sábado, 3 de diciembre de 2016
3 de diciembre 2016
Escucha canciones tristes en francés, que poco y nada entiende, mirando hacia afuera, sentado al frente de la ventana, media abierta. Empieza a correr viento.
Quería escribir algo interesante, pero ya es tarde. Su joven vecina ha cruzado el pasillo que va de la puerta de su casa hacia la reja, con dos amigas parten a la noche. No lo ven, pero hacen manifiesto en el peso de su andar que lo saben todo, de su fracaso. Él se come unas palabras.
Es claro que esta noche no logrará nada. Quería hablar de lo volátil que se hace la pena cuando se transforma en rabia, liviana. Y la rabia, tan sencilla como un cuchillo o una úlcera.
Quería hablar de las flores que flotaban en el pequeño flequillo de la reja a la entrada, rincón olvidado e inservible. Quería intensamente decir que flotaban, insistir una y otra vez en que flotaban. Y jugar con palabras con las flores con la telaraña.
Quería explicar que tan roto estaba por dentro, que era incapaz de algo normal. Algo, que siempre se iba a terminar decantando por las grietas. Algo, que era incapaz, también, de dejar de esperar.
Y el viento se recordó salvaje. Abrió la ventana de golpe, botó un vaso, cayeron las cosas, dulces, hilos, y él pensó que no debería haber escrito y lo borró todo. Creyó que el viento había hablado. Y se sintió superior. Y se vio ridículo. Y volvió a la superstición. Sintió que en el fondo, tan sólo algo malo podría pasar.
Volvió en sí. Seguía roto. Con cosas que no diría, con algo de frío. Con las manos pesadas y el cuello encorvado, caído. La mirada rendida. Cerró un poco la ventana, hasta dejarla medio abierta una vez más.
Recordó que podría haber parado, haber entrado a una oportunidad, una casa abierta, gente alegre. Pero sintió que sus huesos se habían exprimido hacía adentro, y desde la médula todo había sido succionado hasta tragarse a sí misma.Sintió que se había chupado la sustancia que pudiera sostener los átomos que conforman la dignidad.Sintió que todo había ido a parar a un vacío que se escapaba con el universo. Recordó, que necesitaba lo que no podía tolerar.
Así que siguió su camino y terminó en su presente.
Aún escucha canciones tristes en francés, que poco y nada entiende. Y mira hacia afuera de la ventana, media abierta.
-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario