Ya no tengo tiempo para escribir algo, pienso mientras lo hago. Ahora. Y sigo.
Son 14 años, quizás más. Y actúo como si fuera nada, pienso que no es nada, y aun así escribo.
Ayer me dormí no pensando en ello.
Y hoy pasé el día, medio vivo, medio muerto; como podría ser cualquier día de cesantía, prácticamente sin pensar en ello.
¿Que hay de mi?, ¿que no quiero ver; que hay por enfrentar, que enfrentaré?. Ah, y los lugares de la culpa. Afuera o adentro. Afuera y adentro.
Sigo sin tener tiempo, cada vez menos, y sigo con cara de poker ante el día. Ante los años. Ante tantas cosas que no alcanzo a enumerar.
Me esperan los nudos, o los causes. Vaya a saber uno. Quizás solo los cruces, las paralelas líneas de los caminos distantes.
Son solo 14 años, o más. No llevo la cuenta. Y ahora no tengo tiempo porque atraso su final.
Voy allá, con el semblante irrelevante del cualquiera, la camisa azul floreada, los pantalones negros y las únicas zapatillas al borde de la extinción. Voy con algunas historias que levantan mi mirada y un par de cicatrices a las que ya tanto no temo. Voy con una vida en constante refacción, pero hecha.
Voy, y son mis decisiones las que me esperan en el aeropuerto.
Voy allá, con el semblante irrelevante del cualquiera, la camisa azul floreada, los pantalones negros y las únicas zapatillas al borde de la extinción. Voy con algunas historias que levantan mi mirada y un par de cicatrices a las que ya tanto no temo. Voy con una vida en constante refacción, pero hecha.
Voy, y son mis decisiones las que me esperan en el aeropuerto.
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