jueves, 12 de octubre de 2017

12 de Octubre 2017

Es hora.

Cada cierto tiempo es hora.

Producto del consumo irrefrenado de noticias, comentarios, hechos, historias, opiniones, ataques, gritos de ayuda, críticas, quejas. Redes.

Cada cierto tiempo, llega a ser hora.

Y me siento acá, al frente, dónde en un momento todo el caos se diluye y concentra, hasta quedar tan solo como una presión semi-inconsciente, hasta hacerse puño y roca, que cargan desde el fondo de la nuca hacia la corteza frontal.

Pero no pasan. Mantienen su distancia ante el blanco. Ante el intento exasperado de expresar. Se asustan. Yo respiro su miedo, y avanzo, decidido a despedazarlos.

Terminada la faena, miro por la ventana. Miro por la reja, miro por las ramas, miro por el tiempo.

Y ya existe la posibilidad de dejar la mente en blanco.

Es la sangre derramada de las ideas, que ya no me preocupo de formar
Es la sangre derramada de la necesidad de respuestas, que he dejado de buscar
Es la sangre derramada de la abrumadora y desesperante abundancia de lo útil y lo inútil, que he logrado callar
El bálsamo que cubre el frágil momento.

El quiebre es inminente, pero el recuerdo sirve para no perder el comienzo. Basta, para no perder el comienzo.

Y temeroso el puño se abre, la roca cae y se rompe, los dedos se expanden, y brota de la palma en el silencio uno, dos conceptos. Y soy dueño de nuevo, de mirar, de volver a ver el mundo más allá, y sin ahogar, del mundo que hay adentro, que hay acá.

Cada cierto tiempo es hora. Llega a ser hora, de volver a ser. 
De crear una, dos o una, tres o una verdad.

Cada cierto tiempo, llega a ser hora. 


Cada cierto tiempo, llegamos a ser ahora.



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