Juntar palabras, hilarlas con astucia. Que la forma sea algo sorprendente, algo que haga sentido. ¿Y después qué?
Correr.
Que estén de acuerdo contigo. Que te feliciten, que te paguen, que te sigan, que te amen.
Correr.
Que pasen de largo, como has pasado de largo. Sacar tibios aplausos, si es que. Aparecer por unos segundos, volver a caer.
Correr.
Un eco, una persona, alguien que lleve todo más allá.
Correr.
El silencio profundo, que no las vuelvas a ver. El cansancio tras el final que hace querer un nunca más.
Correr.
La luz fugaz, la tibieza invernal. Falsa y endeble, a la que uno se aferra con desespero. Buenas palabras a medias tintas.
Y correr.
Pero no sé a dónde. No he vivido la mitad de lo que quisiera y aún así más de lo que soñaba, y ya no sé dónde correr.
Volveré. Y huiré otra vez.
El tiempo me ha hecho presa fácil
cansado y lejano a los trucos
que me podrían hacer llegar a algún lugar
Pero volveré, aunque sea a la nada. Y huiré otra vez.
Volveré. Y huiré.
Y quizás, entre tanto y tanto,
camine en vez de correr.
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