Im-pulsos. De decir que eso de que el orgullo impide ser feliz, no es tan así: que no hay nada asegurado, aunque te comas las palabras, aunque no pienses en ti.
De decir que a veces cambia la piel, pero las manchas y las grietas se mantienen ahí, donde nace y muere lo que no se quiso sentir.
Que quienes piden que se cuestionen los privilegios ajenos, a los propios los han dejado vivir.
Que no basta la tragedia, que le sobra camino al error, que la vida de los tormentos requiere tan sólo un par de neuronas y una mala conexión.
Im-pulsos. De decir. De crear, hacer y dejar de esperar, como palabras amarradas por una consecuencia racional, real.
Pero se asoma el horizonte, siempre igual. Cada vez un poco más cercano al fin. Siempre igual.
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