viernes, 22 de julio de 2016

Fragmentos

Quizás si hubiera fumado más, sabría ir más lento. Tal vez las neuronas se hubieran relajado con los años y los músculos se quedarían en su lugar por más tiempo.

Quizás si hubiese sido más arriesgado en la química y menos en la filosofía escolar, tendría ahora un buen gorro de lana sintética, y tocaría guitarra en un columpio, junto a una flaca de larga melena negra.

Y hablaríamos de los años que se nos fueron, y de los años que tenemos por venir. Quizás estaríamos multiplicando esas mismas horas y ensanchando respiros, con un cerro precordillerano de fondo. Y la evidente luz perfecta ya nos habría transformado en una permanente foto de perfil.

Pero por gran parte del trecho traté mi cuerpo como un templo, en ruinas. Y mi mente se fue escapando sola. No fumé como podría. E intenté torpemente adelantar el paso a los quizás, hasta que le di la vuelta a un planeta que no dejó de girar. Y perdí todo el tiempo que nunca gané.

Los recuerdos aún no se gestan como para valer el estar una vez más en esta tierra. Arena movediza. Quizás el éxtasis y la felicidad de laboratorio hubiesen sido otra opción. La terapia o más alcohol. Pero allá van mis pensamientos, con su propia agenda. Con pedazos de mi vida, mi/s historia/s, mi cabeza.

Solo fragmentos. Se lleva y me deja, fragmentos.


martes, 5 de julio de 2016

Un almuerzo tal vez

Voy a compartir con ustedes un poema

El único problema
es que aún no existe

No tiene forma ni métrica
no tiene armonía, rítmica, ni pies ni cabeza
no tiene alma
no tiene tiempo, hálito

Aliento, soplo, cuerpo, sangre

Quizás lo tenga, cuando exista, si es que existe, quizás exista

Les comparto sí el envoltorio, les comparto el dolor
el pecho que se hunde
como si se avergonzara de existir
que se hunde de miseria, fracaso, de ego mal habido
se hunde y se hunde y se hunde y se hunde
y recubre en su cóncava silueta a este poema
que aún no existe

Les comparto las lágrimas que brotan solas,
el metro, el sol de invierno y el viento que se mete por la ventanilla
y reseca los rastros en las mejillas, que han quedado tras
un-los hombres no lloran

Les dejo también la angustia de fin de mes
todo el mes
meses
con las manos en los bolsillos 
en los bolsillos, en los bolsillos

La alegría de unas lucas olvidadas,
un almuerzo tal vez

El miedo de que te llamen, las zapatillas rotas
el sexo tembloroso, derrotado, 
perdido y ausente
abandonado por sí mismo

El cansancio cincelando
en la piel
hasta los músculos, hasta los huesos
cortando las fibras de las piernas flacas
como pinzas de madera entre los poros, jugando con la poca carne
dejando los hoyos, las formas, las astillas, los espacios de arcilla
que se desgastan y van cayendo, desmenuzados
en pequeñas piedras
suaves al tacto, tranquilas al tacto
que giran y giran entre los dedos

La sensación calma de irse desvaneciendo, desmembrando, desgranando
Al tacto

El poema que aún no existe, no necesita una bala

Me acompaña, me abraza, me invita
a no existir, les cuento
comparto, aunque no se pueda algo tan íntimo

Tan íntimo

Que necio he sido