Nadie escoge quien se preocupa por ellos, por uno. A veces pasa. A veces no.
Entonces debería escribir. Pero la música hace que se encierre lo que pienso adentro de la muralla de una ciudad, en el centro de una ciudad antigua. Y afuera del muro queda lo que pensé 5 minutos atrás, lo que había ideado, lo que quería decir.
Y me gustaría no necesitarla, necesitarlas. Y me daría cuenta que no lo necesito, los necesito, tampoco. Y hablaríamos de misantropía. Pero está la música.
Nunca me gustaron los juegos en los que no se podía grabar. Toda mi vida he necesitado más de muchas oportunidades para fallar, para no fallar, para hacer lo normal, para ganar. No hay victoria, solo un paso más escalonado del tiempo. El fin es inevitable, no siempre. En la vida me tomo el tiempo y evito. Busco el botón para guardar. Espero la muerte.
El descontrol viene desde dentro, es tan obvio que no vale la pena decirlo. Me gustaría no tener que decir nada.
Debería publicarla antes de que caigan los pedazos de vidrio en los rostros. En mi rostro. No se va a entender.
No te puedo ofrecer lo que imagino que quieres. Que es lo que quisiera que quisieras. Que es lo que me gustaría poder ofrecer. Que es lo que quisiera que sucediera. No te puedo ofrecer mi mundo.
Debería apagar la luz.
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