viernes, 30 de septiembre de 2016

Agilmente (01/10/14)

01 de Octubre 2014


Y recién me levanté raudo de mi cama estilo japonés (aka un colchón delgado en el suelo) para ir a buscar mi botella con jugo que dejé en el refri. Abrí la puerta de la pieza, crucé el living, abrí el refri y saque el jugo, todo muy "ágilmente" mientras tarareaba al ritmo de Rocky: Ta-ta,ta,ta--Ta,ta,taaa.. ¿o era la de misión imposible?, la cosa es que saqué el jugo, tomé un poco, y miré esa habitación iluminada por las luces de un árbol navideño que reposa estático junto a un maniquí vestido estilosamente, ambos apoyados contra la pared por un lado, y del otro las pocas y tenues luces de la calle, que entraban por ese ventanal grande que apunta al Monte Victoria. Estaba rodeado por sutiles luces, amables con la oscuridad. Y estando entre la espada y la pared, me di cuenta que estaba en mi departamento en Wellington, yendo a buscar jugo a la una de la mañana, jugando feliz, y mirando una ciudad que podría ser extraña, pero no lo era. Estaba en el mundo. 
Por un momento abrí de nuevo los ojos que ya tenía abiertos. Y todo vino a mi. Confluyó, confluí, ¿confluyendo?, en entender ese segundo y su vértigo.
Así procedí a respirar profundo, como sacando una foto con el alma, tomé un poco más del jugo, volví a tararear y me devolví -ágilmente- a mi cama japonesa.

martes, 27 de septiembre de 2016

Lunes

(28 Septiembre 2015)

Lunes.
Los lunes siempre implicaron para mi lo que probablemente implican para ti. Partieron con el colegio, después en la universidad y de ahí en el trabajo. Siempre fueron el punto de partida, ese temblor en el descanso, la premonición del estrés, el miedo al fracaso. Lunes.

Por eso, cuando cambié el dinero por tiempo, cuando di vuelta mi mundo, decidí hacer algo al respecto, decidí perdonarlos, perdonarlo. Lunes.
Así fue que empecé a planificar la mayoría de mis viajes en estos días; cada vez que podía una nueva aventura, un nuevo país, una nueva ciudad aparecía con él. Lunes.

Hoy, en este día que se extingüe, visité Auschwitz. Lunes.

Y ya no lo perdono. No, ya no hay nada que perdonar. No somos amigos ni enemigos, hoy los dos lloramos. Hoy los dos recordamos, también, esa tierra que nos juntó. Y en cada atrocidad, en cada golpe directo al pecho, en los zapatitos de niños, en las toneladas de cabello humano, en los rieles del tren, en el camino hacia las camaras de gas, se resentía la herida de mi país, de sus torturas, de sus matanzas. Porque en algún punto toda la miseria del hombre se encuentra, se hace una, aprieta el corazón, estrangula el alma. Lunes.

"Arbeit Macht Frei", el trabajo te hará libre, era la irónica frase que colgaba a la entrada del campo de concentración y exterminio. Así mismo, igual de cruel, cuelga sobre este día. Lunes.

Espero. Anhelo, que pronto veremos claramente tras la superficie del horror, y entenderemos que ahí aún se esconde un fondo económico, las lógicas de eficiencia y eficacia, una razón que aún perdura, que aún sigue, que aún mata y que aún no enfrentamos. Una razón que también encadena el cuello las manos y las piernas de este día, que quiere otro color, este día que quizás se rebele, conmigo, con nosotros. Éste día que vi llorarnos. Lunes.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Aún espero el bus

24 septiembre 2014

Dos cosas sin relación aparente, que fusionadas, provoquen una explosión emocional.
Una reacción en cadena que.. ¿cree más energía?, ¿se podría?

No sé como lo sé. Pero lo viví.
Las palabras se emanciparon de la termodinámica.


Siempre quise adivinar la alquimia
Unir planetas con algodón
Y vestirme bien
Una polera blanca, unos jeans. Inercia en los bolsillos.
Antimateria en los ojos
Fuego y polvo, cenizas en los labios.
Las probabilidades descansando en la solapa
Enzimas, vulvas y axiomas en un ramillete
Para pasear sin que el amor sospechara
Una traición

Quería construir un pueblo
de microbios
y estrellas

Y esconderme allí

Pero aún espero el bus
que me llevará al tiempo
dónde todo confluye

Donde podía alzar las manos y agarrar las esencias
moldear las formas
encender los sueños
como pequeños truenos y rayos
entrelazados
brotando a raudales en las palmas
iluminando los dedos
la habitación
el mundo

Con el vértigo
amable vértigo
acariciándose a espaldas de la perspectiva
haciendo girar todo
sutilmente, con violencia
armónicamente
como el caos

Y una sonrisa
Y una sonrisa.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Como en (Like in) Wellington

21 sept 2014 - Como en (Like in) Wellington

La felicidad de dejarse llevar por el viento. Dejarse empujar y luchar también -resistir-, pero jugando, tal como se entretienen cachorros leones de una misma camada.

Y reír, y gritar. Y volar.

Buscaba hace noches palabras para ensamblar poesía, como andamios y escaleras, como recetas e ingredientes.

Jugar es poesía.

Darse cuenta que no se necesita más, que te están moviendo. Que vives y estás completo, porque te remecen y sientes todo lo que llevas dentro.

Y caminar, y mirar. Y volar.

La vida es poesía
Cuando hay viento

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(English)
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The happiness of let yourself go by the wind. Let you to be pushed and fight too -resist-, but playing, just like the young lions, of the same litter, entertain themselves.
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And laugh, and scream. And Fly.
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Nights ago I was looking words to assemble poetry, like scaffolds and ladders, like recipes and ingredients.
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To play is poetry.
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And realize that you don’t need more, that you’re being moved. That you live and are complete, because you’re being shaken up and feel everything that you carry inside.
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And walk, and look. And Fly.
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Life is poetry.
When there’s wind.