Quizás si hubiera fumado más, sabría ir más lento. Tal vez las neuronas se hubieran relajado con los años y los músculos se quedarían en su lugar por más tiempo.
Quizás si hubiese sido más arriesgado en la química y menos en la filosofía escolar, tendría ahora un buen gorro de lana sintética, y tocaría guitarra en un columpio, junto a una flaca de larga melena negra.
Y hablaríamos de los años que se nos fueron, y de los años que tenemos por venir. Quizás estaríamos multiplicando esas mismas horas y ensanchando respiros, con un cerro precordillerano de fondo. Y la evidente luz perfecta ya nos habría transformado en una permanente foto de perfil.
Pero por gran parte del trecho traté mi cuerpo como un templo, en ruinas. Y mi mente se fue escapando sola. No fumé como podría. E intenté torpemente adelantar el paso a los quizás, hasta que le di la vuelta a un planeta que no dejó de girar. Y perdí todo el tiempo que nunca gané.
Los recuerdos aún no se gestan como para valer el estar una vez más en esta tierra. Arena movediza. Quizás el éxtasis y la felicidad de laboratorio hubiesen sido otra opción. La terapia o más alcohol. Pero allá van mis pensamientos, con su propia agenda. Con pedazos de mi vida, mi/s historia/s, mi cabeza.
Solo fragmentos. Se lleva y me deja, fragmentos.