Esperaba que siguiera sacándolo de mis ojos
y llevándolo por dos canaletas con hojas rojas
perfectamente cerradas
Seguí esperando
que el cielo
succionara lo podrido
Pero se estaba haciendo oscuro
y ya no sentía
no había movimiento tras la mirada
no había nada
que acabara con aquello rancio
que se asía, pesadamente
a las puntas de lo quebrado
a las puntas de lo quebrado
que se hizo, por las brechas de lo trizado
por la pérfida esencia que se instaló
en los huesos
que entró por las rasgaduras, los desgarros
Pasar por debajo de un puente
ya era un martirio
No ver el cielo
¿Y ahora que iba a hacer
si ya no había más ayuda
ahora que nadie, nada
aguantaba lo putrefacto que
manaba de mis ojos?
manaba de mis ojos?
Quizás no era la oscuridad
quizás el cielo se había llenado
Y una poderosa marea se ensañó con mi consciencia
la violencia, la pasión de la envidia
la fuerza de lo miserable
el vendaval del cansancio
Me arrastraron
fuerzas superiores
Me mecieron en su huracán
que no paraba de dar vueltas
me acunaron en su tormenta
poderosa, omnipresente
y se encerraron con todos los silencios
en el peso de mis labios
se acuartelaron, con todos los miedos
en la sombra de mi rostro
Y seguí
porque
No sabía como llegar
Y seguí
porque
No sabía como quedarme
Y seguí
destruyéndome
desarmándome
a cada paso
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