lunes, 15 de diciembre de 2014

Costumbre

No pensé jamás en cortar todo, no creí la senda de Siddhartha apta para mí. Siempre fui mundano, superficial en distintas capas, hasta llegar a lo profundo. Por eso me fui en un 2.0, o 3.0 quizás. Tratando de armar un punto medio en alguna de las esquinas.

Tampoco creí que no se pudiera quedar bien con Dios y el Diablo, siendo ambos accionistas de la misma empresa.

Seguir así no es quererlo todo, es querer un buen resumen. Una buena historia quizás.

Me puse a viajar entonces para buscar. Solo eso. Gastar tiempo, vender arrepentimientos, comprar recuerdos. Trocar miedos. Arrendar esperanzas.

Pero el pasto se quema rápido a las puertas de este verano. La tierra queda árida, resentida. Y yo aún no me acostumbro a que nos adaptemos a todo.

A veces el vértigo despierta la ansiedad. O la ansiedad al vértigo. Como turnándose para protegerse de la calma. Y en la vigilia olvido entender. Olvido que no puedo saltar el abismo con un paso, ni rimar el porvenir.

Con suerte puedo frenar un poco, y silbar. 
Jugar el alma con el viento que tan solo ahora pasa.

Tengo la fortuna de un mal dormir. El descaro de buscar más ilusiones. Las ganas de que alguien se decida, y ya sea por azar o vocación, quedar en algún buen lugar dónde confluyan las emociones que azotan perdidas el aire.


Nunca pensé en cortar todo. Tampoco en acostumbrarme a decir adiós.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Historias


Todos tienen ese vacío
sienten ese agujero negro en su interior

Yo lleno el mio con historias
historias que olvido
historias que se resisten
historias con caras
nombres
a veces solo historias

No, no son mis átomos
son mi antimateria
lo que calma la nada
lo que desarma la gravedad
la despeina
la relaja
la ama
la cansa
la acaricia
la duerme
y la vuelve a amar

Las historias en mi se han enamorado
de aquella fuerza
que ya no levanta los brazos

Desembocaron enterneciéndose del vacío
como abuelas de lo que todo absorbe
madres de todos los niños

Las historias ya no tienen fin
no dejan de venir, de nacer
de crecer, morir
resucitar o extinguirse
una-vez-más

Las veo
y las dejo pegarse a mi piel
impregnarme lo más ajeno

Su olor

Y acaso una historia se me desprende
vuela, flota alrededor
mientras su luz muestra las letras
que hacen los ácaros
(viento, flores y piedras)
los cables
(pasto, mar y sábanas)
el concreto
(papeles, ruido y silencio)
el sol, el cielo
el sueño
hermanos y extraños
raíces

Y estoy completo
al ser un poco más de lo que soy


sábado, 8 de noviembre de 2014

Todos los días


El miedo y las ventanas empañadas, cada día.
La escarcha en el pasto, el miedo. Cada día.
Las nubes sobre el mar, cada día. El miedo.

Limpiar las ventanas, todos los días.
Acariciar el pasto, todos los días.
Soplar al cielo, todos los días.

El miedo se va.
Y vuelve, todos los días.


martes, 21 de octubre de 2014

Costumbre a la luz/demasiada gravedad

Mi oscuridad está iluminada por mi ego.
El cuadro es psicodélico.
No resisto quedarme en la piel.
 Algunos agitan sus entrañas
Botan sus desechos, sus promesas de mañana
Su intento de existir


Todo se mezcla

Y yo simplemente quiero que deje de pesar
encontrar la ausencia de gravedad
para que salga volando, flotando con el viento
lo que habita acá, lo que yace adentro

Soy palabras

Pero éstas tienen hilos
Hilos negros
Y llevan sangre, llevan venas, llevan trozos y hastío
Gelatina rugosa, pedazos de intestino
Mi estomago, ramas del pulmón
esquirlas blancas

Son hilos,
que hacen de todo intento un volantín

Y son tantos ya
que se han creído mis alas
Pero no vuelo

Aún hay demasiada gravedad
Para huir

Mi ego sigue iluminando
A ver si encuentro algo al mostrar
Pero todo esto se sostiene
sobre una empatía que podría
-simplemente-
no llegar

Aun hay demasiada gravedad
Para evadir

Los impactos serán siempre certeros

Mi oscuridad se acostumbró a la luz
Mi piel no me deja salir

Solo un necio intentaría seguir

No hay opción.

Nací

viernes, 10 de octubre de 2014

Todos se fueron

Y yo estoy en la pieza, y ella está allá en el living, bailando con otro. Con otros, con otro. Probablemente ya lo besó. No aguanté ver su brazo buscando su cintura. Ahora ríen. Yo huí como pude. Estoy en la pieza. Algo así como mi pieza.

Todo parte en el porque no me quieren. Continua en el quizás no es ella, quizás soy yo. Sigue después de unos cuantos saltos en el porque no soy capaz de querer. Pasa entonces al pensar la forma más próxima y fácil para morir. Después desemboca en la estupidez endémica que tengo, y a continuación a tratar de volver a la calma mientras escupo en mi mente.

Termina conmigo tratando de huir. Escribir sigue siendo parte de eso.

Es un ciclo. Siempre es un ciclo.

Y no entiendo porqué, porqué soy tan idiota. Porqué no puedo, simplemente no puedo.

Y tengo más miedo del que mi cuerpo puede aguantar.

Pero algún día se va a quebrar está alma.
Algún día.
Por ahora ya se fueron.


Se fueron todos.

domingo, 5 de octubre de 2014

Burbujas de jabón


3 de la mañana. El viento sopla con fuerza si es que lo escucho entre los silencios de Charly, Spinetta, Pescado Rabioso, Sui Generis y Serú Girán. No son muchos esos silencios, pero son potentes. En ellos el departamento tiembla.

No llegué hace mucho, aun llevo una sonrisa. Esta es noche de domingo, mañana trabajo y no. Si lo hago y no importa.

Y recordé mitos que hace mucho no narraba. Historias.

Y miré ciertos ojos y expliqué ciertos misterios.

Y abracé algo más que las circunstancias.

Todo son burbujas de jabón. Y esta bien así. Aprendí a ser feliz con los reflejos.

Todo son burbujas de jabón. Y yo soy un niño, o un idiota. Y rio sin cause ni caudal. Rio y me desbordo.

Y quizás olvide todo.
Y ya nada será burbujas de jabón.

Pero el viento hará temblar dónde esté,
y me volveré a desbordar.

Una y otra vez
Me volveré a desbordar

miércoles, 1 de octubre de 2014

Cuando desborda la tristeza


   Salí a viajar sabiendo que podría morir
No como coincidencia
De una enfermedad
Cruzando la calle
En una pelea
De hambre
Ahogado
Drogado
Incendiado
Extinguido

Salí a viajar sabiendo que podría morir
por mis propias manos
Sabiendo
que mi peor enemigo
sería yo

Siempre me tranquilizó 
en la desesperación
la calma de la muerte

Solía imaginar el vacío
como una cálida manta
que abrazaba en el frío de mi mente

Siempre estuvo ahí
apaciguándome
cuando desbordaba la tristeza
Sólida
Serena
Certera
Cierta
Vivida
Voraz
Ruin

Real

Tibia

Supo ser lo que me afirmaba
aún después de caer
la segunda oportunidad
que no olvida nunca el dolor

A veces pienso en lo que te hice
Y quiero hablarte 
podría ser
para no sentirme tan solo
Sé, no te puedo prometer amor
No, salvo para saciar la sed de esta amargura
Y
como un pequeño e insignificante
monstruo,
devorar tu vida


Solo tengo muerte
Cuando desborda la tristeza





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Aún espero el bus

Dos cosas sin relación aparente, que fusionadas, provoquen una explosión emocional.
Una reacción en cadena que.. ¿cree más energía?, ¿se podría?

No sé como lo sé. Pero lo viví.
Las palabras se emanciparon de la termodinámica.

Siempre quise adivinar la alquimia
Unir planetas con algodón
Y vestirme bien
Una polera blanca, unos jeans. Inercia en los bolsillos.
Anti-materia en los ojos
Fuego y polvo, cenizas en los labios.
Las probabilidades descansando en la solapa
Enzimas, vulvas y axiomas en un ramillete
Para pasear sin que el amor sospechara
Una traición

Quería construir un pueblo
de microbios
y estrellas

Y esconderme allí

Pero aún espero el bus
que me llevaría al tiempo
dónde todo confluye

Donde podía alzar las manos y agarrar las esencias
moldear las formas
encender los sueños
como pequeños truenos y rayos
entrelazados
brotando a raudales en las palmas
iluminando los dedos
la habitación
el mundo

Con el vértigo
amable vértigo
acariciándose a espaldas de la perspectiva
haciendo girar todo
sutilmente, con violencia
armónicamente
como el caos

Y una sonrisa
Y una sonrisa.

Casi cualquiera


Podrías ser uno de esos errores
que no me hacen tan mal
Una solución
a muchos problemas sin jerarquía
Ese mando medio
en la burocracia de la vida

Y yo podría ser uno más
de tus miedos
Leña en la hoguera
de tu inseguridad
Un obstáculo sonriente
Que olvidarás con amargura

Solo el deseo
creará los puentes

Tu eres casi cualquier mujer
Yo soy casi cualquier hombre


domingo, 21 de septiembre de 2014

Como en (Like in) Wellington


La felicidad de dejarse llevar por el viento. Dejarse empujar y luchar también, resistir, pero jugando, tal como se entretienen los cachorros leones de una misma camada.

Y reír, y gritar. Y volar.

Buscaba hace noches palabras para ensamblar poesía, como andamios y escaleras, como recetas e ingredientes.

Jugar es poesía.

Darse cuenta que no se necesita más, que te están moviendo. Que vives y estas completo, porque te remecen y sientes todo lo que llevas dentro.

Y caminar, y mirar. Y volar.

La vida es poesía.
Cuando hay viento.



---English---



The happiness of let yourself go by the wind. Let you to be pushed and fight too, resist, but playing, just like the young lions of the same litter entertain themselves.

And laugh, and scream. And Fly.

Nights ago I was looking words to assemble poetry, like scaffolds and ladders, like recipes and ingredients.

To play is poetry.

And realize that you don’t need more, that you’re being moved. That you live and are complete, because you’re being shaken up and can feel everything that you carry inside.

And walk, and look. And Fly.

Life is poetry.
When there’s wind.

martes, 16 de septiembre de 2014

Trivialidades

¿Que es compartir mucho?, ¿que es hablar de más?

¿Y después decir algo de lo que te puedas arrepentir?, no tiene sentido.

El arrepentimiento es amplio como las posibilidades del futuro. Es cada segundo del mañana, desde cualquier época.

Pero hoy es maquillaje -para decir- que siento. En mi corazón, siento. En mi alma, siento.

Que apesto.

Que soy el fracaso de algo que no fue ni si quiera un intento.



Tengo pena. Quedé corto, le pongo color. Tengo desesperanza. Desolación.



En la banalidad aparece con fuerza la miseria interna, nada la contiene. Y sí salgo, si camino o me quedo quieto, me estrello con la misma pared.

A veces me relajo en la posibilidad de que todo se acabe de repente. Que me acabe, de repente.

No tengo mucho porque vivir.

Tampoco tengo mucho porque morir.

Así está la balanza.


Y no soy fuerte, como para cambiarla, no en una vida sin amor. No soy fuerte.

Discúlpame, si te perdí. Olvide como ser interesante. Tampoco supe ser un buen hombre. Aunque ni si quiera estoy seguro de ser uno. Nunca me gustaron las categorías.

Discúlpame.

Voy a botar lo que siento, y me sentaré esperando un milagro, no abiertamente, pero si semi-inconscientemente

Trivialidades.

Coinciden las noches y voy juntando fracasos para cargar los dedos. Disparo, coinciden las noches, se juntan, se van. El té queda en la mesa.

Ella no me quiso, o quizás si, durante breves segundos que se diluyen por espera, por-que-sí, por respeto, por prudencia, por odio, por rabia, por miedo -como boomerang que va desde el pánico hasta el otro lado donde habitan las ganas de cruzarlo, y vuelve al punto muerto-, por pensar, por fealdad, por pobreza, por torpeza, por angustia, por falta de lo que destila la experiencia, por karma, azar o destino. O quizás no. Quizás simplemente no.


Lo malo de que se me aparezcan tan fácil las historias es que tienden a hacerse parte de mi vida.
Y un intento de buen guionista sabrá que inevitablemente se ha de contar un doloroso final en estos días, porque nadie quiso creer en algo más

¿Como congelar el tiempo?, me sentía tan cómodo por unos momentos, breves momentos. Toda una vida de meditación. Es un misterio arqueológico escondido en una cocina. El trance de la vigilia, abrir y cerrar los ojos. Quedarse ahí.





sábado, 13 de septiembre de 2014

Determinismo



Me gustan las mujeres. No es algo obvio, no es algo que siempre haya sabido ni es algo tácito. Es una determinación impuesta por factores exógenamente internos que -como otras tantas imposiciones- he combatido porque simplemente no me gusta que me digan que hacer sin que exista la posibilidad de que me feliciten por ello. Si, o sea, igual (a veces, no siempre) me gusta que me digan que hacer si después sé que me van a decir que lo hice bien y así me siento bacán. Siempre he querido estrellitas y caritas felices en mi vida, traumas de Kinder.

Ah y bueno, me gustan las mujeres. Creo que eso fue lo único que en cierto momento me hizo creer que no soy gay. O quizás lo soy, pero como los lesbianos de Plan Z. 

Como sea, me gustan las mujeres. Y lo peor, es que me gusta que me gusten. Poco a poco les pierdo el miedo cuando mi memoria, azotada por explosiones químicas, olvida todo, y cree que puedo ser feliz por primera y última vez una vez más.

Y me gustan.

Me gustan loquillas. No locas. Loquillas. Pecesillas. Risueñas, efervescentes, payasísticas y serias. Profundas. Trascendentales y depresivas por que logran ver más allá de las brechas de la vida, donde, tras ellas, todo es amargo y desolado. Me gustan comunistas y revolucionarias con calle, para hacer una dialéctica con mi anarquismo de escritorio. Me gustan mágicas, que sanen o quieran sanar, para que hagamos ritos y sahumerios, vayamos a clases ocultas y leamos de misterios. 

Me gustan.

Tímidas. Y salvajes. Violentas, suaves. Inocentes, rapaces. Devoradoras insaciables. Austeras. Sabias y frívolas. Y no, no me gusta un "simplemente contradictorias". No es blanco y negro, Amalgamas. Complejidades, explosiones. Que limpian, no que destruyen. Perspectiva. 

Me gustan tiernas, autosuficientes y buenas compañeras. Creativas, soñadoras. Con aguante e iniciativa. Musicales, amables. Comprensivas y apasionadas. Enojonas. Amurradas. Rasguñadoras, de piel y piedras. Sutilmente danzarinas, amigas del viento. Y que combinen con las hojas de los árboles de otoño. 

Me gustan temerosas, pero tranquilas en el miedo. Sólidamente inciertas. Vivas. Y en singular.

Me gustan así, porque cuando son así, desembocamos en más, en mejor, en quizás, en poesía. 

Y sé que solo hablo desde el egoísmo, con ansias de ser uno compartido. Egoísmo de a dos. O puede que no. Puede que de verdad no sea egoísmo y el deseo y la imaginería sean así parte del amor y sus alrededores. ¿Porqué no?

Lo trágico es que, dentro de la gama de condiciones propias de las imposiciones, se encuentran las paradojas. Aquellos elementos que le dan sentido a los libros, historias o chistes. Y en este caso, que aún no se descifra del todo, la paradoja es que esa mujer que me gusta posee como gran característica unificadora la capacidad de no ser atraída por personas como yo. 

Y en caso contrario, si por algún defecto de la matriz llegase a estar interesada, una complicada reacción sistemática en mi organismo, posiblemente conocida en su efecto como auto-sabotaje, generaría una noción de rechazo, miedo o algún otro tipo de inoculación con capacidad evolutiva diseñada para sortear las respectivas defensas.

Me gustan.

Y me voy a dormir sin esperar una epifanía.





miércoles, 10 de septiembre de 2014

No soy todo lo que escribo


No soy todo lo que escribo.

Quisiera intentar afirmar categóricamente aquello.

Puede ser como pintar un cuadro, capturar una imagen, un paisaje que observamos y no nos pertenece. Y así solo lo que filtramos -lo poco que se queda en la red-, es algo que podríamos decir propio. Y aún así, discutiblemente.

Una historia emocional, dibujar un sentimiento. Ver una posibilidad y atentar por ella.

Es como decir que aunque todos los personajes del libro hayan nacido en el autor, no lo son, no son él. Y sí. Lo son. Intento.

Quizás lo esencial está en abrir la posibilidad a las dimensiones del ser y cuestionar la pertenencia como la elástica habilidad de extrapolar una supuesta presencia a cosas y consecuencias, como lo que se crea.
Y podría verse todo mas bien como las capas de una torta.  Pero más extraño, y con figuras cuánticas y cuáticas.

Otra opción, aparentemente más fácil, sería abarcar todo lo hecho y abrazarlo como una unidad. El problema ahí es lo no dicho.
Honestamente, no me gustaría que se enojara conmigo.
Y es que lo no dicho es harto, aún.

Puede ser que más fácil sea no considerarse bajo ninguna forma como alguien ni perteneciente ni propietario. Pasar como una nube que no le gusta el epíteto de neblina, flufeando por las calles.

Claro, creo que pueden haber unas opciones más, pero pronto van a cerrar la biblioteca. Y por ende se acaba el tiempo para pensar en red, el internet gratis. Y así termino con que el problema está allá, con ustedes.

Si no existieran como otros, no habría necesidad de rebanarse los sesos tratando de hilar fronteras. Si tan sólo fuésemos todas las posibilidades, esté divagar sería un poco más sencillo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Reset


Si no es productivo, escribir, entonces por qué preferirlo a jugar, a olvidar. 
A evadir.
¿No desaparecen las angustias con el tiempo?, ¿no desaparece todo con el tiempo?

(A veces no, signos.
A veces las preguntas se entregan a sí mismas)

Estoy haciendo esto solo para buscarte, 
o para buscar algo que seguir.

Todo se hace tan pesado, excepto dormir.

Un día que pueda ser todos los días. Eso sería un horizonte.
Un día. 

Reset.

Qué me dices, ¿eres ese día?
-Algo salió mal, no funcionó
Sigo preguntándome-
¿Eres la pieza que haga parecer que todo tuvo sentido,
que todo fue por algo?

Necesito que tomes las riendas
Acá ya no encontré nada
Todo esta tan oscuro
Todo es tan denso

Todo se hace tan pesado, excepto dormir

¿Y si violas mis miedos?
Y si me abrazas y me dices que todo estará bien
Y yo te agarro del pelo
Y entierro mi cuerpo en el tuyo
Y te golpeo una y otra vez
Y me atrevo a disfrutar de tus gritos
Y decimos que todo es placer

¿Por qué confundes amor con horror?

Extrañas reacciones tiene
El ser humano,
cuando
Todo es tan cercano
Todo es tan distinto

Nunca supe de líneas
Solo acepté confusiones

Por eso tengo el alma temblando

¿Puedes sentirla?


No encuentro la llave
para esta puerta sin cerrojo
Y todo se hace tan pesado, excepto dormir


Solo quiero que comience de nuevo.

Una vez, que comience todo de nuevo.


Y, quizás, así deje de temblar.


Quizás,
así pueda descansar.

Dormir.
                                                                      

-          Reset

viernes, 22 de agosto de 2014

(De porqué soy) Un mal revolucionario

Nací en Chile, en Valparaíso, pero nunca viví ahí. No tuve el encanto regional. Me fui a Ecuador no mucho después de nacer y volví casi con los 90's, tras un viaje hijo de un divorcio, de un mal matrimonio, y no de un exilio político.

Cuando volví vivimos en algunos lugares tristes, otros no tanto, pero siempre en buenas comunas. Prácticamente nunca estuve muy lejos de Ñuñoa o Providencia. Por lo mismo fui a un colegio privado de por ahí, de monjas. Becado, pero que importa. Cuando la beca se acabó fui a uno de los colegios "emblemáticos" de los públicos, una vez más fui parte de cierta élite. Asimismo terminé en la Universidad de Chile, camino claro y manifiesto.

Nunca tuvimos mucho dinero, pero tampoco nos faltó. Tuve tíos, y amigos, que me mostraron la vida de las casas con piscina, o en la playa, incluso de las granjas y los caballos. Algarrobo por muchos años fue sinónimo de verano. Ilimay, en Las Cruces, también. Y viajé a otras ciudades más al norte, o más al sur. No siempre salía, pero si usualmente.

Hice caridad durante el colegio trabajando durante algunos años en un incipiente proyecto llamado un Techo Para Chile. Fui a la iglesia hasta que me salí del proceso de confirmación y tuve acceso a un computador desde pequeño, pues mi abuelo era profesor de computación

Nunca pertenecí a un grupo en especial. Nunca fui bueno para pertenecer. La mayoría de las personas con las que me junté las conocí por internet o por el colegio. Y a la fecha no sé de la gran mayoría. Olvidé casi todos los nombres y las historias. Cientos de días podrían ser menos que un sueño.

Me junté con algunos punks y skinheads cuando joven, pero me toleraban como se acepta a un extranjero que en el fondo no es tan pesado, que da un toque de diversidad. Y me junté con otros grupos, repitiendo la misma dinámica, pero sin el pensamiento político. Usualmente, y agrego a mi colegio de la enseñanza media en esto, con un estigma de cuico venido a menos, o abajista quizás. El apodo de aristo-hippie es de las mejores cosas que recuerdo al respecto.

Durante parte del colegio defendí la metafísica contra el materialismo, porque creía en ciertas cosas. A veces. A veces no creía y solo quería discutir. A veces solo quería paz, y no sabía cómo.

Tiempo antes, en el 98, cuando iba en octavo, pensaba que estaba bien que volviera Pinochet a Chile para que lo juzgaran acá. Quizás ni sabía bien quien era. Hasta ese entonces no había escuchado del FPMR, el MIR, ni si quiera de los lautaristas o nada por el estilo. Solo había destilado por lo que se deja ver en la historia de los libros del colegio que había sido un periodo negro. Pero no sabia argumentar contra la repetitiva propuesta de que al menos había sido bueno económicamente, así que la adopté por un buen tiempo.

Nunca fui avanzado en nada. Me gustaba irme para el lado. Por las ramas. Veía cosas. Pensaba rutinariamente por azar y las visiones, los bellos paisajes que aparecían, se acostumbraron a perderse adentro. Nunca vieron las palabras. Éstas, en su vacío, fueron abordadas sin cesar por los nervios y el miedo profundo al silencio en compañía. Porque creía que en el silencio se iba la gente, y nunca supe como afrontar el no saber si volverían.

Mi padre se fue en el silencio. Antes de que pudiera hablar. Él es marino, y hasta el día de hoy no sé que hizo para el 73.

Buena parte de mi familia es de derecha, unos pocos concertacionistas o indiferentes. Mi abuela era centrada, y como buena Libra, le gustaba mantener el punto medio, lo que la inclinaba hacia la DC-PPD. Y sí, sé de Astrología y también Tarot. De ahí viene el nombre de este blog. Me gusta la posibilidad de la magia, me gusta -por sobre todo- la posibilidad del misterio, aunque éste pueda rozar la ignorancia.

Quisiera decir que soy feminista, pero sigo hablando de si las minas están ricas o no. Les tengo miedo desde hace tiempo. Creo que tienen poderes que no puedo entender, y quizás alguna parte oscura de mi quiere encender hogueras. Las envidio profundamente también. Quizás una parte oscura de mi quiere quemarme con ellas.

Jugué cartas magic, cuando puedo juego Rol. Me apasiona cantar en un escenario, lo que me ha llevado solo hasta los karaokes. Leo, pero me distraigo fácil, y casi siempre acumulo libros en el velador. Cuando tengo uno. Ahora lo dejé todo y me fui a intentar viajar por el mundo.

Temo acostumbrarme tanto con el tiempo a esta vida que una nueva relación con el mundo se vea más lejana que el final. Por eso trato de sacudirme. Me muevo, pero caigo siempre que puedo en el sofá.

Podría decirse que soy un mal revolucionario. No tengo estampa, historia, ni proyección.
No he sembrado nada, solo observo y de vez en cuando dejo unas palabras por ahí.

Y sí, podría seguir enumerando, hilando entre el presente y el pasado, los diversos motivos que para diversas visiones me hacen un mal revolucionario, si es que acaso uno. Quizás lo haga mas adelante, pero por ahora solo quería aclarar a grosso modo que si, lo soy.

Aún estoy tan solo intentando entender que puedo hacer para mover estructuras casi a la misma velocidad con la que me resigno a entender que no puedo hacerlo. Puede que muera entretanto, en esto, sin nada romántico en ello por supuesto. Solo como eventualidad.

Ya le pediré disculpas a la vida por no haber sido mejor de lo que soy. Por ahora tan solo le pido un guiño hacia un camino, hacia un dónde, pueda ir a ser un poco mejor de lo que fui.

Por ahora, me quedan las ganas. Algunas. Las preguntas. La espera. La lucha de cada día por no dejar morir lo poco que ha crecido adentro. Y seguir así, al menos, como un mal revolucionario.




domingo, 3 de agosto de 2014

Ya fue


Estoy bien.

No necesito escribir de hecho.

Casi no lo hago.

Cierro los ojos y dejo que la música y el sueño hagan su juego.

Pero estoy bien.

Algo grita: "Dénme poesía". Algo adentro. Un animal enjaulado.

Y una parte racional-y-superficial de mi consciencia ríe en el absurdo
de querer poesía en la vigilia.
Y más
en lo propio de intentar escribirla.

Las teclas suenan muy fuerte. Retumban y rechinan, como las mandíbulas de un ratón tratando de doblegar un cable de cobre.

No recuerdo cuando aprendí a escribir sin ver.
(La gente duerme, no todos)
Y algo más aprendí a la entrada del sueño. No sé qué.

Solo espero poder cambiar esto por un plato de garbanzos.

Y dije que no iba a huir, pero huí.

Tampoco soy de los queridos, de los amados. Pero me llevo bien con algunos de ellos.
Lo veo en tercera dimensión de indiferencia.
Desde la vida hacia mi.


Podría haber estado todo bien.
Puede.


Pero,
¿Quien va a entender, si las migajas las dejo en el camino tan-solo para recordar que no me sigues; que no estás ahí?


No quiero terminar
Cerrar.
Como si algo fuese a pasar


Pero estoy bien


Estoy bien


miércoles, 23 de julio de 2014

Rabia podrida

Tengo rabia. Rabia podrida. Pienso mucho y no sale nada.

Soy un Chile-Cliché: Se trabaja mucho, poco se hace. Y aún así esta el cansancio, el stress y no sé a donde va a parar todo lo de entre medio, lo que debería ser algo.

Y el maraco -en el real sentido de la palabra- siempre termina con una mina. Ese es el titulo de la vida. Y yo no sé que hacer para dejar de mirar. Todos quieren un poco de atención y yo la doy. La regalo, la caficheo ad honorem.

No estoy a la moda, nunca. Y hablo de las anti-modas y las cosas que escupen a las modas, y las formas y las siluetas y las sombras que envuelven lo que esta demasiado bien como para rebajarse a asumir que es lo correcto, lo adecuado, lo esperado, lo anhelado, el puente hacia. Lo pertinente a tiempo y momentos.

No sé porqué mierda decidí tratar de no ser nada. No sé porqué la coincidencia. El milagro probabilístico - sin sentido alguno-. No sé porqué, lo que quise, calzó arbitrariamente con lo que fue. Lo que es. Porqué hay/soy/estoy nada.

Nunca continué. Siempre me moví. Tal vez sólo una vez me quedé. Tal vez solo una vez no volví a no volver.

Pero si voy a las excepciones nunca sacaré esta rabia.

Tal vez solo una vez todo. Tal vez nunca nada.

Quisiera haber parcelado mi mente en algún momento. Calmado la angustia de no abarcarlo todo y girar violentamente el timón que, en cambio, siguió su curso, hacia la ambigua incertidumbre. Más allá de las sirenas y los cíclopes. Al fondo, y a la derecha, de donde yace la honesta incertidumbre.

Debería haber terminado de estudiar en un colegio privado, y enfatizado más mi apellido extranjero. Haber entrado a una universidad bien, como la católica, o una cota mil. Salir con chicas lais y haber desechado participar de alguna juventud política, porque eso es para lateros.

Debería haber recorrido los barrios altos, aprendido a manejar, tener ropa sin hoyos.

Debería haber escogido un bando. El otro bando.

Debería haber mantenido un mismo grupo de amigos desde la infancia, con casas con piscina, con planes de vida pre-fabricados y viajes por venir. Viajes por viajar.

Debería haber ido a misa todas las semanas con una familia bien constituida, hacer Eje, confirmarme, haber entregado unas ilusiones e ido donde unas cuantas putas.

Debería haber intentado sonreír en las fotos. Y haber supuesto que todo lo que hago/digo es importante. Comunicar, mostrar, fotografiar, twitear todo. Todo. Porque en esta vida se es marca mas que persona. Y el que no lo entiende se esta devaluando.

Debería saber del mercado de acciones. De la bolsa.

Debería no interesarme lo que piensan las mujeres, pues para conseguir alguna eso no es necesario. Y hablando de eso, no debería cuestionar el tema de la propiedad bajo ningún aspecto.

Debería decir que los pobres lo son porque son flojos, que hay oportunidades en cada lugar si uno las sabe buscar. Que todo el resto son palabrerías y excusas.

Debería ir a los after office, usar terno, conocer las discos, jalar un poco más que un poco. Tomar etiquetas, negras, rojas, blancas. Tener una mano con buenos pitos, mas de alguien a quien decirle zorrón. Una colección de películas originales. Más consolas y juegos de los que puedo jugar. Un plasma.

Debería negar mi pasado, reconstruir todo.

Y es que si hubiese sido -si fuera- lo que odio, tal vez al menos tendría paz. Sería algo.

No espero que lo entiendas, son los fantasmas. Incluso lo más inverosímil cobra cierto sentido cuando estás solo, conversando con ellos. Como el que dejen un poco de perdón en las paredes cuando se van. Pero eso sí que no es común.

Mírame. Tomé tantas decisiones equivocadas, decidí que tantas decisiones estaban equivocadas, justifiqué tantas equivocaciones tan decididamente, que me mareé. Es sencillo, muy sencillo, pensar que todo está mal. Que todo fue un error.

Cuando el mundo da vueltas entre circunstancias y recuerdos.

Quizás mi alma llegó torcida.
Quizás nunca entendí lo que simple
era y significaba.

Por eso insisto, estoy podrido por una rabia que tengo. Una rabia putrefacta. Podrida. ¿Lo dije ya?, es algo un tanto recursivo esto. Puede ser a estas alturas que el cansancio sea la mejor cura. Sintomática, sí, pero todos toman paracetamol. No me vengan con paraísos.

Tengo frío.

Y quisiera ser bacán. Y no lamentar nada. Y no tener frío. Y hacer algo. Y escribir bien. Y abrazar a alguien. Y vivir.

Y no olvidar que olvido tan fácil. 
Que sonrío tan fácil.

No quiero terminar.

No debería haber empezado.

Pero ya llegué aquí.




...Puta la wea.




viernes, 18 de julio de 2014

Quizás no hay que dejar nada




Quizás no hay que dejar nada.

Tengo hambre y no me levanto, en el camino hay gente que no quiero ver. No tengo don de gente. No tengo don. Me vacié-de talento. Lento soy. Lento aprendo, si es que prendo. Los cables se funden. No creo, siento, no pienso. No, pienso. Solo pienso. No, lo demás. Noabsoluto.

Nobailo. Nocanto. Noescribo. Noquiero. Solo viento.

Y abajo, licité la paciencia. Prostituí las ganas. Hipotequé la pasión. Sobrevendí la vida.
Mi vida.
Si todo sigue así, van a cancelar la función.

¿Yo?, no. Yo no salgo en las fotos.

¿Besos?

Borro las letras que hablan de otras muertes. No hay respeto en ellas. Tengo demasiada procesión tras las uñas como para ahuyentar la simetría perfecta de la culpa. Lo quiero, lo dejo pasar. Pasa. Pasó. Pasa.
Un fracking de cristianismo maldito (en) mi alma.

Mi vocación es jugar en Facebook.

No tengo nada más.
Quizás esta bien.

Quizás, no hay que dejar nada.

Quemar todo. Salar la tierra, arrancar el pasto con el dedo gordo del pié. Solo por webiar.
Irse a dormir.
Trabajar, o no. Alargar el cuento, rellenar espacio. O no.
Irse
Y no dejar nada.

Puede ser, que me toque
No

dejar

Nada





Y arriba, solo viento.




viernes, 11 de julio de 2014

Una historia

Una historia.

Los dos caminaban por la falda del cerro, uno de esos con arbustos tirados como por un puño gigante y artrítico, con un piso pintado de verde a brocha gorda. A uno se le cayó el yogur y mancho el suelo y el sofá con la cuchara que tenía adentro. El envase al menos estaba casi vació. Cuando se movió para recoger la cuchara y el envase botó sin querer el control remoto, se cuasi agachó esta vez, pues tan solo llevaba medio camino de vuelta y agarro el control remoto entre las manos con yogur, envase y cuchara. Tras una intensa pelea con el desastre, dejo todo en algo ubicado unos buenos grados más abajo de lo que podríamos considerar orden, pero era suficiente. El movimiento final, y probablemente inducido por todo el conjunto de los previos movimientos, provocó un sonido eléctrico en el adaptador y la salida de esas temidas chispas azules. El adaptador, que estaba colgando a su lado, cayendo a la altura del segundo asiento de los tres que tiene el sofá, era antiguo. Y a veces los movimientos bruscos derivaban en un recordatorio bastante notorio de aquello.

Tardo un tiempo en darse cuenta que no era dos, sino solamente uno, y que no estaba en un cerro, aunque en realidad todavía tenía ciertas dudas razonables acerca de ello. La realidad puede ser demasiado retorcida en algunos casos, y las probabilidades dan para todo. Incluso para la posibilidad de que en el fondo de para casi todo y no todo, como una recursividad asistida. Asistida por la futilidad y el ocio. 

-¿Entonces qué?, se preguntó.

Esa costumbre de partir con preguntas. Aunque sabia que no partía, que ya había empezado esto antes y que aún así tenia razón en su alegato.

Cerró los ojos y se puso a contar. No era para saber del paso del tiempo, era simplemente la cosa que tenía más a mano. A mente. Repentinamente quebró el silencio con una risa estruendosa. Era un manco que recién descubría que no tenía manos. Las tenía. Pero así se sentía. Casi podía ver el vació después de los muñones, a la altura de los codos. Un poco más arriba. El cerro. Se miraba así mismo pensando que podría haber hecho allá.

La simbología de subir la cumbre, como el esfuerzo cotidiano de tratar de sobrepasar los obstáculos que se van haciendo más complejos por el desgaste y el camino, como dos máscaras totalmente distintas y al mismo tiempo profundamente relacionadas. Tenía que ver un poco con Sísifo, sabía, pero no era solo eso. Estaba el verde también. Es hermoso el verde, sobre todo el de un cerro.

Estaba cómodo, muy cómodo en la duda. La duda perpetuaba su existencia, y la duda podía ser eterna. No quería vivir para siempre, pero tampoco anhelaba un final temprano. Nunca se lo había cuestionado, pero ciertamente sabía que no lo quería. Quería saber hasta dónde podía llegar, en que podría terminar, quería saber, qué hay en su destino. Qué, esencialmente, está después de su destino. Quería ver exponencialmente en el futuro, sin necesidad de moverse en el tiempo. Era un aventurero, de eso se estaba dando cuenta.

La música le hacía danzar con facilidad, había percatado su existencia, repetitiva existencia. Pero al nivel de la redundancia del aire. Se creyó pájaro, y alzo sus alas para sentir el viento debajo de ellas y avanzar. Y conquistar. Volar. Nunca la palabra conquistar le había sonado más bella, que en ese momento, en que describió su relación con el aire, con el viento, con el momento, con la resistencia y lo que cede. Lo que se entrega en cada centímetro que pasa. Era profundamente dichoso, aunque la tendencia lo hiciera pensar primero en la palabra desdichado y después buscar su antónimo, como si se tratara de una traducción que hacer, pero no desde un idioma a otro, sino desde una vida a otra vida.

Sabía que ese camino era peligroso. Así que eligió otra senda, y siguió volando. Con la sutil sonrisa, que es más bien una mueca, de la satisfacción en el rostro. Un tatuaje de su voluntad dibujado con la comisura de sus labios.

Se arremangó las mangas, y se las volvió a bajar. Respiro profundo. Pensó en parar y continuar después. Creía en la reencarnación. Si, si creía. Sabía que era compleja. Una apuesta, a decir verdad. El mar, el oleaje, es muy inestable, y sus figuras son dibujadas por la cresta de las pequeñas olas que llegan a la orilla de una playa, una de arena mestiza. Había mucho que temer, pero no temía. Se entregaba, mientras seguía volando y recordaba su niñez en esa playa, en esa orilla. Su niñez que se hacía a si misma, en cada instante, mientras sostenía su sonrisa de profunda y trascendental satisfacción.

A estas alturas, a esa altura, ya podía llamarse una historia.

Y se fue volando, en dirección a algo muy parecido al horizonte, pero que no lo era como tal, abarcaba un poco menos, era más estrecho. Pero abarcaba un poco más de otra cosa también, de celeste. De profundidad. Se fue volando. Pensando suavemente en la resurrección, tal como va un suspiro acompañando un viento fresco de verano.


miércoles, 2 de julio de 2014

Un cuarto, sin boletos



Perpetrar la condena
Y amasar en el aire la voluntad
para salvar un poco
a tanta lluvia

Buscar la fuerza
de quien se deja permear,
la verdadera fuerza

¿Siempre hay una semilla a punto de explotar?

Podría pasarle un paño a las circunstancias
Por encima
o como préstamo
Y aún quedaría la pregunta

¿Siempre hay una semilla a punto de explotar?

No quisiera reagendar el destierro
Aunque no deja de ser intrigante
la copia de la arena
la imagen honesta de la tormenta
Mirar, en el espejo
las raíces del reflejo

La curiosidad apura.

Es el flujo que sigue
quien busca acomodar la forma
de la común inteligencia
la esencia de la supervivencia
a una lotería

¿Que es lo cierto?
¿Lo que logra?
¿Lo que resiste, tal vez?
cualquiera puede ser derrota o victoria
mientras haya vida
, la casualidad,
de la vida

¿De que sirve entonces?
No sirve,
diría
pero es
y lo es casi
todo

Intentar comprar todos los boletos.

El crepitar del fuego calma las aristas
las esferas se entregan
las líneas
los puntos
se ablandan
el universo se ablanda

Quizás imaginé la empatia
quizás
si hay un lugar

Compartamos un cuarto
y aprendamos a vivir
leyendo libros
escuchando música
viendo películas

contando historias
ensamblando mitos
navegando redes

fumando aire
bebiendo agua
comiendo tierra
inyectando fuego

Compartamos un cuarto
Y aprendamos a vivir
con la puerta cerrada

Compartamos un cuarto,
Y enséñame a no
ser otro

Enséñame
sin mundo

sin ti

sin mi






martes, 1 de julio de 2014

En el potro (la vigilia)



La resistencia al sueño
Subvivir
Extender la vigilia con el cuerpo sucio
Y el olor cansado
-
Porque las pesadillas
son más devastadoras
con los ojos abiertos

Soñamos
Despiertos

Nunca supe sonreír
No tengo los colores
El nacar,
el perla
Son residuos tragicómicos

Aún no aprendo a sonreír
Y las fotos se deshacen en el intento

Monstruosidad
es ver
Que es más cómoda la tristeza,
que sienta mejor
La desesperanza

Arreglaría la pesadilla para aflojar el contexto

Mas nada puedo hacer ya
es inevitable que se pudra la piel

Nunca quise tanto horror
el lamento
y el futuro,
inmerso en miseria y banalidad

Sangro vagamente

Sangra mi rostro

Son las uñas del tiempo
rasgaron mi alma
mi alma

marchita la alegría
Sigo, sobreviviendo en una torturada vigilia
extendida de brazos y piernas
En el potro
Mientras giro y giro la manivela
sus lágrimas se hacen palabras
y se derraman por esta tela
cruel
voces imploran paz
exigen
que les den paz
Las suplicas se confunden
Y lastimo -solo- la sombra de mi noche
pero en la oscuridad
Todas las desgracias son hermanas
somos
hermanas

 Desolación
es poder sonreír
en estás circunstancias

Solo desolación,
desde que perdí
Me abandono
la locura

Desde que
el amor
se convirtió en una parte más del llanto
en la tortura

Desde que yo
devine
en Su
sádico

Solo desolación

Pequeña pesadilla
terror nocturno
con la luz encendida

Ojos abiertos
machacando
los restos de la voluntad
de la vigilia

sábado, 28 de junio de 2014

No es mucho

Esto no es poesía.

Es mala poesía.

Lo sé, y sigo. ¿Que más puedo hacer?
Ni si quiera honestidad hay en esto
Lo crudo de mi historia
No sirve ni para envolver pescados
Es alergia envasada

Mi honestidad es de élite, sin serlo
Es blanca, sin serlo
Es americana, sin serlo
Es repetitiva.

No soy de allí, ni de allá
Y menos
de donde están los que no son de allí
ni de allá.

Me corté las uñas
Soy la antesala de la analogía
del sol de invierno
tengo más confusiones que certezas
sin el orgullo postmoderno
de estos días.
Y estoy cansado de los lamentos
pero es lo que tengo

Es lo que tengo.

Y ya abiertamente busco ojos nuevos
algunos ojos
y no hay nada
7 personas.
Quizás menos

¿Quien lee?

¿Quien vive?

¿Quien -me- vive?

Y no tengo mucha moral
para preguntar
no sé quien eres.

Solo pongo una canción
una y otra vez
Y espero ser bendecido
sin motivo alguno
porque la vida es injusta
y el sinsetido tiene mas de un camino

Y espero ser bendecido
para que todo salga fácil y bien
tras un chispazo
que lo cambie todo

Una palabra
que cambie vidas

La Vida

Pero si soy honesto,
-cosa que no soy-
diría que que el tiempo ya se perdió
que llegamos tarde
que solo queda salvar el honor,
y hacer el ultimo gol,
tras recibir una goleada

Si soy honesto,
cosa que establecimos ya
no es mi fuerte,
diría que me conformo
con un abrazo cálido cada noche
al ir a descansar
y una mirada
cómplice
porque siempre hay tiempo para algo más
y si me permiten agrandar el combo
le pondría una sonrisa
y algo de violencia animal
dulce y amargo
y un poco más

No es mucho

Es solo
-en resumen-
no tener que alojar preguntas
que solo se hacen
cuando ya se tienen las respuestas

Es solo
-sin resumen-
tener un millón de ojos
concentrados en un par

..O un millón de ojos,
-en su defecto-
para entretener
con la historia
alegre y desdichada
de lo que nunca tuve




viernes, 27 de junio de 2014

Hay algo más


Esto de viajar, no es para ser feliz.
Así como esto de escribir.

No. No todo es llegar al otro lado

Pulsiones

Cazar sueños
Desnudar dudas
Y -por sobre todo-,
abortar arrepentimientos

Hay algo más que la felicidad
¿Quizás la paz?
Una sanidad. Pero más sucia.

Entre tanto
Las noches siguen siendo iguales
Y se hace necesario buscar
Olores para dormir
Sonidos para sentir
Imágenes para abrazar
Colores, para la cordura

Profundos e intensos, colores.

Hay algo más,
Insisto
Y menos
Que huir
Que esconderse
Que saltarse los días y esperar
Tropezar

Dile a ese algo más
Que quieres morir
y te dará una razón para vivir.

Que quieres vivir, y te dará una razón.

Dile,
Que no tengo talento
Pero tengo ganas

Dile que,
Entre tanto
Necesito pasar la noche.
Y
no hay colores.

Dile.
Hay algo más.

Un latido, más.

Es solo
un latido más.





Giros


Que alguien se alegre de, necesite tú, egoísmo.
Incluso que lo anhele.

Amor. La transmutación de un vicio en belleza.

Es enfrentar el desamparo de la muerte con la ausencia de la razón.
Una dulce ausencia.
De esas que se dan por la presencia de algo más.
Un algo demencial.

Y en la demencia lo hermoso no es más que un prisma.
La materia elemental, lo que subyace, es el horror
y lo demás solo un giro.

No.

La materia basal de todo esto, es nada. Todo. No hay predominancias.
Solo giros.

Giros y las relaciones entre los factores.
El horror es lo que fue bello alguna vez.
La belleza es lo que fue horrible alguna vez.

Y sé que no tengo razón.
Es una espiral más retorcida la realidad.
Pero no estamos para lógicas.
La razón se fue cuando empezamos a hablar de ésto.

De alguien que desee tu egoísmo, porque tiene su apellido.

Un egoísmo de a dos
esquizofrenia y/o amor.
obsesión y/o amor.
desconfianza y/o amor.
odio, y/o, amor.

Sin ensuciarse, no hay placer.
Sin abrazar lo estúpido de nuestra naturaleza,
no hay felicidad.

Hay que estar un tanto enfermos para estar sanos.
Como las bacterias en el estomago.
La flora intestinal.

Flora.
Mariposas.
Estómago.

Es

La pastilla que está bien tomar.
La trago que está bien beber.
La droga que está bien inyectar.
La muerte que está bien invocar.
El cigarro que está bien fumar.
El silencio que esta bien mantener.
El insulto que esta bien decir.
El castigo que esta bien infligir.

La puerta que esta bien cerrar.

Amor.

No puedes ser perfecto.
No puedes intentar ser perfecto.



Pero te puedes ir, con lo que está bien.



lunes, 23 de junio de 2014

Preguntas para palabras que pueden hacer seppuku

¿Porqué me van a recordar?

¿Me van a recordar?

¿A quien le importa?

¿Hueles el chocolate?

Yo, un poco.

Nadie quiere palabras deprimentes, que los apunten con el dedo o que les griten en Arial 12.

Todos buscan un poco de sabiduría, un buen consejo o una frase pegajosa. Algo que muestre ingenio.

Trabajo.

¿Todos, casi todos?

Nos metieron hasta el fondo el pico de la productividad. Y no en el ojo.

¿Ha sido una tarde productiva, una semana productiva, una etapa productiva, una vida productiva?

Y no es cierto, no. Que no tengamos nada que perder.

¿Sería fácil también un silogismo sobre ganar?

Lo que sí-no tenemos, es el juego. Un juego.

¿No será "ese" juego sobre, ante, para lo que sirve ser libres, iguales, fraternos?

¿Y de que sirve servir?

Podría deconstruir algo, y así al menos tendríamos un puzzle. Un otro juego.

Pero la mierda está tan lejos, tan cerca, una y otra vez, como una marea inyectada en esteroides.

Son disparos. Y cada culatazo es una idea. Y cada explosión una idea más. Y la pistola, es otra idea. Y los blancos, son ideas. Y las balas.

¿Cuantas balas se necesitan para cambiar una ampolleta?

Aún le tengo miedo a tantas cosas, hablando de oscuridad. Pero no al miedo.

No le tengo miedo al miedo.

Porque no me gusta que me digan lo que debo hacer. Pero pago mis impuestos. O lo haría, si tuviera que hacerlo. Porque hago lo que me dicen que tengo que hacer.

Pero no le tengo miedo al miedo.

Quizás porque no me lo han dicho con mucha fuerza. Que debería.

¿Debería?

Dejemoslo así y brindemos, en copas de narcisismo. Y cuando haya podado los árboles y abierto el camino de la selva, se les regalará algo en el hall de la entrada.

Un cuento. Un libro.

Probablemente, realmente, no sea un regalo. Pero podría serlo.

Por ahora no tengo mucho más que preguntas para respuestas que no aclaran. Que tiñen.

Para palabras que pueden hacer Seppuku.
Y dejarme como su Zeppitsu.

La última pincelada de una duda que no valga la pena.

¿Que buscas acá?


Ese lugar en el sofá


No es caer en la apatía. No se cae. Uno se recuesta cómodamente en medio de un lugar cálido, como un espacio del sofá que ya ha sido adoctrinado filosóficamente para recibirte.

Por lo mismo, a veces, le doy gracias al dinero. A la puta necesidad de tenerlo, de tener que moverse por él. Lo mismo con la caza, o la agricultura en otras eras, otras vidas.

Si, le doy las gracias, como se le agradece a un maestro que te enseñó a golpes una mala lección.

Es lo confuso de estar tan familiarizado con el silencio.

Tengo vocación de invernar, y desaparecer en medio de la gente. Vocación para no responder. Para no reír. Para no llamar la atención, estando en el rincón. Tengo las ganas, el anhelo, pero no el talento.

Y no necesito más que una ilusión en 5 pulgadas. Ni si quiera un plasma. Rayos ni centellas. Solo echarme a morir y vivir. Podría. Pero no tengo el talento.

Olvidar el sol, los paseos, las conversaciones. Lo que esperan de ti. Lo que no les importa. Lo que no importa. Fingir otras realidades, descuadrar las horas, mudar el cuerpo.

No quiero que me jodan, que se metan conmigo.

Quiero paz, que se lleven sus miradas, sus parámetros, su bien y mal.

Tengo sueño, siempre sueño.


Nunca dejé de aprender nuevas formas para necesitar escapar.

jueves, 19 de junio de 2014

En este nuevo adiós



En este nuevo adiós te regalo lo mejor que puedo dar de mi.
Te regalo mi silencio, tu razón.

Es tuya, la última palabra.



Colibrí

Lo que más temo, más que la muerte. Más que la rutina. Más que el silencio. Más que el desempleo. Más que el olvido. Más que el lugar común. Más que la calvicie.

Lo que más temo, es ser un hijo de puta.

Devenir en un infeliz, un manipulador. Que en su avidez por no hundirse en su miseria, aplasta los sentimientos de otros.

Tuyos.

Y lo temo, porque soy consciente de su realidad, de lo fácil que puedo llegar a serlo. Solo necesito distraerme un poco, no prestar atención unos segundos, dejar que se desborde el ego.

Temo hacer daño.

Te.

Y temo que me dejes, aunque digas que el abandono no existe, porque no somos de nadie.

Aunque ya no estemos juntos.

Temo estar encerrado, atrapado entre no sentir lo suficiente como para hacer lo que debería hacer, y sentir lo suficiente como para hacer lo insuficiente.

Temo ser cruel, vistiendo de arrepentimiento y consciencia tardía las faltas, las heridas.

Pero por sobre todo temo, en esto de ser un hijo de puta,
despertar un día cualquiera, y darme cuenta

que te amé.

martes, 17 de junio de 2014

Recurrente impermanencia

Ya sabes, cuando las emociones te obligan a escribir. Cuando algo gatilla en ti una reacción inevitable, un acto reflejo. Lo difícil es buscar la forma en que no se escapen los efectos, lo que hay que plasmar. 

Es una batalla contra los gusanos que salen desde su propio Samsara para asfixiar los ojos, apretar el pecho y lo que puedan agarrar del corazón, para envolver las luces que habitan entre las costillas y la piel, para hacerse nudos desde la garganta al esternón.

Y cuando los tratas de atrapar en palabras, se escabullen. Y vuelven. Vuelven a volver.
Su impermanencia es recurrente. Un juego.

Y yo me pregunto cuales son los motivos, qué provoca esto. Las penas envueltas en miedos, como hojas de parra y arroz. Y voy al árbol y voy al arrozal. Pero ahí están. Los gusanos, cálidos y luminosos gusanos, con sus nudos que no se desatar. Y sus trampas, las trampas. Que vienen de antes, de los lados; no sé si ya caí, si ya salí. Son capricho. Trampas hechas para tramposos.

Solo un hachazo a la realidad, como espada de Magno al nudo Gordiano, y así explotarían las respuestas, manchando de preguntas el cielo. La alfombra. El árbol. El arrozal.

Incurable, inquerible. Palabras que quedarían huérfanas.

Y la intranquilidad.

Pero, de momento, mi desesperación sigue siendo ropa para otros. Neblina que envuelve a las personas. Bruma de deseo, donde todas las ilusiones se conjugan y día a día, van creciendo de espinas.

La sangre que dejo en ellas es buena señal, advertencia para el olvido. Pero la neblina es curiosa armadura, y mis trajes son harapos, trazos ajados de confianza, vergüenzas y decadencia. Debajo de ellos el pelo se cae y crece en desorden, en su orden, los dientes se extinguen, la espalda se encorva. Y ya no necesito el paso del tiempo. 
Morir, es solo cosa de no prestar atención.

Siguen por mientras los gusanos en su danza. Y poco a poco pierdo las esperanzas de poder decir lo que quiero. De encontrar cura, claridad.

Invoco el soplo infinito del viento, que arrastre todo, que se lleve a los gusanos, dejando que su seda cubra el silencio.

Aún peleo.


Y parece que la victoria esta tras el final de esta página. Después de estas palabras.
Un poco más cerca del sol.