martes, 18 de agosto de 2015

Pequeña Manía

Tengo una pequeña manía, que es escribir poesía.

Nadie me dijo que sea poesía lo que escribo, ni que fuese un poeta al hacerlo. Tampoco sé si algo cambiaría porque alguien lo hiciese, incluso si es que muchas personas así lo consideraran. 

Parte esencial de ser quien soy es no haber comprendido hasta la fecha los nombres ni los títulos; lo que no me quita el haberlos deseado, mas como se desea el dejar de pensar -al menos por un momento- cuando se está a la deriva en el desenfreno, en el vértigo mental.

Quizás un poco menos de ambigüedad en mi vida estaría bien, y debería simplemente declararme poeta, violentar la inercia y pelear por un pedazo de realidad, por una definición que juegue a ser concreta. 

Y me podrían preguntar entonces, con toda razón, ¿como eres poeta sin un libro, sin algo que mostrar?, pues yo hablaría de lo efímero. Y me podrían insistir, con toda legitimidad, ¿que te hace poeta, por qué eres poeta entonces?, pues por manía, tendría que decir. Porque tengo esta pequeña manía, que es escribir poesía.

Este Atardecer

Me sacié de juegos
rebalsé de amor falso
y deseo exagerado

Y a mi cuerpo lo calmé
con lo más barato que
pude encontrar

Terminé la existencia, con trampas

Pero
pagué muchas horas para llegar a este atardecer

La procesión es día sencillo
la penitencia un momento
antes
que los grilletes toquen el suelo

Pequeñas tribulaciones
Tras las que alcancé el onírico ideal

Nada refrena, nada ata
Y el sol aún entibia
Y el sol aún se va

Pero
pagué muchas horas para llegar a este atardecer

En la silla la espalda descansa
los pies sobre el radiador
la inmensa ventana desnuda una ciudad ajena
y por unos segundos
he domado la vida

Porque no he querido más

Pero
pagué muchas horas para llegar a este atardecer

Y miro
observo
Y me entrego
después del fin

Podría ser entonces
que una ulcera perfore
mi pánico
y el veneno drene tan rápido como nace
Que me acostumbre al temor
de todas las posibilidades
Que las letras no dependan
y la tranquilidad encaje en la realidad

Podría ser que un día
que un día pueda
simplemente
quedarme en el atardecer

martes, 4 de agosto de 2015

Menos es más


Y me voy quedando solo.
Está todo en silencio.

Las maravillas que vi, se esconden.

Estoy entre el porno y seguir escribiendo.
Pero en realidad no tengo energía más que para lamentarme con la mirada baja
a ras de teclado.

Sigo escribiendo porque estoy encerrado en ello.

Me salgo, vuelvo.
Sigo quedándome solo.
El silencio es ahora intermitente.
Siento en el estomago la pena.

Menos es más.

No quiero sentir jamás esto de nuevo.




Grito

Era sobre estrujar y retorcer palabras hasta,
por suerte o cansancio,
sacarles un grito; uno que les sonara bonito.
¿Por qué?
Porque solo puedo reducir los daños.

Era sobre decir de aquella
que es la única forma que tengo
para transfigurar mi roído criterio
en algo menos insensato
como un testimonio humillante del dolor
como un cuadro de la miseria cíclica
que redunda en mi sudor

Era que no sólo son fracasos
los que meto a la máquina
dónde las tripas se hacen cecina

No.

Es un entre tanto
en el que ofrezco mi vida.

La vendo sin precio.
La regalo para lucrar.

Y espero a que, con suerte,
caigan un par de aplausos,
unos like

Pausa. Para.

Ya no es tan terrible ser tan frágil.
¿Cierto?

Creo que tengo la respuesta
que he alcanzado cierta felicidad

Quizás me olvide de todo
Quizás se perdone mi veneno
Quizás vuelva la sonrisa.

Hola,
todo sigue igual.

A veces no soy tan bueno como una planta
para hacer fotosíntesis.