saciarse con el amor del universo escondido en cada bocanada de aire
Calmar la mente,
contándole una buena historia
Conquistar el miedo,
hasta que el mayor estrés sea decidir dónde será la siguiente aventura
Hacerle caso a la voz que te pertenece, que te quiere,
perdonar a las otras que resuenan adentro
-Con suerte te olvidan; con suerte se divierten entre ellas-
Caminar cuando se quiera, conocer cuando se quiera, recorrer cuando se quiera, descansar cuando se quiera.
Trabajar cuando se necesite, con una sonrisa. Con paciencia.
Ser simple. Y disfrutar de lo complejo como un puzzle, como un nudo a desarmar.
Tratar de no hacer daño. Tratar de ayudar un poco. Desinflar el ego, adelgazar con acciones -aunque sean pequeñas- el peso de la conciencia, el pecado inicial de un mundo injusto.
No es la senda perfecta, no es la vida inmaculada.
Son solo intentos de algo bonito que contar a los nietos,
intentos que a veces resultan.
Como estos días.
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