Me siguen sorprendiendo los hombres y mujeres, con respuestas.
Por mucho tiempo yo fingí las mías, hacia adentro y afuera. Una cosa de costumbre. Pero en el fondo siempre supe que no tenía idea.
Nunca he militado en nada, pero he participado en casi todo lo que he podido. Le he encontrado la razón a algunos en ciertos casos, a otros en los demás, y descubrí al poco andar que nadie ha sido implacable ni constantemente certero en el análisis. Tanto así que veo como hoy muchos se cuelgan desaforadamente de cualquiera que hile un poco de sentido.
Sé que la solución no es individualista, si bien nada puede dejar de pasar por el individuo. Sé que no es exógena, si bien para muchos se ve como algo más cercano a los movimientos de la naturaleza que a los de la voluntad. Pero tampoco sé si hay una solución como tal. Y así mismo, la definición del problema es compleja. Todos sabemos que es, pero a la hora de ponerlo en palabras cada uno tiene su propia forma.
Me complican las personas con respuestas. Me complica el mundo que quieren construir, saltándose las otras respuestas ajenas a las suyas y me complica no tener nada mejor ante ello que una crítica.
Tampoco me hallo con quienes se mantienen al margen, con quienes encontraron confort y comodidad en la indiferencia, ya sea por desgaste o por falta de interés. Y tampoco soy feliz viendo a los que están en la encrucijada, tratando de amparar la armonía a costa de sus nervios. Quizás más cerca de ellos me encuentro yo, en este momento de mi vida.
Pero tengo la noción, la simple noción, de que hay un problema de enfoque. Que no hay que luchar por algo, si no por el desarme. Y así permitir que múltiples opciones coexistan, exploren sus caminos. Que se tienen que auto-controlar los portadores de respuestas, no buscar la hegemonía de sus criterios y pasar a plantearse una existencia mas humilde. La realización de sus sueños con quienes los comparten.
Si todos los que quieren un cambio, en vez de pelear por su camino, por sus respuestas, lucharan por la posibilidad de abrigar múltiples posibilidades, si confiáramos en la capacidad del ser humano, que tanto nos ha asombrado -en lo dulce y agraz-, y trabajáramos para hacer de la sociedad un campo de cultivo, en vez de simplemente intentar embellecerla o reiniciarla, tal vez, todas las respuestas tendrían sentido.
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