lunes, 5 de enero de 2015

Las manos en un nudo

Vamos a meter las manos en un nudo. Hagámoslo. Para calmarlas, calentarlas, distraerlas.

Hagámoslo, nosotros, lo que queda del vacío que desborda de los átomos.
Vamos a meter las manos, con lo que tenga opción alguna, cualquiera, de ignorar certezas.

Raspémonos la piel, cuando la haya. Apretemos con mana, agarremos con la sangre, retorzamos los nervios. El grito en silencio. Que no nos pidan un sentido. Que no esperen.

Y volver a las explosiones una y otra vez. Que no engañe el ruido.

Tampoco más.

Borro y borro yos. Vos. Sobran tanto. Tantos. Parte de un arte bruto, brutal. Idiota. Que no llega. Pero depende tanto de una buena canción, que me hace volver a lo mismo, lo ajeno de todo - que quería ocultar.

¿Como escapar de lo que quiero decir?

Atarse. amarrarse con la cuerda. Ser nudo. Dolor de espalda. Épica.

Mítico desencanto. Nacer de la satisfacción de un segundo perdido en la mitad de una mente. Del alivio de rebelarse ante la necesidad de rellenar ausencias. Del trabajo arduo de los dedos, que destrozan, desvanecen, el cuerpo lentamente.

Ligeramente más despacio que la vida.


¿Cómo?


Meterse en una trampa para olvidar otra.
No, para abrigarse.

Y meter las manos en un nudo.

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