martes, 17 de junio de 2014

Recurrente impermanencia

Ya sabes, cuando las emociones te obligan a escribir. Cuando algo gatilla en ti una reacción inevitable, un acto reflejo. Lo difícil es buscar la forma en que no se escapen los efectos, lo que hay que plasmar. 

Es una batalla contra los gusanos que salen desde su propio Samsara para asfixiar los ojos, apretar el pecho y lo que puedan agarrar del corazón, para envolver las luces que habitan entre las costillas y la piel, para hacerse nudos desde la garganta al esternón.

Y cuando los tratas de atrapar en palabras, se escabullen. Y vuelven. Vuelven a volver.
Su impermanencia es recurrente. Un juego.

Y yo me pregunto cuales son los motivos, qué provoca esto. Las penas envueltas en miedos, como hojas de parra y arroz. Y voy al árbol y voy al arrozal. Pero ahí están. Los gusanos, cálidos y luminosos gusanos, con sus nudos que no se desatar. Y sus trampas, las trampas. Que vienen de antes, de los lados; no sé si ya caí, si ya salí. Son capricho. Trampas hechas para tramposos.

Solo un hachazo a la realidad, como espada de Magno al nudo Gordiano, y así explotarían las respuestas, manchando de preguntas el cielo. La alfombra. El árbol. El arrozal.

Incurable, inquerible. Palabras que quedarían huérfanas.

Y la intranquilidad.

Pero, de momento, mi desesperación sigue siendo ropa para otros. Neblina que envuelve a las personas. Bruma de deseo, donde todas las ilusiones se conjugan y día a día, van creciendo de espinas.

La sangre que dejo en ellas es buena señal, advertencia para el olvido. Pero la neblina es curiosa armadura, y mis trajes son harapos, trazos ajados de confianza, vergüenzas y decadencia. Debajo de ellos el pelo se cae y crece en desorden, en su orden, los dientes se extinguen, la espalda se encorva. Y ya no necesito el paso del tiempo. 
Morir, es solo cosa de no prestar atención.

Siguen por mientras los gusanos en su danza. Y poco a poco pierdo las esperanzas de poder decir lo que quiero. De encontrar cura, claridad.

Invoco el soplo infinito del viento, que arrastre todo, que se lleve a los gusanos, dejando que su seda cubra el silencio.

Aún peleo.


Y parece que la victoria esta tras el final de esta página. Después de estas palabras.
Un poco más cerca del sol.

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