El peligro de las letras. Desollar al vivo dejando la piel intacta. Despojándole de los mundanos abrigos contra el tiempo, para dejarle arrastrando jirones. ¿De qué?, quizás de alma, quizás de alma.
A boca de jarro los lamentos le escupen a los ojos. Y como la saliva de a quien se ama, transmuta su quisquillosa consciencia, la otrora grosera existencia, por intimidad.
Conexiones más allá de la métrica. La cuarta dimensión, la espera. Todo recae en una mano, una mano que busca un hombro. Un hombro que la espera. Un viento de campos de maiz.
Cerrar los ojos, acomodarse entre el frío. Omitir los gritos en la alcantarilla. Los pasos rápidos en la escalera, el peso del sueño. El casco de metal onirico que clava los intentos más allá de la realidad.
Son los peligros de las letras. No saber donde irás a parar.
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