Me siguen sorprendiendo los hombres y mujeres, con respuestas.
Por mucho tiempo yo fingí las mías, hacia adentro y afuera. Una cosa de costumbre. Pero en el fondo siempre supe que no tenía idea.
Nunca he militado en nada, pero he participado en casi todo lo que he podido. Le he encontrado la razón a algunos en ciertos casos, a otros en los demás, y descubrí al poco andar que nadie ha sido implacable ni constantemente certero en el análisis. Tanto así que veo como hoy muchos se cuelgan desaforadamente de cualquiera que hile un poco de sentido.
Sé que la solución no es individualista, si bien nada puede dejar de pasar por el individuo. Sé que no es exógena, si bien para muchos se ve como algo más cercano a los movimientos de la naturaleza que a los de la voluntad. Pero tampoco sé si hay una solución como tal. Y así mismo, la definición del problema es compleja. Todos sabemos que es, pero a la hora de ponerlo en palabras cada uno tiene su propia forma.
Me complican las personas con respuestas. Me complica el mundo que quieren construir, saltándose las otras respuestas ajenas a las suyas y me complica no tener nada mejor ante ello que una crítica.
Tampoco me hallo con quienes se mantienen al margen, con quienes encontraron confort y comodidad en la indiferencia, ya sea por desgaste o por falta de interés. Y tampoco soy feliz viendo a los que están en la encrucijada, tratando de amparar la armonía a costa de sus nervios. Quizás más cerca de ellos me encuentro yo, en este momento de mi vida.
Pero tengo la noción, la simple noción, de que hay un problema de enfoque. Que no hay que luchar por algo, si no por el desarme. Y así permitir que múltiples opciones coexistan, exploren sus caminos. Que se tienen que auto-controlar los portadores de respuestas, no buscar la hegemonía de sus criterios y pasar a plantearse una existencia mas humilde. La realización de sus sueños con quienes los comparten.
Si todos los que quieren un cambio, en vez de pelear por su camino, por sus respuestas, lucharan por la posibilidad de abrigar múltiples posibilidades, si confiáramos en la capacidad del ser humano, que tanto nos ha asombrado -en lo dulce y agraz-, y trabajáramos para hacer de la sociedad un campo de cultivo, en vez de simplemente intentar embellecerla o reiniciarla, tal vez, todas las respuestas tendrían sentido.
jueves, 30 de abril de 2015
domingo, 26 de abril de 2015
Aquél, quien debería haber muerto hace un tiempo
Un ser triste, que debería haber muerto hace un tiempo
Lleno de pobres recuerdos
Arrepentimientos, culpas
De pena encadenada, comedida
que no ha conocido la verdadera libertad de una salvaje y egoísta
desesperación
El alma se le pudrió sin aviso,
y su peste ahuyenta
personas, nociones,
sombras
lo que límite la esperanza
La soledad le carcomió el criterio
Y ya no depende de sí
si no
de la bondad del viento
Es la fragilidad
de los huesos
lo que falta para un tres
La mecánica maléfica
la contabilidad de los espasmos
La paranoia
No se puede creer que busca dar pena
Que decir esto o aquello le conseguirá un regazo
Son demasiados años
fracasando
El rostro trizado
La máscara, la sonrisa
La putrefacción desde lo interno,
Eso es lo que absorbe su mirada
Músculos, las bolsas de órganos
Los sentimientos agarrados a las hilachas de carne
Que no cejan, no abandonan
Le perturba que se sientan tan cómodos
los desgarros
en ese espejo dónde nadie perdona, ni es perdonado
frente a sus ojos
Menos él, un tipo triste
Que se rindió
Que cree, ya no puede derrotar a la inercia
Un tipo que debió morir hace un buen rato
Pero sigue vivo
Que sigue en mí
martes, 21 de abril de 2015
Cementerio de
A veces pienso que solo busco otros elefantes que ya saben el camino -que van-, a dónde se va a morir.
A veces me alegra el imaginarme conversando con ellos, aunque sean los últimos momentos, aunque sea demasiado tarde.
A veces tengo tanto frío.
A veces las cosas más simples lo arreglarían todo.
A veces las cosas más simples no están.
A veces es rabia.
A veces no sé bien que decir. Ni porqué decir.
A veces son gritos en mi cabeza.
A veces siento el olor del cementerio, que por fin tapa con su nada el hedor de mi alma.
Y soy tan feliz.
Como una pobre ironía.
martes, 14 de abril de 2015
Niji
En solo un día tengo el tiempo del mundo
Cae la lluvia y no entristece
como ese gris escape al puerto en los
años del colegio
Hoy resbalan por el techo de un castillo
feudal japonés, las gotas
los árboles frondosos se mecen
algo de luz aparece
es primavera después de todo
Un arcoíris nace mientras escribo
No saco la cámara
es solo un día
y tengo el tiempo del mundo
viernes, 10 de abril de 2015
Que alguien me ayude a dormir esta noche
A ver, ¿cómo lo digo?
El problema es que no sé que quiero conseguir escribiendo. Solo sé que quiero botar, escupir. Que quiero cambiar, pero no sé caminar distinto, no me sale. Y no sé como, no entiendo. Quizás simplemente debería decir que no entiendo.
Y que no intento no entender. Que me pierdo, que me duele.
A veces simplemente quiero parar, dejar de caminar. Porque nada me hace creer que el camino será mejor si sigo. A veces es solo eso, es soledad. Y la incapacidad de ocultarlo, maquillarlo, para cambiarlo todo falseando un poco la vida con unas fotos bonitas por allí y por allá, unas correctas palabras, una sonrisa bien puesta.
No puedo. Soy fracaso y el olor no miente.
¿Quien podría querer a un perro podrido?, de alma putrefacta. Adolorida, cansada. ¿Quien quiere a quien no puede querer?
No se puede avanzar contra la vida y contra uno al mismo tiempo. Pero mis grados de impotencia son casi milagrosos. Y sigo. Sigo. No sé porque sigo. No quiero seguir y sigo.
Que alguien me ayude a dormir esta noche.
Que alguien se apiade, de quien siente lo que no debería. De quien se perdió en la oscuridad tratando de perderse bajo el sol.
Que alguien abrace este cuerpo falso. Esta alma raída. Y me recuerde la paz.
Por favor, que alguien me recuerde la paz.
Y me ayude a dormir esta noche.
El problema es que no sé que quiero conseguir escribiendo. Solo sé que quiero botar, escupir. Que quiero cambiar, pero no sé caminar distinto, no me sale. Y no sé como, no entiendo. Quizás simplemente debería decir que no entiendo.
Y que no intento no entender. Que me pierdo, que me duele.
A veces simplemente quiero parar, dejar de caminar. Porque nada me hace creer que el camino será mejor si sigo. A veces es solo eso, es soledad. Y la incapacidad de ocultarlo, maquillarlo, para cambiarlo todo falseando un poco la vida con unas fotos bonitas por allí y por allá, unas correctas palabras, una sonrisa bien puesta.
No puedo. Soy fracaso y el olor no miente.
¿Quien podría querer a un perro podrido?, de alma putrefacta. Adolorida, cansada. ¿Quien quiere a quien no puede querer?
No se puede avanzar contra la vida y contra uno al mismo tiempo. Pero mis grados de impotencia son casi milagrosos. Y sigo. Sigo. No sé porque sigo. No quiero seguir y sigo.
Que alguien me ayude a dormir esta noche.
Que alguien se apiade, de quien siente lo que no debería. De quien se perdió en la oscuridad tratando de perderse bajo el sol.
Que alguien abrace este cuerpo falso. Esta alma raída. Y me recuerde la paz.
Por favor, que alguien me recuerde la paz.
Y me ayude a dormir esta noche.
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