garganta. Un fenómeno anti-natural. Un fenómeno profundamente humano.

Pero la noche siempre cae.
Y la noche, y la caída, nunca me preocuparon tanto como en éstos días, en los que siento el paso desgarbado de los demonios tras la cortina; los gritos que son risas que son gritos.
Que son risas que son gritos.

Y estaba cada uno de los edificios a punto de caerse desde que fueron construidos, el oxymoron burlesco del Banco de la Solidaridad Estudiantil y la mujer que saltaba las azoteas pero se quedó a sentir el aire.

Sí.
Estaba toda la poesía que no supe absorber.
El mar que no me atreví a tocar, el fin del viaje.

Del mar al mar. Todo podría haber concluido.

Pero no pude. En la subida, en el ascensor, en el plan. No pude, no pude soltarlo todo, porque cayeron antes las nociones, porque llegué tarde una y otra vez, al lugar en donde no sé. En donde se pudre lo que queda, allí, donde se criaron los hongos, donde se acumularon los huesos. No pude.

Y agarré la tinaja dionisiaca, y la intenté quebrar en mi cabeza para doblegar a Saturno. Iluso.

Iluso.

El craneo late ahora, el corazón se clava al pecho. Que no lo muevan. Pedimos todos los ilusos. Que no lo muevan.

Quería pasar piola. Sabio, inocente.
Perdón.

No sé en donde estoy. Perdón, perdón.

Mierda, perdón.

jueves, 24 de diciembre de 2015

No quería perder

Juego con mi pies en un país
ellos hablan de sus autos, la ciudad está ordenada
un viejo cuida un pequeño estacionamiento
no muchas monedas resuenan en sus bolsillos
La tez morena lo hace distinto. Común y distinto.

Yo sigo jugando con mis pies, salto sutilmente y doy medias vueltas, giros inconexos
esta todo tan tranquilo y violento
la farmacia vomita gente sin asco
y yo salto y doy giros torpes sobre pequeños paños de pasto sintético

Quisiera haber sacado un poco de rabia, haber follado a alguien con violencia, salir de las ganas de vida y muerte. De pasarle a alguien mi mancha. De disfrutar un poco lo que esta maldito. De tragar unas cuantas contradicciones.

Bebo en el bar de un hotel. Me río entre Ucrania y Rusia, entre Rommel y la CIA. Un ron doble, música desde un piano sin cola, que a veces canto. La ciudad sigue ordenada y yo me acostumbré.

Estoy en cualquier lugar. Perdí en el casino. Antes una garganta profunda me da un dato de un desfalco de cientos de millones de dolares, me pregunta si quiero morir. Perdí mucho en el casino. Mucho para lo que tengo.

Me quedo en silencio. No quería perder.

martes, 22 de diciembre de 2015

Entre el antes y el inicio

Me dijeron vive, una vez, cuando. Entre el antes y el inicio.

Pero me dio sueño el vértigo de todo lo que hay por decir. De todas las soluciones que no daré.

Hizo frío, y no cerré las ventanas.

"La belleza fue lo que escogimos para ensanchar las distancias, las clases. La corrupción el comienzo de la vida republicana. Era lo manifiesto." Escribí en una pared.

Entramos, y nos quedamos. Y estuvimos más comodos en una cama de una plaza que en una de a dos.

Lo quería cambiar todo
desnudando reyes y reinas,
rasgando suavemente mi ropa también.

Porque nada cambiará hasta asumir 
como no cambiará. 




Quería, como quería.