domingo, 5 de junio de 2016

Las canciones que volveré a escuchar sin fin

Escuchar sin fin las mismas canciones, escribir de madrugada para arrepentirme en la mañana, viejos hábitos.

Mientras, en mi cama, en mi pieza, bajo la luz de esa ampolleta desnuda, entre las maderas apiladas, la bicicleta sin usar, el carro de feria con solo una rueda, la basura en el suelo y los platos sin lavar, la estufa mala, la pelota desinflada, la ropa sucia, la cortina que no cubre toda la ventana, las blancas murallas y tras tantos otros pedazos de cosas que me son profundamente ajenas, se hace notorio. Hubo una prueba que no pasé.

Hubo una gran prueba. No la pasé. Y espero a que llegue el viento que arrase con los rezagados. Conmigo.

Armando Uribe decía que nació muerto y después se aburrió de estarlo. Le creo. Yo morí de aburrimiento, víctima del exitismo, víctima de mi mismo. Y aquí queda el cascarón, que espero que el viento esfume.

¿Cuánto del frío llega al corazón?

No quiero terminar, aún tengo fe en algún milagro, en cierta chispa de belleza. Soy débil ante ella. Tanto que lo puedo olvidar todo solo por la promesa de su sombra. Una sombra. Una genialidad, una sorpresa. Una explosión que cambie todos los criterios de lugar.

Pero me alcanza el sueño y vuelvo a esperar el viento que me libre del mañana, que sé vendrá, con mis resquemores, mi arrepentimiento. Y las canciones que volveré a escuchar sin fin.

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