Bilis.
Busco incesantemente distractores. Demás está decir Facebook, Whatsapp, Tinder, Telegram, Instagram, busco y busco a ver si hay alguna acción nueva, algo, para evitar.
Aún así la palabra flotaba. Quería ser escrita, narrada, quería sobrevivir la ola, agarrar aire, quería vivir sin vivir, existir. Condensar todo, no. Abrir la senda. Quería decir algo, la palabra quería decir algo.
No es todo lo que tengo, pero poéticamente podría decir que es todo lo que tengo y no sería tan alejado de alguna realidad, verdades. Todo lo que tengo es bilis.
No puedo apreciar la poesía, el arte, las columnas, los éxitos de nadie. No me alegro. Por nadie. Solo me sale la empatía de la miseria, la envidia, los análisis fríos, las visiones morales. La risa inevitable. Pero la gravedad arrastra todo lo demás hasta antes de la piel. La densidad, ya casi nace el hoyo negro en el corazón.
No puedo hacer nada, estoy lisiado, de mente, de alma. Quebrado y los huesos se unieron enchuecados. Odio mi trabajo, y odiaría más no tener alguno. O tener otro. Odio mi vida, y odio más la que dejé hace unos meses atrás. Odio escribir sobre esto, y no tener una buena idea, una buena historia para contar.
Sigo buscando algo, para evitar.
Y sólo genero bilis. Siento su sabor. Y las ganas de rasgar mi rostro. Despedazar la decadencia.
No hay final.
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