Lunes.
Los lunes siempre implicaron para mi lo que probablemente implican para ti. Partieron con el colegio, después en la universidad y de ahí en el trabajo. Siempre fueron el punto de partida, ese temblor en el descanso, la premonición del estrés, el miedo al fracaso. Lunes.
Por eso, cuando cambié el dinero por tiempo, cuando di vuelta mi mundo, decidí hacer algo al respecto, decidí perdonarlos, perdonarlo. Lunes.
Así fue que empecé a planificar la mayoría de mis viajes en estos días;
cada vez que podía una nueva aventura, un nuevo país, una nueva ciudad
aparecía con él. Lunes.
Hoy, en este día que se extingüe, visité Auschwitz. Lunes.
Y ya no lo perdono. No, ya no hay nada que perdonar. No somos amigos ni enemigos, hoy los dos lloramos. Hoy los dos recordamos, también, esa tierra que nos juntó. Y en cada atrocidad, en cada golpe directo al pecho, en los zapatitos de niños, en las toneladas de cabello humano, en los rieles del tren, en el camino hacia las camaras de gas, se resentía la herida de mi país, de sus torturas, de sus matanzas. Porque en algún punto toda la miseria del hombre se encuentra, se hace una, aprieta el corazón, estrangula el alma. Lunes.
"Arbeit Macht Frei", el trabajo te hará libre, era la irónica frase que colgaba a la entrada del campo de concentración y exterminio. Así mismo, igual de cruel, cuelga sobre este día. Lunes.
Espero. Anhelo, que pronto veremos claramente tras la superficie del horror, y entenderemos que ahí aún se esconde un fondo económico, las lógicas de eficiencia y eficacia, una razón que aún perdura, que aún sigue, que aún mata y que aún no enfrentamos. Una razón que también encadena el cuello las manos y las piernas de este día, que quiere otro color, este día que quizás se rebele, conmigo, con nosotros. Éste día que vi llorarnos. Lunes.
Hoy, en este día que se extingüe, visité Auschwitz. Lunes.
Y ya no lo perdono. No, ya no hay nada que perdonar. No somos amigos ni enemigos, hoy los dos lloramos. Hoy los dos recordamos, también, esa tierra que nos juntó. Y en cada atrocidad, en cada golpe directo al pecho, en los zapatitos de niños, en las toneladas de cabello humano, en los rieles del tren, en el camino hacia las camaras de gas, se resentía la herida de mi país, de sus torturas, de sus matanzas. Porque en algún punto toda la miseria del hombre se encuentra, se hace una, aprieta el corazón, estrangula el alma. Lunes.
"Arbeit Macht Frei", el trabajo te hará libre, era la irónica frase que colgaba a la entrada del campo de concentración y exterminio. Así mismo, igual de cruel, cuelga sobre este día. Lunes.
Espero. Anhelo, que pronto veremos claramente tras la superficie del horror, y entenderemos que ahí aún se esconde un fondo económico, las lógicas de eficiencia y eficacia, una razón que aún perdura, que aún sigue, que aún mata y que aún no enfrentamos. Una razón que también encadena el cuello las manos y las piernas de este día, que quiere otro color, este día que quizás se rebele, conmigo, con nosotros. Éste día que vi llorarnos. Lunes.
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