miércoles, 10 de septiembre de 2014

No soy todo lo que escribo


No soy todo lo que escribo.

Quisiera intentar afirmar categóricamente aquello.

Puede ser como pintar un cuadro, capturar una imagen, un paisaje que observamos y no nos pertenece. Y así solo lo que filtramos -lo poco que se queda en la red-, es algo que podríamos decir propio. Y aún así, discutiblemente.

Una historia emocional, dibujar un sentimiento. Ver una posibilidad y atentar por ella.

Es como decir que aunque todos los personajes del libro hayan nacido en el autor, no lo son, no son él. Y sí. Lo son. Intento.

Quizás lo esencial está en abrir la posibilidad a las dimensiones del ser y cuestionar la pertenencia como la elástica habilidad de extrapolar una supuesta presencia a cosas y consecuencias, como lo que se crea.
Y podría verse todo mas bien como las capas de una torta.  Pero más extraño, y con figuras cuánticas y cuáticas.

Otra opción, aparentemente más fácil, sería abarcar todo lo hecho y abrazarlo como una unidad. El problema ahí es lo no dicho.
Honestamente, no me gustaría que se enojara conmigo.
Y es que lo no dicho es harto, aún.

Puede ser que más fácil sea no considerarse bajo ninguna forma como alguien ni perteneciente ni propietario. Pasar como una nube que no le gusta el epíteto de neblina, flufeando por las calles.

Claro, creo que pueden haber unas opciones más, pero pronto van a cerrar la biblioteca. Y por ende se acaba el tiempo para pensar en red, el internet gratis. Y así termino con que el problema está allá, con ustedes.

Si no existieran como otros, no habría necesidad de rebanarse los sesos tratando de hilar fronteras. Si tan sólo fuésemos todas las posibilidades, esté divagar sería un poco más sencillo.

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